19.3.07
El nihilismo a lo largo de la historia.
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14.3.07
El nihilismo en la antigüedad. Tercera Parte.
I.c) Cristianismo como “platonismo para el pueblo”. Se asienta el nihilismo pasivo.
“Todo el ámbito de la moral y de la
religión cae bajo este concepto de las
causas imaginarias.15”Friedrich Nietzsche.
Nietzsche en su obra “Más allá del bien y del mal” define el cristianismo como “platonismo para el pueblo”16. Esta afirmación es, posiblemente, la más conocida de toda la obra de Nietzsche. La explicación de ésta clarificará cómo el platonismo pervive culturalmente en la forma de cristianismo.
Nietzsche ve en el cristianismo la “metafísica del verdugo”17 insuflada en la cultura occidental en forma de venganza judía, como así expone en su única obra sistemática18. Por tanto una raíz del cristianismo se encuentra en la moral ascética de los judíos, sin embargo, la otra raíz es la que ahora nos interesa dado que incorpora una metafísica concreta en la perspectiva ontoteológica cristiana, ésta no es otra que la platónica.
La metafísica platónica, con su resentimiento por la vida y la primacía del mundo suprasensible, es tomada por el cristianismo que mantiene los mismos rasgos platónicos con respecto a la vida. El cristianismo considera ésta vida como un tránsito hacia una situación de eterna existencia sin devenir 19, que comienza tras la muerte carnal y el “juicio final”. Así es que Jesús afirma ante Pilato: “Mi reino no es de este mundo”20 en una clara alusión a una instancia metafísica. En el cristianismo la pluralidad de ideas o esencias platónicas son absorbidas por la dimensión teológica, todas las ideas, incluso las que facilitan las presuntas intuiciones morales, residen en la unidad de una concepción monoteísta que erige un Dios a todos desconocido e inaccesible.
El mundo sensible continua estando depreciado, igual que sucedía, en el platonismo y aquí ve Nietzsche la continuación del “nihilismo pasivo” cuya génesis encuentra en Platón.
Con el asentamiento del cristianismo en la cultura occidental bajo el emperador Constantino I en el 311 de nuestra era el nihilismo en su manifestación pasiva encuentra un lugar de residencia y pervivencia que se extiende a lo largo de los siglos. Aceptando que el monoteísmo judeo-cristiano guarda en su seno la semilla nihilista será la temática de la “muerte de dios” o la “no existencia de dios” que se abre con Jean-Paul21 y Max Stirner22 la que desvelará los rasgos fundamentales del nihilismo, finalmente Friedrich Nietzsche (el gran teórico y filósofo del nihilismo23) será el encargado de definirlo en sus diferentes manifestaciones e intentar filosofar de frente a esta circunstancia.
15Nietzsche. El crepúsculo de los ídolos, p. 83.
16Nietzsche. Más allá del bien y del mal, p. 19.
17Nietzsche. El crepúsculo de los ídolos, p. 86
18Nos referimos al intento de establecer una genealogía de la decadencia europea que ensaya en “Genealogía de la moral”.
19 Resulta difícil concebir, aún más desde una perspectiva existencialista, que se pueda dar una existencia sin devenir, por tanto, la vida transmundana sólo se podría dar dando por hecho la existencia de un esencia humana, ya sea en forma de ánima o alma, como así sostiene el cristianismo, que sería la que perduraría tras la muerte.
20Evangelio de Juan 18, 36.
21Pseudónimo de Johann Paul Friedrich Richter.
22Pseudónimo de Johann Sebastian Smicht.
23“En él (Nietzsche), el nihilismo, por primera vez, se hace consciente.” Albert Camus. El hombre rebelde, p. 83. En cursiva agregado propio.
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13.3.07
El nihilismo en la antigüedad. Segunda parte.
I.b) Teoría de las Ideas de Platón. Reivindicación metafísica.
“La enemistad mortal contra la sensualidad es siempre
un síntoma que da mucho que pensar: autoriza a hacer
conjeturas sobre el estado global de quien parece
ser tan dado a los excesos.”9 Friedrich Nietzsche.
Los primeros diálogos de Platón, dedicados a hacer apología de Sócrates, ya abordan directamente cuestiones éticas. De hecho, el Menón, aborda directamente la pregunta acerca del bien; “ ¿Qué es el bien?”10, será una de las cuestiones que acompañará todo el filosofar de Platón. Luego, en siguientes diálogos, se describen algunas actitudes que forman parte de la “Virtud” socrática11. El “Eutifrón” aborda la piedad, el “Cármides” la templanza, el “Laques” la valentía etc., sin embargo, a estas alturas Platón debió percibir que no exponía una teoría que diera soporte a sus afirmaciones, así comienza la elaboración de la teoría de las ideas.
Aunque Nietzsche ya considera que con Sócrates la filosofía griega había tomado un camino erróneo12 no es hasta Platón que, a su juicio, el nihilismo se apodera de la filosofía occidental definitivamente. Y lo hace a través de la “Teoría de las Ideas”.
La “Teoría de las Ideas” comprende la existencia de dos mundos: el mundo inteligible, que es el mundo verdadero donde están las Ideas o esencias de las cosas, y, en segundo lugar, el mundo sensible, que no es otro que el mundo de las apariencias engañosas producidas por las ilusiones de los sentidos. Por ello, la primacía en la teoría platónica la tiene el mundo inteligible, todo un constructo metafísico a juicio de Nietzsche, mientras que el mundo sensible, el “mundo de la vida” (Husserl) es infravalorado, puesto en tela de juicio y digno de toda sospecha.
En esta diferenciación platónica ve Nietzsche un acto de “resentimiento” frente a la vida; “La rebelión de los esclavos en la moral comienza cuando el resentimiento mismo se vuelve creador y engendra valores”13. Ya hay en Platón una sospecha hacia el mundo de lo sensible que, posteriormente, el cristianismo heredará y extenderá. Así cae el mundo sensible en una permanente infravaloración, se pone en tela de juicio, es motivo de sospecha. La moral se edifica en torno a un mundo inalcanzable a través de los sentidos, en definitiva, un mundo remoto e inaccesible para el común de los mortales. Si anulamos este mundo de cuya existencia no tenemos certeza, observamos que al remitirnos a las entidades suprasensibles nos estamos remitiendo a la Nada, es por ello que Nietzsche considera a Platón el nihilista por excelencia, dado que todo su filosofar, en definitiva, circunda en torno a la propia Nada.
Platón encuentra dificultades para sostener su teoría y necesitará crear nuevas figuras como “el demiurgo” para salvar contradicciones como la que nace de la paradoja del tercer hombre14. Esto muestra que fue consciente de una cierta inconsistencia en su filosofía. Finalmente, en sus últimos diálogos, Platón procede a la crítica de su propia teoría poniéndola en tela de juicio, lo cual muestra que ésta poseía deficiencias difícilmente salvables asentadas en la necesidad de un mundo metafísico que, a pesar de todos los intentos, resulta inaccesible.
Las Ideas platónicas son imperecederas y no devienen en ningún sentido, es decir, son permanentes, situación que da lugar a un dogmatismo moral propio de gran parte de los nihilismos pasivos. Esta faceta del platonismo junto con la primacía del mundo suprasensible sobre el sensible será extendida y potenciada por las tesis ontoteológicas del cristianismo, nacido de una doble raíz, la judía y a través de Roma la platónica.
Pese a que la teoría de las Ideas platónica es ampliamente más compleja, para el análisis del nihilismo no parece necesario entrar en la descripción completa de todos los conceptos que ésta emplea en su argumentación, baste con dejar clara la separación de mundos que establece Platón y qué influencias tendrá esta sobre la filosofía y cultura occidental en los siguientes siglos y hasta nuestro presente.
9Nietzsche. El crepúsculo de los ídolos, p. 69.
10Crombie. Análisis de las doctrinas de Platón. Tomo I, p. 217.
11Sócrates no entiende que exista una pluralidad de virtudes sino que concibe una sola virtud que se refleja a través de multitud de actitudes.
12Nietzsche. El crepúsculo de los ídolos, p. 47 y ss.
13Nietzsche. Genealogía de la moral, p. 50.
14Sánchez Meca. Teoría del conocimiento, p. 37
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El nihilismo en la antigüedad. Primera Parte.
“Nihilismo es la verdad que se torna dominante, según
la cual todas las metas que tenía el ente hasta el
momento se han vuelto caducas.”1Martin Heidegger.
Con Platón se observa, por primera vez en la historia de la filosofía, uno de los movimientos filosóficos, que se vienen repitiendo con regularidad desde entonces, donde se busca, ante una situación de incredulidad axiológica y escepticismo ontológico una alternativa, siempre anclada en una concepción metafísica, que permita establecer una validez en los juicios morales, una teoría del conocimiento fiable y, en definitiva, resolver la cuestión que atañe al sentido.
El movimiento platónico tiene dos raíces fundamentales: por un lado se erige contra el relativismo ético y gnoseológico predicado por los sofistas. Tales relativismos situaban la ética y la teoría del conocimiento en un campo de incertidumbre, abogando abiertamente por el perspectivismo2. Frente a este perspectivismo y relativismo se erige el pensar platónico.
El enfoque filosófico de los sofistas encuentra un paralelismo en el pensamiento nietzscheano; “existe únicamente un ver perspectivista”3 afirma Nietzsche. Así es que podemos afirmar que existe una gran similitud entre Nietzsche y los sofistas, este aspecto nos permite caracterizar a los sofistas como “nihilistas activos”, al menos en este sentido, tal como establece en sus obras Friedrich Nietzsche y tal como describe conceptualmente Gianni Vattimo4 en base a textos nietzscheanos.
La reacción filosófica que observamos por primera vez en Platón y que frente a la incertidumbre del relativismo o perspectivismo ético y gnoseológico se refugia en un filosofar metafísico en busca de la certeza será común en toda la historia del pensamiento occidental. Latente en esta serie de movimientos y contramovimientos se encuentra el problema del nihilismo, que no es otra cosa que la sombra de “La Nada.”
La segunda raíz de donde brota la planta del pensar platónico se encuentra en su propio maestro: Sócrates.
Los primeros diálogos escritos por Platón tienen una finalidad apologética respecto a su maestro, sin embargo, su teoría de la ideas (esbozada a partir del diálogo Parménides5) se edifica, en gran parte, como crítica al pensamiento socrático.
Sócrates jamás fue un pensador sistemático, además, fue reacio a la escritura y no dejó ningún texto al que podamos remitirnos, conocemos su filosofía gracias a los primeros diálogos platónicos. Sócrates emplea como método filosófico la mayéutica6 (el arte de partear), luego sólo mediante la acción dialógica deja entrever su doctrina (el filosofar dialógicamente será heredado por Platón, cuya obra se compone, íntegramente, de diálogos). Esto da lugar a una amplia ambigüedad, pero, en especial, Platón, en su construcción teórica, debió observar con preocupación que Sócrates no emprendiera una descripción y conceptualización del mundo suprasensible para así poder sostener su teoría intuicionista7. De tal forma que, para llenar este hueco, Platón construye su conocida “Teoría de las Ideas”, esbozada en los diálogos que van, cronológicamente, desde el “Parménides” hasta la proyección cosmológica de su teoría en el “Timeo”.
Para comprender la argumentación que acompaña toda la teoría platónica, a la que Nietzsche considera, por antonomasia, la teoría representante del “nihilismo pasivo” es menester un breve esbozo de la “Teoría de las Ideas” y sus implicaciones en la historia del devenir filosófico occidental que, en toda su amplitud es la historia del desarrollo del nihilismo según la interpretación nietzscheana y, en otro sentido, según la visión heideggeriana8.
1Heidegger. Nietzsche, p. 551. * Reseña completa de las obras están contenidas en el índice bibliográfico.
2Sánchez Meca. Teoría del conocimiento, p. 20 y ss.
3Nietzsche. Genealogía de la moral, p. 155.
4Vattimo. Diálogo con Nietzsche, p. 208 y ss.
5Ross. Teoría de las ideas de Platón, p. 27 y ss.
6Para definición del concepto: Platón. Diálogo Teeteto. 150A o p. 189 y 190.
7Aún hoy se sostienen teoría éticas intuicionistas con la pretensión de no caer en el nihilismo activo. Así, por ejemplo, en cierto existencialismo cristiano como el de Grabiel Marcel o Karl Jaspers se sostienen tesis ético-intuicionistas.
8Ciertamente los dos autores ven el único rayo de esperanza prenihilista en los autores presocráticos, los dos se agarrarán en su desarrollo intelectual al legado de estos filósofos.
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6.3.07
Proyecto: leyendo "Contingencia, ironía y solidaridad" de Richard Rorty. Capítulo 4: "Ironía privada y esperanza liberal". Primera Parte.
El léxico último es el conjunto de palabras centrales con las que una persona narra su vida, construye su escala de valores etc.. Si a su usuario se le pone en tela de juicio estos términos el usuario no podrá emplear más que argumentos circulares en torno a estas palabras. Estas palabras son el punto más alejado al que podemos ir con el lenguaje. Pequeñas porciones del léxico último están constituidas por palabras tan amplias como ubicuas: verdad, correcto, bello etc.. Las porciones más amplias comprenden palabras más limitadas y completas como: España, Cristo, Iglesia, revolución etc.. Los términos más concretos hacen la mayor parte del trabajo.
Llamaremos ironista a la persona que cumpla los siguientes tres requisitos: que tenga permanentemente dudas sobre el léxico último que emplea debido a que en éste han incidido otros léxicos últimos de personas o libros conocidos. Ser percaten de que un argumento esbozado con este léxico no resuelve estas dudas. En tercer lugar, no piensa que su léxico esté cerca de la realidad que otros léxicos.
Esto lleva a los ironistas a no tomarse muy en serio a ellos mismo dado que son conscientes de la contingencia de su léxico último y, a su vez, de su yo. Se contrapone al ironista aquellos que invocan el sentido común.
El ironista, al contrario que el metafísico, es racionalista e historicista. Piensa que nada tiene una naturaleza intrínseca ni una esencia real.
La forma preferida de argumentación por parte del ironista es la dialéctica. No considera, como el metafísico, que se deba argumentar a través de inferencias lógicas sino a través de la redescripción. Los ironistas redescriben los objetos y acontecimientos con una jerga que pretende ser lo suficientemente original como para entenderse. El ironista considera que la lógica tiene un papel auxiliar en la dialéctica. La dialéctica enfrenta léxicos entre sí, no es meramente el inferir meramente unas proposiciones de otras, como hace el metafísico. Hegel sería un ejemplo de ironista. Hegel se zafó del eje Platón-Kant y comenzó la filosofía ironista que continuaría Nietzsche, Heidegger y Derrida.
Lo que Rorty llama dialéctica lo encontraríamos hoy en día en la crítica literaria. Los ironistas tratan a los grandes autores como abreviaturas de un determinado léxico último, experimentan con esos léxicos, se redescriben con ellos, redescriben los sucesos, el pasado, el futuro etc.. Comparan lasredescripciones con diferentes léxicos. Los ironistas aspiran a crear el mejor yo posible mediante redescripciones, esto, comparar unas figuras con otras, unos léxicos con otros, no es otra cosa que la "crítica literaria". Para los ironistas no hay respuesta a un léxico último que no pase por otro léxico último, es decir, no hay respuesta a una redescripción salvo desde otra re-redescripción. Nada puede servir de crítica a una persona salvo otra persona, o como crítica a una cultura salvo otra cultura. Personas y culturas son léxicos encarnados, por eso nuestras dudas respecto de nuestros caracteres y nuestra cultura sólo pueden ser resueltos comparándonos con otras personas y culturas. Es por ello que el leer es tan importante para el ironista.
Desde la perspectiva ironista lo políticamente bueno y correcto es aquello que haya surgido de la libre discusión. Para Rorty libre discusión no significa libre de ideología sino que es aquella que se da cuando "la prensa, el poder judicial, las elecciones y las universidades son libres, la movilidad social es frecuente y rápida, el alfabetismo es universal, la educación superior es común y la paz y la prosperidad han hecho posible que se disponga de tiempo necesario para prestar atención a muchas personas diferentes y para pensar acerca de lo que éstas dicen."
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5.3.07
Notas sobre Foucault I.
Términos foucaultianos:
Entre otras cosas el ponente se dedicó a repasar algunos de los términos centrales de la filosofía del autor francés. Veamos alguanas notas tomadas, por mi parte no me molestaré en arreglarlas sino en copiarlas tal como las tome textualmente.
Identidad: hoy en día se habla de la identidad como identidad común colectiva. La identidad individual no prima tanto. Se es capaz de morir por la identidad colectiva pero no por la identidad individual. Estos procesos de identificación son, a su vez, efectos de dispersión, no encuentra algo individual. Es muy difícil llegar a lograr el contacto con uno mismo. Es más, hoy en día el individuo se pierde cuando no encuentra un anclaje en una identidad colectiva. Es llamativo que la sexualidad tiene un papel primario en la identidad moderna. También sucede que se castiga a aquel que osa cambiar su identidad por otra totalmente diferente en el transcurso de su vida, es motivo de descalificación.
Poder: es un concepto clave en la filosofía de Foucault. Él realiza un análisis del poder que desacredita la visión clásica del poder. En su propósito está el configurar un concepto de poder que sea útil a las ciencias sociales. Desmonta la visión clásica del unívoco, que nace de un punto, y se extiende como una telaraña, dicho centro se observa en el modelo clásico como el Estado. Esto no es así, el poder no tiene un sólo foco, ni surge de un sólo lugar, muy al contrario. Es, a su vez, el primer filósofo en meditar detenidamente sobre la perdida de poder por parte del Estado. No hay relación humana donde no exista un componente de poder. Frente al poder sólo podemos seguir su flujo o ser un punto de resistencia.
[Mañana más]
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