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21.12.06

La busqueda de fundamento para el en-si en Sartre. ( I ).


Por todos es sabido que el "Ser y la Nada" de Sartre, esa obra que ya nadie lee porque no está de "moda", debe mucho a tres grandes autores de la filosofía moderna. Inicialmente a Hegel, luego a Husserl y, finalmente, a Heidegger. Pese a que las deudas son enormes la genialidad y la originalidad de Sartre no pueden quedar en entredicho, la primer gran obra de Sartre es, simplemente, magnífica.

De Husserl extrae el método fenomenológico, lo varías, extrae de la conciencia los noemas etc., de Heidegger extrae gran parte de su reflexión sobre el ser del hombre y motiva su reflexión en constante observación de las tesis de "Ser y tiempo", de Hegel, entre otras cosas, extrae conceptos y movimientos de la obra "Fenomenología del espíritu". Es de Hegel de donde toma los conceptos de en-sí y para-sí como constitutivos del ser humano.

El en-sí es la materia en sentido bruto, los objetos externos, los animales etc., son puro en-sí, sin para sí alguno. El en-sí, como dice Satre, en este sentido es "macizo", es pura identidad, es lo que es. Sin embargo, en el ser humano se da un pliegue sobre el en-sí, un pliegue que se constituye en forma de conciencia, capaz de salir a por el objeto (la intencionalidad de Husserl) y traerlo al seno de la conciencia. Este pligue es propio del ser humano, su conciencia.

El para-sí es una absoluta nada, de ahí proviene la libertad absoluta del ser humano. Es pura nada porque, extraidos las trascendencia de los noemas que asignó Husserl a la conciencia, ésta queda vacía. Es decir, si no es conciencia de algo, simplemente, no es. La conciencia sólo puede ser conciencia de algo, y si no sale al exterior en busca de algo, para plegarse, no es nada, no tiene contenido, se "nihiliza".

Este no es el asunto que quería abordar, pero baste como explicación inicial. Comprendo que "despachar" de esta forma un asunto tan complejo y lleno de matices puede parecer una falta de respeto, y lo es. Pero vayamos al grano, al asunto que tan difícil me parece y tan interesante.

Sartre sostiene, en cierta parte de la obra "L'Etre et le Neant" que el para sí tiene su génesis, que él no relata, en el en-sí. Según Sartre el en-sí habría realizado un esfuerzo para encontrar un fundamento, es decir, se habría plegado en busca de una autofundamentación (en el sentido en que Aristóteles habla de pensar el pensamiento, esto sería una busqueda del Absoluto). Es decir, buscaría ser el creador y el creado a su vez, esto intentando encontrar en sí mismo una fundamentación para su propia existencia, para su propio ser. Es en este proyecto de fundamentación del en-sí donde se produce el fracaso que da lugar al para-sí.

En el volver sobre sí mismo, el en-sí se habría desfondado, hundido, y de aquí surge un para-sí como desfondamiento, sin sustento, como una Nada. En efecto, es el nacimiento de la liberad, sin embargo, es una libertad heredada de un proyecto fallido, es decir, la libertad nacida de la matriz de un fracaso y es, también, la libertad, el factor central del ser humano. El ser humano hace su esencia por mor de la libertad que puede ejercitar gracias al para-sí, a su independencia del en-sí. Recuerden que Sartre es existencialista en el sentido de que sostiene que la existencia es primero, luego se hará, se va haciendo la esencia, es decir, no hay esencia previa a la existencia.

¿Cómo se podría avanzar hacia una explicación coherente de este presupuesto sartreano? ¿Podemos interpretarlo en sentido biológico-evolutivo? Desde Sartre no (recuerden que Sartre no ve en la Naturaleza, en los animales, por ejemplo, ni un atisbo de para-sí), pero ¿Y sin Sartre?. Mañana más.

18.12.06

El indecente. Por la dignificación de la filosofía española, no aceptemos falsas licenciaturas.



El mundo intelectual español se estremece ante el "boom" de basura con que cada mes nos deleita el señor "en foto presente". Es una de esas muestras de lo que en España queda de rancio, de castizo, de fascita, de totalitario. Cada mes y medio un nuevo bodrio editorial es publicado con su nombre, todo sospechamos que él no es quien lo ha escrito, pero aún así queremos creer que su cabeza es capaz de generar tremenda basura a montones.

El señor Vidal se imagina el hombre más listo de este planeta, alardea de ser licenciado en Historia, Derecho, Teología y Filosofía (estas dos últimas en una universidad no homologada, curiosamente la misma donde dice ser catedrático). Sobre su persona, como vemos, sólo se ciernen sospechas, dudosamente firma libros, dudosamente licenciado en esto y en lo otro, dice hablar tantas lenguas que ni su lista es capaz de recordar.

Este hombre es una vergüenza para nuestra nación, su ponzoña intelectual ensucia los libros que, en la librería, rodean al suyo. Es, este señor, el más deleznable de los seres vivos, el más lamentable apologeta de todos los genocidios imaginados. Revisionista histórico, adalid de la modalidad más "liberal" de fascismo, el señor del que aquí hablo, con sólo presumir de su licenciatura en filosofía, destruye mis esfuerzos, resta dignidad a todo filósofo. Este señor, noooooo... ¡ No puede llamarse filósofo!

* Recojo este poema que acabo de leer en Gatopardo y que me honro de poder sumar a este post, aunque tarde y, quizá, sin sentido:

No me mueve, ¡ay, Dios!, para ofenderte
el rostro que te tienes merecido,
ni el presumir de lo que nunca has sido,
falto de títulos que puedan defenderte.

Muéveme, sí, el hecho de saberte
digno de que te llamen malnacido,
pues, a fuerza de ser un resentido,
tu pluma lo que toca lo pervierte.

Calla, César, que puede serte caro,
si insistes tú en ir de hijo de puta,
pues en tu albarda pesa el equipaje.

Ya que eres en Historia tan ignaro,
deja el pasado en paz, cambia de ruta,
dédicate a los toros... o al encaje.

Autor: Gerald Widemann

Fuente original del poema.

17.12.06

La enfermedad como símbolo.


Pertenece a los esfuerzos teóricos de George Groddeck
el haber propuesto por primera vez la noción de Ello que luego Freud se apropiaría y revisaría. Pero quizá, más desconocido, no por ello menos meritorio, a Groddeck le pertenece también el ser uno de los más destacados estudiosos del origen simbólico de las enfermedades.
Groddeck desarrolló los comienzos de su carrera como médico de la mano de la escuela del famoso Schwellinger, un médico ciertamente misterioso, al que pertenece el mérito de haber curado al general Bismarck cuando ya se le daba por deshauciado. Schwelliger pertenecía a una escuela de medicina nada ortodoxa, que sostenía que en el origen de la enfermedad se encuentra un contenido simbólico de carácter psicológico. No en el sentido en que hoy entendemos las enfermedades somáticas sino, muy al contrario, en un sentido aún más genérico. Este postulado era válido para todo tipo de enfermedad, fuera cual fuera. Esta tesis también es defendida por Groddeck, para lo cual desarrolla un modelo de tratamiento que se habrá de parecer mucho al psicoanálisis, adelantándose temporalmente a éste.

No es fácil conseguir las obras de Groddeck que están compuestas por conferencias que daba a sus pacientes en el sanatorio de Baden Baden. Tampoco, después de su lectura, resultan especialmente esclarecedoras, se quedan estancadas en cierta posición oscurantista donde es difícil acceder a conclusiones concretas. Muchas de sus reflexiones son análogas a las que luego desarrollará Freud, por ejemplo, nociones comunes en torno a la niñez, la reflexión acerca de la felicidad intrauterina, y, especialmente, el valor simbólico de la sexualidad. Este último punto definirá cada vez más a Groddeck hasta la situación de considerarsele, hoy en día, popularmente, un miembro de la "horda de los salvajes" dentro del movimiento psicoanalítoco. Es decir, del grupo de teóricos que con más fuerza reivindicaban el papel de la sexualidad.

De todo lo comentado, lo más importante, por lo extraño que resulta a la medicina académica actual, es el valor que Groddeck asigna al entramado psicológico en el origen de las enfermedades, creyendo que casi toda enfermedad puede ser curada si se aborda su origen simbólico y se logra extraer su contenido a la conciencia. Sin duda, una linea que se ha desechado forzosamente por el olvido de toda tendencia humanistas en la medicina moderna. Resulta interesante, sin embargo, ahondar, no sólo en este autor, sino en toda esta corriente médica que, hoy más muerta que nunca, no parece que pueda ser rescatada de cara al futuro.
Se puede criticar de la medicina actual el que aborde las enfermedades de forma únicamente biológica sin tener presente los componentes anímicos que pueden estar en el origen, que no aborde las causas integrando toda la estructura del ser humano, sus diferentes facetas, restando valor a la vida psicológica, anímica, incluso a las voliciones, las formas de enfrentar la vida etc., centrándose únicamente en la sintomatología y en la forma de lograr que estos síntomas se extingan y que el sistema no se colapse, sin prestar atención detenida a si las causas han remitido o no.
En definitiva, en Groddeck tenemos senderos aún no transitados, enfoques nuevos no experimentados, quizá, atisbos de nociones integradoras.

Enlace recomendado:
http://www.psicomundo.org/groddeck/
http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=801

13.12.06

Camino a nosotros mismos.

En la célebre conferencia: ¿Qué quiere decir pensar?, Heidegger comienza acercandose a la posibilidad del pensar, dado que sólo pensando podemos conocer lo que significa pensar. En las primeras líneas, sin embargo, encontramos interesantes alusiones al encuentro esencial entre sujeto y objeto, al tenerse personalmente en la propia esencia. Intentado ir más allá, entre líneas, y ateniéndome a las ideas centrales del segundo Heidegger analicemos la cuestión (eso sí, sin grandes esfuerzos, que tengo gripe). Dice Heidegger:

El hombre puede pensar en tanto en cuanto tiene posibilidad de ello. Ahora bien, esta posibilidad no nos garantiza que seamos capaces de tal cosa. Porque ser capaz de algo significa: admitir algo cabe nosotros según su esencia y estar cobijando de un modo insistente su admisión. Pero nosotros sólamente somos capaces de aquello que nos gusta, de aquello a lo que estamos afecto en tanto que lo dejamos venir.


Las primeras líneas no merecen análisis. Está en nosotros la posibilidad de pensar, esto es obvio, somos "seres racionales" apunta más arriba. Es posible pensar en tanto que somos capaces. Lo llamativo comienza aquí, en el análisis heideggeriano el sujeto no se dirige al objeto, tal como la "intencionalidad" fenomenológica de Husserl había establecido, muy al contrario, el sujeto tiene un papel pasivo, espera el ser. Por tanto la esencia del objeto impacta en el propio sujeto que, en caso de existir una afinidad esencial entre objeto y sujeto, saldrá de su propia cotidianeidad para dirigirse, tenerse, en su propia esencia. Es por ello que se produce un proceso de admisión y de mantenimiento de la admisión en nuestro seno.

En realidad nos gusta aquello que, de antemano, desde si mismo nos desea, y nos desea a nosotros en nuestra esencia en tanto se inclina a ella.


Se hace obvio el papel activo del objeto, sin embargo, ha de existir una armonía esencial para que se produzca la admisión. En cierta medida, existe una predeterminación en el objeto hacia nosotros.

La inclinación es exhortación. La exhortación nos interpela dirigiendose a nuestra esencia y de este modo nos tiene (nos aguanta) en ella.


He aquí la cuestión decisiva de estas líneas. Se deduce con claridad de lo dicho por Heidegger que no vivimos en nuestra esencia, aún empleando vocabulario que puede confundirse con matices del primer Heidegger, cabría decir que habitualmente no nos mantenemos en nuestra esencia, esto es, no somos auténticos. Sin embargo, al pensar y cobijar lo que nos desea, aquello en lo cual encontramos armonía en lo esencial, el cobijarlo nos hace acudir prestos hacia nuestra verdadera faz, somos realmente nosotros en cuanto somos interpelados por "lo que da que pensar".

Aún pareciendo descabellada la interpretación, si descargamos de retórica este pensamiento y lo dejamos en sus huesos observaremos que, bajo mi punto de vista, la conclusión es correcta. Vivimos encerrados en situaciones que permanentemente nos alejan de lo que somos esencialmente, nos distancian de nosotros mismo y sólo en el pensar lo debido, en el encontrar aquello que armoniosamente se instala en nuestra mente y nos moldea está la autenticidad, el reencuentro.

No descabezan la filosofía como materia de bachillerato.

Buena noticia para los filósofos. En el borrador del modelo educativo para bachillerato los filósofos serán encargados de impartir, al menos, dos asignaturas. Esto, aunque no es lo ideal, deshace la sospecha de que se reducirían aún más las horas lectivas de la rama de filosofía. En Bachillerato se darán las asignatuas de "Historia de la filosofía " y "Filosofía y cuidadanía". Esta última no se sabe aún si sólo la impartirán los licenciados en filosofía o entrarán los de historia, lo lógico es que no fuera así.

Fuente original.

7.12.06

Heidegger en Anime.

Magnífico lo que he encontrado en la web de phiblogsopho, por cierto, blog muy recomendable. Me permito postear lo que él ha encontrado:

2.12.06

La técnica según Heidegger. Conferencia de: Jorge Acevedo Guerra.

Jorge Acevedo Guerra es un eminente filósofo chileno, al que personalmente admiro aún en la distancia. Esta conferencia fue dictada en un seminario sobre la Ética de la innovación técnica, en Santiago de Chile, el día 29 de Agosto del 2.006. Merece la pena oirla:


En tiempos de especulación, sobre los constructores.

"[...] todos ellos, los constructores y las gentes de la construcción no son hoy más que destructores y aniquiladores de la superficie de la tierra, con cada nueva construcción que construyen comenten un nuevo crimen, un crimen de construcción contra la Humanidad, y una vez había exclamado patéticamente: ¡Toda construcción que hoy constituyen los expertos de la construcción es un crimen! Y todos esos crímenes pueden cometerse sin consecuencias, incluso se anima y se invita francamente a esas gentes de la construcción, esos criminales, sobre todo los Estados y sus autoridades, a cubrir la superficie de la tierra con su perversa basura intelectual y, de hecho, a cubrirla con esos horrores de construcción de una forma y con una velocidad tales que, en poco tiempo, toda la superficie de la tierra quedará sofocada por esos crímenes de la construcción. Entonces, cuando toda la tierra haya sido mal construida de la forma más horrible y más carente de gusto y más criminal, será demasiado tarde, y la superficie de la tierra habrá muerto. ¡No podemos defendernos de la aniquilación de la superficie de la tierra por los arquitectos!" (Thomas Bernhard, Corrección, Alianza Editorial, Madrid, 2.003, trad. Miguel Sáenz, p.123)