Páginas

28.7.07

Me hizo gracia (off-topic).



Tengo que reconocerlo, después de ser linuxero durante unos años y también usuario de windows me he pasado a mac. Es la mejor decisión que podía tomar y no me arrepiento. En todo caso me faltaba poder usar los diccionarios de francés, alemán e inglés que tanto me han resuelto en windows. No encontrando para el OSX nada parecido he decidido correr un windows XP en un a máquina virtual, no lo negaré, me hace gracia ver el windows empotrado en un OSX. Espero que este sea su verdadero futuro, en cualquier caso les dejo unas capturas para que se rían un poco. Al menos a mi me hace gracia...

27.7.07

Origen y radicalización de la fenomenología de los estados de ánimo: Husserl y Heidegger.


Ayer hablaba de los estados de ánimo en la filosofía de Martin Heidegger. Hoy he recordado un artículo que he leído recientemente y que es accesible desde internet que aborda esta cuestión. El artículo no es del todo exhaustivo en el asunto pero vale la pena leerlo detenidamente.

Gabriel Schutz R., Origen y radicalización de los estados de ánimo: Husserl y Heidegger. [pdf]

Un viaje hacia los estados de ánimo y la "filosofía para la intimidad".


Hoy recordaba, con una amiga, uno de los viajes más extraños, más motivadores, más místicos del gran bufón Martin Heidegger: el viaje hacia los estados de ánimo y el valor de éstos para la filosofía.

Junto con "Ser y tiempo", junto con las "Contribuciones a la filosofía" (aún por traducir a nuestro idioma) su obra "Conceptos fundamentales de la metafísica" es, a mi juicio, una de las obras más importantes de la primera etapa heideggeriana (antes de "la esencia de la verdad" y "carta sobre el humanismo"), si es que tal distinción no es del todo inapropiada. Es esta la obra donde, con mayor detenimiento se tratan los estados de ánimo, en especial el aburrimiento, al que dedica casi doscientas páginas.

La melancolía, es decir, el deseo de sentirse en todo lugar como en casa (siguiendo a Novalis), esto es, la sensación de no sentirse en ningún lugar como en casa, éste es el estado de ánimo desde el que se hace posible el filosofar. La extrañeza, en definitiva, es nuevamente invocada, ahora para servir de motor a la filosofía. No podemos obviar que es muy probable que para Heidegger el poder percibir lo ente, la apertura mutua del ente y el sujeto, era la experiencia más extraña, más impactante, que nos asediaba. Heidegger retomaba la extrañeza tan presente en los griegos y volvía a preguntarse desde esa extrañeza. La existencia de lo ente, el ser de las cosas, son los auténticos misterios de la vida, aunque, siguiendo "la esencia de la verdad", lo misterioso quedará ampliado a todo el infinito espectro de lo ser que nos es ocultado, que no se desoculta ante nosotros. Y ahora que la cito, también el breve texto "la esencia de la verdad" está nuevamente marcado por la importancia de los estados de ánimo.

Como decía la melancolía es el estado de ánimo desde donde surge la filosofía. Pero mayor valor, más importancia en todo el sistema heideggeriano ( sistema que no es tal) tiene la angustia. Ya en "Ser y tiempo" se le dedicaban algunas páginas, en "¿Qué es metafísica?" la angustia era la que nos hacía presente la existencia de la nada, esto es, paradójicamente, la no existencia. En efecto, la angustia es el único estado de ánimo cuya causa no puede cifrarse, es por ello el estado de ánimo nacido de la impresión (inasible) de lo ente en su totalidad. Girando a un lenguaje no-heideggeriano, la angustia, por carecer de una causa concreta, es el estado de ánimo que nos revela que, en efecto, existimos. Nuestra propia existencia se ve en tela de juicio cuando nos encontramos en este estado de ánimo.

Indudablemente, los viajes fenomenológicos hacia los estados de ánimo son uno de los puntos más intragables, quizá por místicos, de la filosofía de Heidegger, sin embargo, merecen ser retomados con algo de seriedad aunque nos distancien de la filosofía sistemática hacia una filosofía, como la poesía, como la música, edificante ( por seguir al difunto Richard Rorty). Un viaje, he dicho, pero ¿hacia donde?, creo que un viaje que necesita de la mirada atenta hacia nuestra conciencia, hacia nuestro estar de tal o cual forma también. Quizá una manera de filosofar que no sirve para ser mentada en el debate público, por extraña, por insostenible, por inargumentable, en definitiva, una "filosofía para la intimidad".

26.7.07

Nueva encuesta.

He colocado una nueva encuesta en la web. Pretendo conocer quién consideran más lamentable. Personalmente he situado los personajes que, a mi juicio, son un reflejo de la mediocridad más absoluta en el ámbito de la filosofía.
Personalmente con nadie he sentido mayor vergüenza que con Rudolf Carnap y sus artículos-basura. Creo que Ayer también merece un severo castigo. Puede resultar sorprendente que sitúe a Wittgenstein dentro de los mediocres, no lo coloco por sí mismo sino por sus secuelas en el seno de la filosofía analítica. En este caso pagan justos por pecadores, en especial las interpretaciones "materialistas-reduccionistas-positivistas-cientifistas-baratas-nodoyparamás" que han surgido de su cierre del Tractatus. Lo siento Wittgenstein, haber cuidado las compañías.

Reconciliación.


Llevo varios meses publicando alguna que otra cosa en este blog. Ahora me doy cuenta de que he negado al autor del lugar, me he negado a mi mismo. Todo lo expuesto, siempre tonterías, en cierta manera obedecen a una negación permanente de mi persona, es decir, al intento por omitir que detrás de todo lo escrito alguien lo escogía y lo publicaba por motivos que nunca salen a la luz. En efecto, no he dicho nada de mi, ni pienso hacerlo, el motivo es evidente: realmente no tengo nada que aportar. Sin embargo, creo que si no empiezo a reconciliarme como autor del blog, si no comienzo a intentar elaborar algo más allá del simple "copiar y pegar", de extraer de lecturas, el proyecto lanzado hace unos meses, el proyecto de esta bitácora estará acabado. Como pueden ver, la regularidad nunca ha sido la deseable y la motivación escasa.

Necesito un cambio de rumbo ¿cuál será?, no lo sé. En cualquier caso cabe adelantar que intentaré volcar, ahora sí, gran parte de mis intereses personales sobre las líneas que se publiquen en el futuro, dar a conocer las ideas que, poco a poco, se van elaborando a través de las lecturas. Quizá, dejar a un lado los proyectos con pretensiones más o menos ilustradoras y además, esto será lo peor, entregarme a publicar aunténticas chorradas sobre la evolución intelectual que intento lograr en mi persona. En definitiva, me gustaría abordar el blog como reflejo de un proceso; el tipo de proceso, las características, el fin... todo eso no lo puedo adelantar.

17.7.07

Heterogeneidad homogénea.

"Siguiendo la semilla kantiana, transportada al jardín americano del New Humanism, resulta bien paradójico comprobar que la civilización occidental se haya asentado ideológicamente en la exaltación del individuo (culminando en el American Dream) cuando de facto muestra el curso de su historia una progresiva depreciación de la singularidad [...] ". Felix Duque, El cofre de la nada, Abada Editores, Madrid, 2.006, p. 15.
Una vez más sobran las reflexiones forzadas, simplemente evidenciar que muchas veces los destellos filosóficos se encuentran en dar con el enunciado que saque a la luz lo más evidente y sencillo, no sin ello carecer de brillantez, muy al contrario, siendo una muestra de genialidad.

13.7.07

Más allá del lenguaje.


" Philosophy lives in words, but truth and fact well up in our lives in ways that exceed verbal formulation. There is in the living act of perception always something that glimmers and twinkles and will not be caught, and for wich reflection comes too late. No one Knows this as well as the philosopher." William James.

" La filosofía reside en las palabras, pero la verdad y los hechos brotan en nuestras vidas en sentidos que sobrepasan la formulación verbal. Encontramos en los actos vividos de percepción algo que siempre brilla y centellea pero que no podremos atrapar, y para el cual la reflexión llega siempre demasiado tarde. Nadie conoce esto mejor que el filósofo."
William James.

Pese a que James sea conocido por su desarrollo del pragmatismo y sus aportaciones a la psicología empírica, ¿no es esto una clara definición de lo que años después logrará la fenomenología? ¿no es esto fenomenología?

Arquitectos y filósofos. Luis Fernández-Galeano.


" Martin Heidegger, un filosofo que manifestó su resistencia a la modernización adhiriéndose a la arcadia intermporal y ominosa del nacional-socialismo, y qu eal tiempo expresó su defensa arcaica del lugar emocional frente a l espacio mensurable mediante un ensayo mítico, Contruir, habital y pensar, y un gesto biográfico arquitectónico, la famosa cabaña de Selva Negra donde redactó buena parte de su obra. Levantada en 1.922 por carpinteros locales supervisados por Elfride, la esposa del filósofo, usada regularmente por él hasta su desaparición en 1.976, y, según algunos, escenario también de sus citas clandestinas con Hannah Arendt, die Hütte de Todtnauberg fue el protagonista de un célebre poema escrito por Paul Celan después de su visita en 1.967, y ha sido recientemente objeto de una monografía redactada por el arquitecto Adam Sharr que muestra el papel de esta construcción primordial en la trayectoria de Heidegger" (EL PAÍS, 13 de julio de 2.007, Arquitectos y filósofos, Luis Fernández-Galeano, Arquitecto)

Fuente original. ($$$$)

10.7.07

Paradojas, el derrumbe psicológico de Heidegger.


"De hecho, en la primavera de 1946 Heidegger padeció un derrumbamiento espiritual y psíquico, por lo cual se entregó a un tratamiento psicosomático con Victor Freiherr von Gebsattel, un médico y psicólogo que pertenecía a la escuela de análisis del ser-ahí de Binswanger, una corriente psicoanalítica que se había inspirado en la filosofía de Heidegger, y a la que pertenecía también Medard Boss, amigo posterior de Heidegger." (R. Safranski, Un maestro de Alemania. Martin Heidegger y su tiempo, Tusquets Editores, Barcelona, 2.003, trad. Raúl Gabás.)

No deja de ser paradójico que Heidegger superara su derrumbe psicológico acudiendo a terapeutas que usaron la propia teoría heideggeriana. Heidegger se cura gracias a un sí mismo mediado. Esto me hace preguntarme hasta qué punto nuestra propia filosofía nos pertenece o, simplemente, se pertenece únicamente a sí misma sin prestar atención a su autor.

9.7.07

ESBOZOS SOBRE EL LENGUAJE EN CONSTRUIR, HABITAR Y PENSAR DE MARTIN HEIDEGGER.


"El hombre se comporta como si fuera él el forjador y el dueño del lenguaje, cuando en realidad es éste el que es y ha sido siempre el señor del hombre."

"En las palabras esenciales del lenguaje, lo que éstas dicen propiamente cae fácilmente en el olvido a expensas de lo que ellas mientan en primer plano. El misterio de este proceso es algo que el hombre apenas ha considerado aún. El lenguaje le retira al hombre lo que aquél, en su decir, tiene de simple y grande. Pero no por ello enmudece la exhortación inicial del lenguaje; simplemente guarda silencio. El hombre, no obstante, deja de prestar atención a este silencio. "

8.7.07

"Es necesario por tanto abandonar la pretensión de “conocer” la realidad para preguntarse lo único verdaderamente concreto y útil: “¿Podemos mejorar nuestro futuro? En el fondo lo importante es la esperanza de crear un mundo nuevo para que nuestros descendientes puedan vivir en él con “más posibilidades y libertad” que lo que hoy podemos imaginar. Esta es la razón por la que Dewey insiste en el hecho de que la búsqueda de un conocimiento seguro debe ser sustituida por el reclamo a la imaginación. Aquí radica, en opinión de Rorty, todo el espíritu “americano”: “uno debe dejar de preocuparse por si lo que cree está bien fundado y comenzar a preocuparse por si ha sido lo suficientemente imaginativo como para pensar alternativas interesantes a las propias creencias actuales”"


Seguir leyendo.

7.7.07

Inmanencia, virtualidad y devenir en Deleuze.


Moisés Barróso Ramos en un brillante filósofo canario a cuyo seminario hace un año tuve la suerte de asistir. Experto en Deleuze realizó su tesis bajo la dirección de Antonio Pérez Quintana, uno de los más eruditos filósofos del panorama nacional. Ahora esta tesis puede ser descargada por internet, su título es: Inmanencia, virtualidad y devenir en Deleuze y podéis descargarla desde aquí.

Además, como pueden ver, tenéis también artículos realizados por él y publicados en diferentes revistas especializadas en filosofía. Creo que vale la pena leer su tesis aunque sea en formato digital a la espera de que salga publicada en alguna editorial.

Agregado posterior: Recientemente se ha publicado parte de su contenido en forma de libro.

3.7.07

Cambio de diseño.

Como pueden ver he cambiado el diseño, el motivo es simple: para poder colgar artículos largos tal como deseo necesito que el diseño me permita una cierta comodidad de lectura que el modelo anterior no tenía. Por otra parte, parece más cómodo tener los textos a la derechas y la columna con información accesoria a la izquierda. En definitiva, si no consideran este cambio beneficioso ya saben; comentad...

2.7.07

La sabiduría absoluta de Hegel. Por Luis Fernando Moreno Claros.

[Este sábado el diario "El país" ha publicado un especial sobre Hegel que consta de tres artículos. Debido a que el periódico pasará en unos días estos artículos a la sección de pago me he permitido, por todo el morro, copiarlos integramente para que puedan acceder a ellos sin tener que pagar]

G. W. F. Hegel (1770-1831) fue el filósofo prusiano de mayor relevancia durante la primera mitad del siglo XIX. Se le considera el pensador sistemático e "idealista" por antonomasia, el campeón de la filosofía abstracta y la explicación racional del mundo, el líder del pensamiento puro y, junto a Leibniz, el "optimista" filosófico -"todo lo real es racional", argumentó-. Semejante talante le granjeó desde 1818, cuando accede a la cátedra de filosofía en la Universidad de Berlín, el título de "primer filósofo de Alemania".

Sus clases rebosaban de estudiantes, pero también de público: desde artesanos hasta magistrados acudían a escuchar sus monólogos susurrantes entonados con cerrado acento suabo; y se dejaban encandilar, ávidos de una sabiduría que hacía gala de explicarlo "todo" de forma "absoluta", y que aun pareciendo incomprensible, tampoco sería falsa, sino la más pura evidencia de lo escarpado de la pendiente que conduce al cielo del conocimiento.

Hegel, alumno en su juventud del seminario de Tubinga, fue un hombre campechano, esposo y padre satisfecho; cuando en 1811, siendo director de un instituto en Núremberg, se casó con una veinteañera, argumentó: "He alcanzado mi propósito en este mundo, pues con un cargo y una linda mujercita ya tiene uno lo necesario en este mundo". Era también un asiduo bebedor de cerveza, y para muchos de sus detractores -el más infatigable fue Schopenhauer, quien lo tachó de "soplagaitas"- también sus obras parecían delirios de borracho: inconmensurables cascadas de conceptos a los que después de vomitados se les busca sentido. Pero en nada empañaron su estrella estos maliciosos enemigos. Dejó notables herederos: una fructífera "escuela hegeliana" con sus "derechas" e "izquierdas", y vástagos entre los que despuntaría Karl Marx, así como otro antihegeliano convencido: Kierkegaard.

Su nombre suele asociarse el título de su obra más emblemática: Fenomenología del espíritu. La concluyó en 1806, en Jena -en cuya universidad impartía clases-, justo la tarde en que Napoleón entraba a caballo en la ciudad. El filósofo vio al jinete desde su ventana en el mismo instante en que ponía punto final a su voluminoso libro y exclamó alborozado: "He ahí la verdadera alma del mundo, la encarnación del espíritu absoluto". Y esa misma noche Hegel tuvo que salir huyendo de su casa con todos sus manuscritos, pues la soldadesca francesa, como preámbulo a la batalla del día siguiente contra los prusianos, se empeñó en saquear su morada de profesor sin sueldo fijo. Tales eran las paradojas de la realidad histórica en su acontecer, tema que ocupaba por entonces a Hegel, quien pretendía la sistematización conceptual de todo el ámbito del saber humano o, lo que era lo mismo, la explicación racional del devenir de la "conciencia" hasta que ésta alcanza su grado más alto, el espíritu absoluto. Hasta entonces tampoco a ningún filósofo le había preocupado pensar el devenir de la historia universal, y él comenzaba a explicarla como una trasposición del desarrollo de aquella misma conciencia humana sublimada, abstracta y general que avanza desde sus estadios infantiles de pura inconsciencia hasta alcanzar su "edad adulta", el punto máximo de la lucidez. Así, esta etapa final de plenitud se alcanzaría en la historia de la humanidad tras reconocer y asumir como necesarios determinados estadios históricos: las oscuridades del mundo primitivo y la Edad Media, la Ilustración, el escepticismo y la Revolución Francesa, que son insoslayables en el avance hacia la meta final que terminará concretándose en la existencia de un Estado perfecto en su moralidad y en la administración de la libertad, y que Hegel vio en el Estado prusiano de su época.

La Fenomenología fue concebida como una primera parte de lo que pretendía ser un "sistema entero de la ciencia", la sistematización de todo el saber humano, arte, moral, religión y política incluidas, y contenía intuiciones geniales, tales como aquélla de la "dialéctica" cual motor de la formación del espíritu, a la par que corazón del devenir histórico -"tesis, antítesis, síntesis"-; o el paso de la denominada "conciencia infeliz" a la "feliz", así como el símil del "amo y el esclavo", tan fructífero para el desarrollo de la filosofía marxista.

La edición que reseñamos marca un hito en castellano. Hasta ahora contábamos con la elegante traducción de Wenceslao Roces (1966); y también Xavier Zubiri tradujo una selección en 1935. Manuel Jiménez se esfuerza por desentrañar el retorcido lenguaje original, duro empeño que proporciona un resultado quizás demasiado "técnico"; y, en su afán de superar el más difícil todavía de la claridad, hincha el texto de epígrafes explicativos, de manera que el conjunto exige una lectura casi milimétrica, y termina por asemejarse a un furioso río alpino, de cuyos rápidos es imposible salir indemnes sin canoa ni remos, instrumentos que proporciona esta minuciosa traducción.

El calvario de la conciencia. Por Isidoro Reguera.

[Este sábado el diario "El país" ha publicado un especial sobre Hegel que consta de tres artículos. Debido a que el periódico pasará en unos días estos artículos a la sección de pago me he permitido, por todo el morro, copiarlos integramente para que puedan acceder a ellos sin tener que pagar]

FENOMENOLOGÍA DEL espíritu, una de las obras más originales, caóticas, difíciles, importantes de la historia de la filosofía, describe, a su modo, el proceso de experiencia de la conciencia, es decir, el proceso normal de conocimiento, sólo que de normalidad acostumbrada, dijéramos, no hay nada: estamos en el idealismo absoluto, hijo excelso de otros tiempos, muy lejanos ya, precisamente en la conciencia. La conciencia más normal, diaria, se limita a designar un objeto, que es en el que se piensa, el que se conoce, el que se nombra en cada caso. Bien, pues por un "calvario", en ocho estaciones, de fenómenos, manifestaciones, formas, metamorfosis de la conciencia, ésta accede, ya como "espíritu", al Gólgota del "saber absoluto", que consiste en que, al final, la conciencia y el objeto de conciencia, el sujeto y el objeto de conocimiento, lo racional y lo real, no son dos sino uno. Se describen los pasos de una experiencia interior que no funciona respecto a su objeto de experiencia como en Kant: determinando previamente las condiciones de posibilidad de conocerlo; ni como en Schelling: por un conocimiento inmediato e intuitivo; ni como en la ciencia: deduciéndolo matemática o formalmente de la empiria, sino asimilándolo a sí misma en un proceso dialéctico dentro de sus propias contradicciones y mediaciones, escindida entre el concepto abstracto de un objeto y la experiencia concreta que de él hace, pero asumiéndolo todo en síntesis progresivas, que llevarán a la "reconciliación", identificación final entre concepto y experiencia, sujeto y objeto, que definen el "saber absoluto". Generalizando este vía crucis, la conciencia, la razón, el espíritu está entonces seguro de ser toda la realidad, de que lo dado sólo está presente, sólo es real, en el médium del pensar. La lógica de esta experiencia interior, que es histórica, procesual, ella misma, es la misma que la de la razón del proceso histórico de la humanidad, que por una serie de contradicciones entre sus diversos estadios (Grecia, Roma, Edad Media, Renacimiento, Revolución Francesa) llegará a una reconciliación final. Además, todo ello se juega en un interior individual y universal absoluto, cerrado, a imagen de la vida y el conocimiento de Dios, "un juego de amor consigo mismo".

Naturalmente, este modo de pensar dialéctico (superación y síntesis de contradicciones) e histórico (el pensar no tiene una historia, es historia él mismo), iniciado por Hegel hace justamente doscientos años, tuvo enormes repercusiones: en la dialéctica marxista, como es de sobra conocido, en el existencialismo, porque la historicidad hace del ser humano un simple proyecto de sí mismo (en el absurdo y al absurdo, en este caso), en el humanismo cristiano, porque la dialéctica engloba la asunción del otro en sí mismo, en la hermenéutica, porque la conciencia (histórica) condiciona la propia interpretación del objeto de conciencia, en ciertas exégesis del psicoanálisis, porque estas interioridades concienciales, complicidades autoeróticas, digamos, son muy evocadoras descriptivamente, etcétera.

Este proceso de sublimación especulativa, de supremo recogimiento de todo en todo en un punto y momento absolutos en que mundo y ser humano, Dios mismo (y cualquier intuición y concepto), se diluyen en él como simples fenómenos del espíritu, como momentos del despliegue especulativo histórico de la metafísica que la desarrolla, modos propios de la conciencia superada en lo supraintuitivo, supraconceptual, en lo absoluto como tal, que ya sólo se conservan como meros cadáveres numinosos, pneumáticos del arrasador "Viernes Santo especulativo", este nudo gordiano perfectamente urdido, que ya no dejaba prácticamente posibilidades de pensar más allá, Nietzsche lo tajaría alegremente considerándolo como "la historia de un error", sin más, de la hipoteca de lo real en vapores abstractos, iniciando con ello un nuevo modo de pensar, digamos posmoderno, poshegeliano, en el que estamos y vivimos, que no hemos superado y que no admite reconciliación alguna.

Fuente Original.




"El viaje del espíritu". Por Maria Luisa Blanco.

[Este sábado el diario "El país" ha publicado un especial sobre Hegel que consta de tres artículos. Debido a que el periódico pasará en unos días estos artículos a la sección de pago me he permitido, por todo el morro, copiarlos integramente para que puedan acceder a ellos sin tener que pagar]

He visto al espíritu montado a caballo". La frase forma parte de la leyenda romántica que rodea la Fenomenología del espíritu, de Georg Friedrich Wilhelm Hegel, y fue escrita por su autor el 14 de octubre de 1806. El día anterior había tenido lugar la Batalla de Jena, ciudad en cuya universidad el pensador impartía clases de Historia de la Filosofía y dónde Napoleón alcanzó una de sus vibrantes victorias. Ese mismo día que el emperador ponía fin a la hegemonía del Sacro Imperio Germánico, Hegel ponía el punto final a Fenomenología del espíritu, su primer libro fundamental, y la obra que supuso un antes y un después en la historia de la filosofía occidental.

La primera edición del libro tuvo lugar en Alemania un año después. Su autor había nacido en Stuttgart en 1770, el mismo año que Hölderlin y Beethoven. Sus primeros estudios los realizó en Tubinga, donde coincidió con el filósofo Schelling y el propio Hölderlin y los tres sellaron una amistad que duraría buena parte de sus vidas. Esta alianza fue importante para Hegel porque, sobre todo en sus primeros escritos, estuvo muy influido por la filosofía de Schelling, el más precoz de los tres, y la pasión por los clásicos griegos y latinos (aprendió latín con 5 años), fue lo que le unió al poeta. La devoción por la cultura clásica, patente en toda la obra de Hölderlin lo es también en la obra de referencia de Hegel, Fenomenología del espíritu.

Hegel pertenecía a una familia de comerciantes y fue pobre toda su vida. Este hombre de extraordinaria inteligencia y uno de los grandes genios de la filosofía universal hubo de pasar sus primeros años al servicio de diferentes familias como preceptor. Tenía una importante formación teológica y la religión ocupó al principio buena parte de sus especulaciones filósoficas. Su primer libro, correspondiente a la etapa llamada del "joven Hegel", fue La vida de Jesús, pero el filósofo pronto se rebeló frente al dogma religioso. La toma de La Bastilla tuvo lugar cuando él tenía 19 años, casi al mismo tiempo en que obtenía su licenciatura en filosofía, y el vigor y entusiasmo que acompañaron las ideas de la Revolución Francesa influyeron y alimentaron al filósofo que adoptó a la diosa Razón en detrimento del Dios de la religión.

Inmerso en la corriente de la Ilustración, lector de Goethe, de los hermanos Schlegel, protagonistas de la rebelión romántica, del poeta Novalis, de Schiller, de la gran literatura alemana en suma, el filósofo adoptó la razón como protagonista de su filosofía, pero su propuesta no es la de un pensamiento abstracto. "Todos somos hijos de nuestro tiempo", afirma, o "la filosofía es su propia época captada en el pensamiento". En ambos enunciados, orientados a su objetivo fundamental que era "pensar la vida", encontramos el sustrato de la Fenomenología del espíritu. El pensamiento no es nada si no está informado por la pasión y por la propia experiencia del hombre, y la vida, nuestra vida, es el lugar en el que la naturaleza, la historia y el pensamiento forman un todo. Así, lo que en el plano del pensamiento se saldará en su síntesis final con la llamativa figura del "saber absoluto", en el plano de la realidad queda encarnado en la figura de Napoleón, alguien que, en opinión del filósofo, ha superado todas las contradicciones y que ha realizado esa reconciliación final en la tierra. De ahí la frase pronunciada por el filósofo que identifica al emperador, con el espíritu montado a caballo.

Se puede decir que la Fenomenología del espíritu es el libro que inaugura el pensamiento moderno, pero a pesar de su importancia como obra clave de la filosofía mundial, el lector español no contó con una traducción completa hasta la realizada en 1966 por Wenceslao Roces para el Fondo de Cultura Económica. En 1935, el filósofo español Xavier Zubiri había traducido el prólogo, la introducción y el capítulo final sobre el "saber absoluto" para la Revista de Occidente. Hay que celebrar por tanto como un importante acontecimiento editorial, la nueva traducción realizada por el profesor de filosofía Manuel Jiménez Redondo, que acaba de publicar la editorial Pre-Textos.

La Fenomenología del espíritu es un relato que cuenta la experiencia de la conciencia. "La ciencia de la experiencia de la conciencia", lo tituló en un principio su autor. Hay quienes han calificado el libro de epopeya y quienes lo han equiparado al Fausto de Goethe, o a la figura del Quijote, por las diferentes etapas del viaje que va superando la conciencia. La obra está escrita con una enorme tensión filosófica y en ella está encerrado todo el pensamiento de Hegel que por algo lo llamó su "libro de los descubrimientos". Toda la filosofía anterior a este libro es contemplada por él como una unidad que queda superada por su sistema dialéctico. Toda la filosofía posterior, tanto el pensamiento existencialista como el marxismo, incorporaron la propuesta hegeliana de un pensamiento dialéctico. Un pensamiento que comprende el momento presente y el devenir de los acontecimientos históricos, y en el que la conciencia, el lugar en el que sujeto y objeto coinciden, es la protagonista absoluta.

La Fenomenología del espíritu es un libro complejo que requiere para su comprensión un conocimiento filosófico y exige además una lectura esforzada y atenta. Pero, al igual que ocurre con todas las grandes obras, el lector no especializado puede también encontrar reflexiones que iluminen sus propias inquietudes. En el prólogo, escrito por Hegel después de terminada la obra, el autor añora tiempos pretéritos y lamenta la pobreza de ideas del momento: "El espíritu se muestra tan pobre que, así como el peregrino que anda perdido en las arenas del desierto se conformaría con un simple sorbo de agua, así también el espíritu sólo parece aspirar a refrescarse y aliviarse con ese somero y paupérrimo sentimiento de lo divino en general. Y, precisamente por aquello con lo que el espíritu se conforma, puede medirse la magnitud de su pérdida".