Páginas

30.12.13

El "Manifiesto Neoliberal" de Charles Peters

En el «18 Brumario de Napoleón Bonaparte» afirma Marx, en el que sería uno de sus reproches más ácidos, que «Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa». Y es de farsas de lo que pretendo hablar aquí.

En 1848 un pequeño texto era dado a imprenta, sus autores eran Karl Marx y Friedrich Engels, llevaba por título «Manifiesto del Partido Comunista» aunque, pese a todo, quedó para la historia con el título de «Manifiesto Comunista», es decir, de todos los comunismos, se entiende. Dejó así de ser un texto circunstancial y se convirtió en un manifiesto de alcance universal; quien desee la emancipación, quien la desee desde una perspectiva comunista, sea eso lo que sea, pasará inevitablemente por estas breves páginas – así quedó grabado, así se insinuó con el título popular que apisonó su auténtico título. En aquel entonces el texto fue encargado por la Liga de los Comunistas que había modificado su nombre –antes se denominó la Liga de los Jutos– posiblemente, en previsión de que un siglo y medio después sonarían a algo así como un grupo de superheroes de Marvel que se unen para luchar contra el maligno. El fondo del asunto, con todo el tiempo transcurrido, sigue siendo el mismo.

Un Manifiesto, éste del que hablo, no podía sino engendrar una y otra vez las respectivas farsas, sus respectivas farsas. Manifiestos los hay para llenar bibliotecas, manifiestos de inspiración fundadora, originaria, con mayor o menor primacía (¿qué es eso?), siempre preñados de pretensiones. Nadie que quiera modificar algo en este planeta, más aún si quiere modificarlo desde la insignificancia, nadie que se precie, está a salvo de terminar componiendo un manifiesto; nadie está a salvo, tampoco, de ingresar con él en el panteón de lo ridículo. Y en ese panteón tiene un puesto muy particular Charles Peters.

Charles Peters, periodista de esos que meten sus zarpas con placer en el poder, trabajaba para el Washington Monthly un infausto día de mayo de 1983. Allí publicaba ese día sus escupitajos personales y, sin saberlo, de la forma más absurda, terminaba por hacer de aquel día el día en que vio la luz el «Manifiesto neoliberal»: un conjunto de reflexiones que habrían, para mal, de pasar a la historia. Es justamente éste texto el que pretendo esbozar brevemente.

22.12.13

Leszek Kolakowski, a cabezazos contra el marxismo (Reseña de: "Principales corrientes del marxismo")

Conocemos a Leszek Kolakowski por muchas cosas, siempre diferentes: los polacos por ser el filósofo más importante que han dado en el siglo pasado, siempre discutible, algún fenomenólogo lo conocerá como autor menor, lo mismo sucederá con teólogos, sociólogos, y así se puede decir de casi todas las ramas del pensamiento contemporáneo, siempre tuvo algo que decir; largo, poco profundo y, a veces, mal, pero lo dijo. Y, sin embargo, al morirse todos lo recordaron por sus ataques al sistema político del bloque comunista. El Telegraph, por ejemplo, en su obituario lo tenía bien claro. En la entradilla no lo presentan como alguien que se movió en amplios terrenos del pensamiento, ni desde sus obras, sino como un "marxista ortodoxo" que evolucionó, como debe ser (pensará el periodista), hacia un "marxismo humanista", nótese el ligero cambio –ya la cosa va pintando más humana–, y de ahí terminó por decidirse hacia "lo que debe ser" y se convirtió en un radical crítico del comunismo. Por comunismo siempre se entienden las tiranías del este de Europa, de la Rusia convertida en Imperio del quinquenio. Con todo, y esto no deja de ser curioso, en las citas que toma este mismo periódico se hace claro que Kolakowski murió teniendo algo de marxista, para más señas, de pensador que aboga por la dialéctica como modo de entender las cosas. No de otra forma se puede entender la afirmación que se recoge en el artículo: «No creo que la cultural humana pueda alcanzar alguna vez una síntesis perfecta de sus diversos e incompatibles componentes. Su inmensa riqueza está apoyada por su la absoluta incompatibilidad de sus ingredientes y es el conflicto de valores más que su armonía lo que mantiene vive nuestra cultura». Por suerte, Kolakowski no se dejó tentar por los cantos de sirena del consensualismo que venía imperando en las últimas décadas de su vida, o eso parece. También el resto de la prensa lo vio claro el día de su muerte. Para The Economist «con paciencia y de manera excepcional destruyó los pilares del pensamiento marxista», y atención al asunto, porque ahora el diario enumera lo destruido, que no es poca cosa: «la teoría del valor-trabajo, la idea de la lucha de clases, el materialismo histórico y demás [and the like]». Esta última expresión es aún más inquietante que el ímprobo trabajo que le asignan al autor; destruyó eso, que en gran medida es como decir todo el marxismo y, para colmo, también lo demás que, se supone, ya caería por sí mismo. El diario socialdemócrata español El País aún lo ve más claro: «Leszek Kolakowski, el filósofo que trituró el marxismo», él solo, se entiende. Como era previsible los socialistas son los primeros en mostrar todo entusiasmo ante los males de cualquier alternativa al capitalismo, en este caso el diario progresista no duda en usar toda suerte de pirotecnia y, en el fondo, insinuar que un pensador menor se convierte en alguien de primerísimo nivel, un triturador –y no de cualquier cosa– capaz de finiquitar una de las líneas de pensamiento más complejas, ricas y sólidas que se conocen. ¿Podemos imaginarnos algo así como «Fulanito –póngase aquí un pensador de segunda categoría–, el filósofo que destruyó el hegelianismo», así, sin tonterías.


25.6.13

NOTAS DE LECTURA. CRUZ, J.: FILOSOFÍA DE LA HISTORIA. EL DEBATE SOBRE EL HISTORICISMO Y OTROS PROBLEMAS MAYORES, Barcelona, Paidós, 1991. ( IV )

6. LA FILOSOFÍA POPPERIANA DE LA HISTORIA

1. La definición que le da Popper al historicismo: «Entiendo por «historicismo» un punto de vista sobre las ciencias sociales que supone que la predicción histórica es el fin principal de ésta, y que supone que este fin es alcanzable por medio del descubrimiento de los «ritmos» o los «modelos» de las «leyes» o las «tendencias» que yacen bajo la evolución de la historia.» (K. Popper: Miseria del historicismo, Madrid, Alianza-Taurus, 1973, p. 17.) p. 108.

2. Lo que para Popper es la principal fuente de errores y malentendidos en el historicismo dialéctico: «...Popper puede ya enfrentarse con lo que, a su juicio, constituye la principal fuente de malentendidos y confusiones, que no es otra que la «manera vaga en que los dialécticos hablan de las contradicciones». Las contradicciones, en efecto, son de la mayor importancia en la historia del pensamiento, pues la critica consiste invariablemente en señalar alguna contradicción, pero ello no autoriza a concluir, como hacen los dialécticos, que no es necesario evitar esas fértiles contradicciones, ni, menos aun, a afirmar que «no es posible evitar las contradicciones, ya que surgen en todas partes». El siguiente paso , si se acepta esta premisa, es proponer una nueva lógica, la lógica dialéctica, en la que no tenga cabida el viejo principio de no-contradicción de la lógica clásica.
Pero tales pretensiones carecen de todo fundamento, son solo «una manera vaga y brumosa de hablar». Desde la perspectiva popperiana, lo fecundo no son las contradicciones en sí mismas, sino la voluntad de eliminarlas; «si estamos dispuestos a aceptar las contradicciones, se extinguirá la crítica, y, con ella, todo progreso intelectual». Es más, si aceptamos las contradicciones, entonces hay que abordar toda actividad científica, ya que de un conjunto de proposiciones contradictorias se puede deducir válidamente cualquier otra proposición, y más concretamente se pueden deducir todas las negaciones de los enunciados de un sistema científico, y así se terminaría por no establecer ningún enunciado.» p. 110-111.

NOTAS DE LECTURA. CRUZ, J.: FILOSOFÍA DE LA HISTORIA. EL DEBATE SOBRE EL HISTORICISMO Y OTROS PROBLEMAS MAYORES, Barcelona, Paidós, 1991. ( III )

4. EN LOS ORÍGENES DEL MARXISMO COMO DOCTRINA

1. El tránsito de lo marxisno a lo marxista: «... la desaparición fisica de Marx supone la transición de lo marxiano a lo marxista. El marxismo va a encontrar en Engels a su principal representante y divulgador, con todos los riesgos que ello implica.» p. 92.

2. La importancia del Anti-Dühring de Engels: «Hay que reconocer que ningún libro, después de El Capital, ha hecho tanto como el Anti-Dühring en favor de la difusión del marxismo en tanto que método y concepción del mundo. Todos los jóvenes marxistas (Bernstein, Kautsky, Plejánov) que hicieron sus primeras armas entre 1880 y 1885 se formaron a partir de esta obra». p. 94.

17.6.13

Reseña: "Confesiones de una máscara" de Yukio Mishima



«Confesiones de una máscara» ya nos deja caer en su título el núcleo en torno al cual se teje el desarrollo de la obra; es, con todas, una obra que trata de frente el asunto de la identidad personal y, aún con mayor énfasis, cómo ésta se desarrolla a la par que los acontecimientos, incontrolables, inconmensurables, van estableciendo los surcos en torno a los cuales circula la existencia.

B., inicial que usa el autor para dar cuenta del narrador y protagonista, se da de bruces, bien temprano, con algunos rasgos de su identidad que le desconciertan. En el texto no se da cuenta de ninguna manera de la génesis de estos rasgos, sino que los presenta como apareciéndose, espontáneamente y sin mayores explicaciones, a la vez que un joven porteador de excrementos irrumpe ante los ojos del protagonista, aún niño. Allí descubre algo que, inexplicadamente como decía, estaba ya allí; su atracción irrefrenable por las formas del cuerpo masculino, no cualquier cuerpo, sino aquel que refleja, de manera más acabada, su modo de concebir la virilidad. Frente a esta atracción o, mejor, conviviendo permanentemente con esta atracción se narra, narra el aterido protagonista, su desarrollo juvenil: desde su niñez hasta su madurez a la vez que, paradójicamente, ve crecer su cuerpo justo en el sentido totalmente contrario al anhelado; su fragilidad enfrentada a sus deseos, aquello que le atrae es la antítesis de lo que la naturaleza va haciendo con su materia. La debilidad de B. contrasta una y otra vez con la fuerte atracción que siente hacia la fortaleza viril; primero de aquel que transportaba inmundicias, luego de sus compañeros de pupitre, de los más díscolos entre sus conocidos, pero también de las figuras que, desde el pasado, reflejan estas formas de heroica fortaleza, ajena a todo peligro, y siempre dispuesta para la muerte. Esta atracción contrasta con el descubrimiento de la sexualidad, del cuerpo, incluso, con el intento de compatibilizar su atracción por los varones con los primeros escarceos amorosos con una amiga; confundiéndose los límites entre el amor y la pasión y cuestionando con ello si es posible que crezca el amor de pareja allí donde la pasión no puede darse. El veredicto del autor es claro.

«Confesiones de una máscara» fue la primera gran obra de Mishima y la que le granjeó un reconocimiento internacional. Con claros tintes autobiográficos muchos de los episodios narrados coinciden con la vida del autor japonés. Quizá por esta referencia a su propia persona la obra se caracteriza por una particular penetración en la psicología del B., quien en todo momento narra en primera persona sus propios avatares introduciendo, por aquí y por allá, pero sin resultar cargante reflexiones que acompañan a los acontecimientos. Con todo, la obra no es angustiosa, ni B. se enfrenta traumáticamente a sus tendencias, como hubiera sido propio de una perspectiva tosca y entregada a las facilidades de lo tópico, y, pese a chocar de frente con la moral tradicional japonesa, el autor tiene la delicadeza de no entrar en análisis estúpidos relativos a la moral sexual.

Enlaces:




9.6.13

NOTAS DE LECTURA. CRUZ, J.: FILOSOFÍA DE LA HISTORIA. EL DEBATE SOBRE EL HISTORICISMO Y OTROS PROBLEMAS MAYORES, Barcelona, Paidós, 1991. ( II )

4. LA EDAD DE ORO DE LA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA

1. Distinción entre método y sistema en la filosofía de Hegel por parte de la izquierda hegeliana: «La distinción entre método y sistema en la filosofía hegeliana pertenece a Engels. Aparece por vez primera en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana acompañada de la valoración correspondiente: el método (la dialéctica) es revolucionario, el sistema (el idealismo) es conservador. A la dialéctica de Hegel se le considera progresista porque concibe toda cosa como caduca, como destinada a perecer. El sistema hegeliano, por el contrario, «cierra la historia», y esto sería justamente, piensa Engels, lo que explicaría los resultados a los que llega Hegel ( «Las necesidades internas del sistema alcanzan a explicar la deducción de una conclusión política extremadamente tímida por medio de un método discursivo absolutamente revolucionario»). Es necesario, pues, liberar el método revolucionario de sus elementos conservadores; la dialéctica debe escapar de la prisión del sistema y ser aplicada a contenidos nuevos.» p. 64.

2. La introducción de los motivos en la historia: «El hemisferio que aquí nos interesa, el de la inteligibilidad histórica, puede ser caracterizado por un doble rasgo: es en primer lugar, aprehensión de la realidad histórico-social en lo que tiene de singular o de individual y, en segundo, los objetos que analiza son actos o instituciones guiados por intenciones, lo que supone sustituir el orden de las causas eficientes operante en la esfera del conocimiento natural por el de los motivos, orden intrínsecamente teleológico y de una complicación infinita en comparación con aquél.» p. 68.

NOTAS DE LECTURA. CRUZ, J.: FILOSOFÍA DE LA HISTORIA. EL DEBATE SOBRE EL HISTORICISMO Y OTROS PROBLEMAS MAYORES, Barcelona, Paidós, 1991. ( I )

CRUZ, MANUEL: FILOSOFÍA DE LA HISTORIA. EL DEBATE SOBRE EL HISTORICISMO Y OTROS PROBLEMAS MAYORES, Barcelona, Paidós, 1991.

INDICE

1. Introducción: el presente respira historia
2. El historicismo como malentendido
3. Breve apunte sobre algunos clásicos
4. La edad de oro de la filosofía de la historia
5. La filosofía popperiana de la historia
6. ¿Es posible una ciencia de la historia?
7. Sobre la dificultad de (no) ser marxista
8. El tiempo insoslayable (a propósito de Ricoeur)
9. Epílogo: Reconsideración a la baja del sujeto

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

2. EL HISTORICISMO COMO MALENTENDIDO

1. Las tres definiciones de historicismo: «Ha habido quien ha intentado disolver el equívoco proponiendo una distinción entre tres significados fundamentales. «Historicismo» vendría a ser una determinada praxis de la ciencia, es decir, un complejo de convenciones y normas de acuerdo con las cuales se lleva a cabo el tratamiento científico de la historia. «Historicismo» designaría una forma de pensamiento, opuesta al «pensamiento sistemático», que sostiene un total relativismo histórico en el ámbito del conocimiento y la moral. «Historicismo» caracterizaría el proceso de la historización fundamental de todo nuestro pensamiento acerca del hombre, su cultura y sus valores, es decir, equivaldría a la capacidad para comprender la dimensión histórica de los fenómenos (pensamiento histórico). Siendo útil, la distinción de K. Heussi (Die Krisis der Historismus) hace pasar la forma por delante del contenido, incurre en el error de anticipar una tipología sin haber buscado la raíz de diversos usos. El procedimiento tiene que ser otro. Hay que partir de las preguntas si se quiere hacer una tipología —con sentido— de las respuestas.» p. 45.

6.6.13

Heidegger, lugarteniente de la nada.

En el artículo anterior les citaba la obra de J.J Sebreli: "Heidegger, el lugarteniente de la nada". Un breve ensayo dedicado al extenso campo de criticar a Heidegger y acusarlo de algo obvio, esto es, que era nazi y que apoyó al régimen con todas sus fuerzas. En esta labor el autor se dedica a enlazar una tras otra todas las anécdotas, algunas falsas, por cierto, sobre la vida del oscuro pensador de Selva Negra. En todo caso, aunque carece de interés filosófico, la obra puede conseguirse en internet pues su licencia es CC y, personalmente, recomiendo su lectura, apenas toma un par de horas, pues no deja de ser un ejercicio sano recordar algunos detalles de la vida y costumbres heideggerianas.

Por ello paso a enlazarles el lugar desde donde pueden descargarla: http://laeditorialpi.blogspot.com.es/2012/08/heidegger-el-lugarteniente-de-la-nada.html