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30.8.07

El mejor filósofos del s. XX.


No queda otro remedio que aceptar la conclusión democrática alcanzada en el blog. El filósofo más importante del siglo XX para los visitantes de este humilde blog es Chuck Norris. En los comentarios han hecho una breve introducción a su filosofía que paso copiar para aquellos que deseen introducirse en su pensamiento filosófico:

Menos reflexionar y más follar, que en el supuesto de que el mundo se acabe es preferible morir con las botas puestas en algo auténtico y no es una triste pose burgués-intelectualoide.
Por cierto, ya que ha ganado Chuck Norris como mejor pensador del siglo XX, ahí van las líneas básicas de su ideario filosófico (no es ninguna coña, son suyas):
1-Desarrollaré mi potencial al máximo posible en todas las perspectivas de mi vida.
2-Olvidaré los errores del pasado y me concentraré en los grandes triunfos del presente.
3-Me mantendré siempre en un pensamiento positivo y trataré de transmitir éste a todas las personas que conozca.
4-Trataré continuamente de desarrollar el amor, la alegría y la lealtad en mi familia, y comprenderé que ningún otro logro puede compensar las fallas en el hogar.
5-Buscaré lo mejor de todas las personas y les haré sentir que valen la pena.
6-Si no tengo nada bueno que decir sobre una persona, no diré nada.
7-Daré tanto tiempo a mejorar mi persona que no tendré tiempo de criticar a los demás.
8-Seré siempre tan entusiasta con los logros de otras personas como con los míos propios.
9-Mantendré una actitud de tolerancia hacia las personas que tienen un punto de vista diferente del mío, mientras todavía me mantendré firme respecto a lo que personalmente creo verdadero y honesto.
10-Mantendré respeto hacia las autoridades y lo demostraré todo el tiempo.
11-Me mantendré siempre leal a Dios, mi país, mi familia y a mis amigos.
12-Me mantendré siempre altamente orientado durante toda mi vida con una actitud positiva a ayudar a mi familia, mi país y mi persona.
(Ahora se comprende por qué ha ganado justa y limpiamente a los demás autores de la lista). Ah, y de paso ahí van unos cuantos de sus títulos fundamentales: "Golpe con golpe", "El poder de la fuerza", "Desaparecido en combate", "Juntos para vencer" y, por supuesto, "Justicia infinita".

29.8.07

Discusión en torno a: "La necesidad de una teoría del sujeto para una teoría revolucionaria".

Permítamente que aprovechando la licencia CC traiga esta discusión que actualmente estoy manteniendo a mi Blog. La discusión se centra en torno al siguiente interesante artículo trabajado por un estimado compañero pero que no puedo compartir. Dejo el artículo y debajo mi primera respuesta a dicho artículo. Iré avanzando según avance la discusión en Capitalismo y Barbarie. Ahí va el artículo de recomendada lectura: La necesidad de una teoría del sujeto para una teoría revolucionaria.
Esta es la réplica con la que se abre la discusón en la que espero vuestra participación, eso sí, en el blog ya reseñado y de donde proviene el artículo original:

"Los intentos científicos por crear una teoría científica capaz de producir el cambio social han adolecido de una perspectiva materialista seria."

Si la ciencia maneja algún tipo de teleología ésta sería la de lograr un acercamiento a la "verdad" a lo "verdadero". Con la caída en desgracia de este concepto la ciencia avanza hacia un horizonte nihilista. Una teoría científica destinada a un fin diferente que lograr una tal "verdad" no sería una teoría científica dado que renuncia a su finalidad definitoria. La ciencia, por otra parte, es plenamente descriptiva. Otra cuestión es que se aprovechen los hallazgos científicos para avanzar en una determinada dirección, pero eso ya no es ciencia, es ideología. Respecto a la idea de que Marx desarrolló una ciencia es netamente falsa, no empleó ningún método epistemológico actualmente sancionado como ciencia sino la reflexión surgida de la observación más o menos subjetiva de la realidad y ciertos matices derivados de una concepción dialéctica del mundo.

"Marx, debido al desarrollo científico de su época, no podía haber hecho una teoría del sujeto conforme a la cual crear una teoría social que articulase una forma determinada de sociedad."

La teoría del sujeto no es nada nuevo, realmente es lo que la psicología intenta, es decir, compreder cómo funcionan los sujetos. Defender que la idea de una teoría del sujeto es algo nuevo es ridículo, toda la reflexión psicológica y, en gran medida, sociológica, busca una teoría del sujeto. Por cierto, el paradigma empleado siempre es el materialista dado que no hay otro. Así que proponer una teoría del sujeto materialista es una especie de tautología que algunos venden como revolución de último cuño a nivel teórico.

"Una teoría revolucionaria necesita de una psicología para poder desarrollarse con posibilidades de ser efectiva. Los intentos de no incluir teorías del sujeto en las teorías científicas han hecho que tales teorías sociales andaran a tientas en el campo teórico y práctico."

Esto es falso plenamente, las teorías científicas que abordan al ser humano siempre manejan alguna preconcepción del sujeto, la que nos permiten los avances y la epistemología actual. Realmente lo de la necesidad de una teoría íntegra del sujeto es como decir: "vale cuando se sepa todo sobre el ser humano se sabrá todo sobre el ser humano", otra vez un concepto sin sentido. Claro, cuando la ciencia, sea la que sea y sea el concepto de ciencia que se maneje tenga todo descubierto, todo estará descubierto, ya no habrán dudas. Eso es obvio, otra cosa es que se puede abarcar todo o que exista algo así como la objetividad descriptible desde una subjetividad, algunos dudamos de esa idea de la ciencia como el "ojo de dios".

"La filosofía de este último proporcionaba lo más parecido a una teoría del mundo, más allá del ámbito social, a la vez que una teoría de la conciencia, la cual establecía una clara conexión entre sujeto y mundo."

Para Marx Hegel aportó un modelo de psicología descriptiva, como intentó posteriormente Dilthey. Actualmente la psicología descriptiva ha sido destruida y lanzada al fondo de la teoría por un modelo de psicología empírica que, por cierto, no está mostrando eficacia ninguna.

"No es una cuestión entre ciencia y metafísica, sino de situar a cada una en su justo lugar. La ciencia y la metafísica, dentro de la historia de la cultura occidental, están íntimamente ligadas, aunque a algunos les pese. Una tarea fundamental de una teoría social revolucionaria sería la de situar las posibilidades tanto de la ciencia como de la metafísica. De hecho, las teorías sociales están precedidas por arduas discusiones en torno al status de la ciencia y a su lugar con respecto a su enemigo mortal, la metafísica. "

Simplemente una cuestión, es una perogrullada, pero ahí va. Diferenciar ciencia y metafísica, algo muy sajón, por cierto, es una estupidez. La ciencia es metafísica en estado puro, dado que parte de presupuesto que son controvertibles, presupuestos metafísicos, como puede ser el propio materialismo. Distinguir entre concepciones materialistas y metafísicas es, desde mi perspectiva, erróneo. Comprendo que ha sido muy habitual en la filosofía anglosajona y que el "tic" se nos ha pegado, pero no seré el primero en recalcar que tal distinción es errónea. Entre los muchos filósofos avispados que han mostrado este error está, como no, Heidegger, creo que su postura es correcta. El materialismo, en cuanto asume como axiomas (por ejemplo, "todo es materia") postulados controvertibles es metafísica. En una situación donde el concepto físico de materia no está nada claro aún resulta más grotesca la propuesta. ¿Qué es el materialismo? El postulado que parte de que todo es "material", cómo afirmamos esto si no podemos aclarar qué sea la materia. Partimos de los átomos, bajamos a las subpartículas, aún muchas de ellas desconocidas, viajamos a la antimateria y de paso, cómo unificamos las diferentes fuerzas físicas (al menos las tres). Y las supercuerdas, son un modelo "material" o un instrumento para comprender cómo funcionan las subpartículas, cómo se equilibran los átomos. Al menos hasta que tengamos la famosa "teoría del todo" hablar de materialismo es como hablar de "espiritualismo", un concepto vacío. Ante esta cuestión, planteada a un reputado materialista, me reconocía que, en efecto, el materialismo sólo puede definirse por negación de postulados "espiritualistas", es decir, por negación a ciertas formas populares de entender la vida y las cosas. En definitiva, seamos materialistas que, para el caso, es igual que decir, seamos nihilistas.

"Otro asunto interesante e importante dentro de este tema es el del lenguaje. Estudiar al sujeto humano es estudiar el fenómeno lingüístico, en tanto que a través del lenguaje es como articulamos nuestras acciones. El lenguaje ocupa su papel central y decisivo dentro de nuestra psique. La filosofía lingüística sería una especialidad central a la hora de establecer una teoría revolucionaria del sujeto. Otras áreas serían la psico-lingüística, la fisiología…"

Lo del lenguaje, en particular el giro lingüístico, ha sido útil para lograr un enfoque nuevo dentro de la filosofía. Pero al final, ahora sí, desencadena una forma de nihilismo. El giro lingüísto tiene como presupuestos tonterías del estilo de que "los problemas filosóficos surgen del uso incorrecto o inapropiado del lenguaje ordinario" y pasa a realizar una quema de brujas con respecto a la filosofía clásica analizando cómo postulados filosóficos clásicos hacen empleos lógicamente incorrectos etc. Estos análisis no muestran nada dado que no se ha aclarado qué valor tiene la lógica, si acaso refleja las reglas del pensamiento, si acaso es una creación cultural arbitraria, si la realidad tiene una conformación lógica y, por tanto, la descripción de la realidad ha de cumplir ese patrón ( primer wittgenstein) etc. Por otra parte, el análisis lingüístico desguaza las afirmaciones sin buscar el significado sino centrándose en la coherencia interna y en el empleo del lenguaje con lo cual obliga al filósofo a dar un giro que, finalmente, culmina con la vuelta al suelo del significado, es decir, recorremos el trecho lingüístico realizando un "giro tedioso" (en palabras de rorty) que no aclara nada. El giro lingüístico además presupone, esto es indudable y está claramente explicado en todo manual, un nominalismo salvaje que, llevado al extremo, impide realizar cualquier afirmación abstracta más allá de la mera descripción. Por ello, filósofos como Ayer proponen que toda oración sea considerada significativa tan sólo si puede ser verificada bien: por la lógica, por la matemática o empíricamente. Si seguimos sus instrucciones olvidate de teorías libertarias o sociales, no podras emplear términos como emancipación (cuyo referente no existe) o libertad (que además de no poder ser verificado no existiría desde una postura groseramente materialista). El criterio de verificabilidad no hace más que imposibilitar toda forma de filosofía y toda forma de pensamiento abstracto ( curiosamente lo que nos diferencia de otros homínidos). La escuela de Oxford deseaba profundamente la involución del ser humano a su etapa primitiva, gracias al empleo de "lenguajes ideales" que funcionaran según el criterio de verificabilidad, otra explicación no encuentro. Cuando los seres humanos logremos, al fin, un "lenguaje ideal" tal como deseó Carnap o Bergman al fin ya no tendremos mundo simbólico, no pensaremos de forma abstracta (por que sería incorrecto), seríamos monos. Esa revolución no estaría mal. Bergman, un defensor de todo este asunto del lenguaje ideal, acabó por reconocer que la vida cotidiana sería imposible si siguieramos sus planes. Luego tenemos la escuela del lenguaje ordinario, más respetable, pero totalmente estancada en jueguitos. Actualmente la filosofía analítica, centrada en el giro lingüístico, se dedica a hacer la filosofía del "imaginemos que...". Desde mi punto de vista, está bien, es divertido, pero no lleva a ningún lugar.
Hagamos teoría revolucionaria imaginando que... así es más fácil. Por ejemplo, imaginemos un mundo donde no existan guerras, entonces, nadie moriría en las guerras. Fantástico, especulación límite. Eso es la filosofía analítica. Lease a los "popes" actuales, Kripke and Co, sus libros son todos un "imaginemos que...". En fin, una rama académica inútil de unos acomodados que no servían para la filosofía y que está aniquilando todo pensamiento en el mundo anglosajón. Muchos ya lo ven como un problema.
Hoy en día, la filosofía analítica es un problema académico de EEUU que muchos quieren importar, una rama muerta pero que ocupa todos los departamentos de filosofía obligando a los auténticos filósofos a impartir sus clases desde departamentos de crítica literaria, como sucedió con Rorty, como sucedió con Derrida. Para captar el asunto vease: http://www.amazon.com/Fashionable-Nihilism-Critique-Analytic-Philosophy/dp/0791454290/ref=sr_1_1/102-8396947-5496146?ie=UTF8&s=books&qid=1188370943&sr=8-1

Fashionable Nihilism. Bruce Wilshire.

Esta obra define bastante bien cómo está la cosa.

"Hasta que tal teoría se desarrolle en su totalidad, si es que un acabamiento completo es posible, deberemos ser conscientes de la fugacidad y de la parcialidad de nuestras teorías sociales actuales."

Finalmente el asunto de siempre, "cuando sepamos todo sabremos todo". Señores, somos seres finitos, nunca sabremos todo, estate tranquilo. Por todo eso es ideal recurrir a la "estética existencialista" que nos conduce a reflexiones productivas sobre nuestra finitud. Con tales reflexiones bien digeridas nadie diría cosas como "cuando sepamos todo entonces sabremos todo".

28.8.07

El acabamiento como momento más pleno.


Anoche, mientras compartía una tranquila conversación, intentando salir de la espiral de mis pensamientos me venía a la mente un párrafo de "Sein und Zeit". Un momento magistral donde la filosofía cala en lo más profundo, donde la invitación a la reflexión desborda cualquier posibilidad de pensar algo en su totalidad:

Tan pronto como el Dasein "existe" de tal manera que en él ya no haya absolutamente nada pendiente, entonces ya se ha convertido también, a una con ello, en un no-existir-más. La eliminación de lo que falta de ser equivale a la aniquilación de su ser. Mientras el Dasein, en cuanto ente, es, jamás habrá alcanzado su "integridad". Pero si la alcanza, este logro se convierte en la absoluta perdida del estar-en-el-mundo. Entonces ya nunca más será experimentable como ente. (SZ, 236)
Esta reflexión, por obvia, por magistral, quizá merece la lectura entera de la obra.

25.8.07

Sobre la encuesta. Aviso a navegantes.

Veo con cierta preocupación, queridos lectores, que en estos momentos se destila un empate técnico entre Chuck Norris y Martin Heidegger. Nada me podría amargar más la existencia que descubrir que la posibilidad de que Chuck Norris se erija como el filósofo más importante del s. XX. No sólo dejaría en un mal lugar a los visitantes del blog sino que jodería la seriedad que tanto me ha costado cosechar para este modesto blog. A esto he de sumar que los comentarios están degenerando en una especie de machangada "posmoderna".
Así que recomiendo abiertamente evitar al voto a Chuck Norris, aunque eso estropee la cientificidad de la encuesta.
Saludos.

20.8.07

Casandra.

No todo puede ser música clásica y jazz:

Se anuncia nuevo disco.


18.8.07

La originalidad de Richard Rorty.

La famosa obra de Rorty titulada "Linguistic Turn" comienza de la siguiente manera:

La historia de la filosofía está puntuada por las revoluciones contra las prácticas de los filósofos precedentes y por intentos de transformar la filosofía en una ciencia - una disciplina en la que hubiera procedimientos de decisión reconocidos universalmente para probar tesis filosóficas. En Descartes, en Kant, en Hegel, en Husserl, en el Wittgenstein del Tractatus y, de nuevo, en el de las Philosophical Investigations, se encuentra el mismo tipo de disgusto ante el espectáculo de filósofos enzarzados en un debate interminable sobre el mismo tipo de cuestiones. El remedio típico para esta situación consiste en la adopción de un nuevo método: por ejemplo el método de las "ideas claras y distintas" diseñado por las Regulae de Descartes, el "método trascendental" de Kant, la "reducción" de Husserl, el intento del primer Wittgenstein de mostrar la carencia de sentido de las tesis filosóficas tradicionales atendiendo a su forma lógica, y el del segundo de mostrar el absurdo de dichas tesis mediante el diagnóstico de las causas por las que fueron propuestas. En todas estas revoluciones la aspiración del revolucionario de turno consiste en sustituir la opinión por el conocimiento, y en proponer como significado propio de "filosofía" la realización de una cierta tarea sutil mediante la aplicación de un determinado conjunto de orientaciones metódicas.
En el pasado cada una de estas revoluciones ha fracasado, y siempre por la misma razón. Los revolucionarios se encontraban habiendo presupuesto la verdad de ciertas tesis filosóficas sustantivas pero controvertibles, tanto en las críticas a sus predecesores, cuanto en sus orientaciones de futuro.


Dice Kant en el prólogo a la primera edición de la "Kritik der reinen Vernunft" unos cuantos años antes que Rorty:

La perplejidad en la que cae la razón no es debida a culpa suya alguna Comienza con principios cuyo uso es inevitable en el curso de la experiencia, uso que se halla, a la vez, suficientemente justificado por la misma experiencia. Con tales principios la razón se eleva cada vez más (como exige su propia naturaleza), llegando a condiciones progresivamente más remotas. Pero, advirtiendo que de esta forma su tarea ha de quedar inacabada, ya que las cuestiones nunca se agotan, se ve obligada a recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico y que parecen, no obstante, tan libre de sospecha, que la misma razón ordinaria se halla de acuerdo con ellos. Es así como incurre en oscuridades y contradicciones. Y, aunque puede deducir que éstas se deben necesariamente a errores ocultos en algún lugar, no es capaz de detectarlos, ya que los principios que conoce no reconocen contrastación empírica alguna por sobrepasar los límites de toda experiencia. El campo de batalla de estas inacabables disputas se llama metafísica.

17.8.07

One-Dimensional Man. Herbert Marcuse.


Hoy he pasado la tarde traduciendo la introducción a la edición inglesa de El hombre unidimensional de Marcuse. Esta introducción se la debemos a Douglas Kellner y no está nada mal para cómo suele estar la cosa en el ambiente anglosajón. Como aperitivo, ya que la traducción la colgaré íntegra cuando termine, les dejo un par de párrafos del comienzo que sirve de breve resumen del asunto de la obra:

El hombre unidimensional de Herbert Marcuse fue una de las obras más importantes de la década de los 60 del siglo pasado. Inicialmente publicada en 1.964, fue inmediatamente reconocida como poseedora de un significativo diagnóstico crítico de la época entonce presente y acogido por la Nueva Izquierda emergente como una sentencia condenatoria de las sociedades occidentales, tanto capitalistas como comunistas. Concebida y escrita en la década de los 50 y principios de los 60 esta obra refleja la agobiante conformidad de una época y aporta una crítica de los nuevos modos de dominación y de control social. Ésta aún expresa la esperanza de un filósofo radical de que la libertad y felicidad humana puedan extenderse enormemente más allá del pensamiento unidimensional y las conductas que prevalecen en la sociedad actual. En esta crítica de las formas existentes de opresión y dominación, concebida en el seno de la visión de emancipación articulada en su temprana obra Eros y civilización, Marcuse establece una constante comparación entre lo que es y lo que podría ser un modo de existencia humana libre y feliz.
Por un lado, El hombre unidimensional es un importante trabajo de teoría crítica que continua siendo relevante hoy en día teniendo presente que las fuerzas de dominación que Marcuse examinó minuciosamente se han fortalecido cada día más y son más importantes desde que el libro fue escrito. En un resumen que describe su obra Marcuse escribió: “Este libro da con ciertas tendencias básicas de la sociedad industrial actual que parecen indicar una nueva fase de la civilización actual. Estas tendencias han engendrado un modo de pensamiento y conducta que socavan los cimientos de la cultura tradicional. Las principales características de este nuevo modo de pensamiento y conducta es la represión de todos los valores, aspiraciones e ideas que no pueden ser definidas en términos de operaciones y actitudes validadas por las formas de racionalidad predominantes. La consecuencia es el debilitamiento e incluso la desaparición de toda crítica genuinamente radical y la integración de toda oposición en el seno del sistema establecido.”
Este libro contiene una teoría de la “sociedad industrial avanzada” que describe cómo los cambios en la producción, el consumo, la cultura y el pensamiento han causado un estado avanzado de conformismo en el cual se da una producción de necesidades y aspiraciones por parte del aparato social predominante integrando así a los individuos en las sociedades establecidas.

15.8.07

Wittgenstein y la tradición filosófica.


Hoy todo parece apuntar a un nuevo empacho wittgensteniano. Se pregunta uno si vale la pena perder el tiempo con este personaje, un filósofo, digamos, que se emplea en el pensamiento por "fuerza bruta". Como Nietzsche, otro grande, la obra de Wittgenstein chirría por algunos flancos debido, sin duda, a su desconocimiento de la tradición filosófica. Wittgenstein es un filósofo surgido de la nada. En su trayectoria se conoce su lectura de Schopenhauer, filósofo que parece atraer a sectores intelectuales ajenos a la filosofía de forma muy común, en esto coincide con Nietzsche nuevamente. Su trayectoria le llevó de las matemáticas, que estudio mientras cursaba ingeniería, al conocimiento de la obra de Frege (que tan difícilmente puede considerarse en la tradición filosófica) y de aqui a la persecución y tutela de Russell.

Wittgenstein, seamos sinceros, no tenía ni puta idea de los problemas que acosaban a la filosofía de su época pero, sin embargo, supo, en muchos aspectos, dar en el clavo y sacar adelante un par de modelos filosóficos interesantes.

El "Tractatus" siempre me pareció una obra sobrevalorada que apareció en una época en la que a algunos violentos les venía bien para sustentar sus cruzadas personales contra la filosofía. Todo aquello de que los problemas filosóficos surgían de las deficiencias del lenguaje natural y que el análisis lógicos sería la salvación y terapia. Luego el propio W. se percató de que este cuento carecía de sentido, se retractó, pero ya era tarde para los fanáticos que tan bien lo había acogido. Así que el primer W. quedó ensuciado para el resto de sus días.

El W. de las investigaciones está más fino, pero no deja de parecerme lateral, me explico: toca temas interesantes, saca conclusiones reveladoras pero no se atreve a ir más allá, a llevar sus conclusiones al campo del sentido, al campo de las problemáticas más íntimamente filosóficas. Y no creo que sea por imposibilidad intelectual, sin duda era genial, sino por el desconocimiento de la tradición filosófica que le mantenía alejado de los problemas más acuciantes.

En todo caso, volviendo y reafirmándome en lo dicho hace un par de días creo interesante recalcar lo superficial de estas ideas que me surgen cuando aún apenas me he introducido con fuerza en su pensamiento. Pero como, entre otras cosas por edad, no se, me puedo arriesgar a hacer lo que ya hacen un montón de catedráticos y filosofastros de dormitorio, opinar sin tener ni puta idea. Además, para salvación de mi alma, a mi, al menos, no me pagan.

14.8.07

Encuesta a punto de cerrarse.

Quedan unas horas para que se cierre la ridícula encuesta que he situado en mi blog. Contra toda previsión parece que Savater es considerado una de las lacras más difíciles de extirpar de la filosofía del mundo mundial. Resulta curioso que salga a la luz este nombre ahora que se discute en el blog qué debe de ser la filosofía o, mejor, qué no es filosofía. Casualmente Savater parece un ejemplo fantástico para ilustrar aquello de que la filosofía se ha convertido en una disciplina donde "cabe" todo.
Carnap parece haber obtenido un cierto reconocimiento, ciertamente pasará a la historia por su ineptitud, es más, en el post anterior ilustré la cuestión con una foto suya con la esperanza de ilustrar el asunto. Wittgenstein también es reconocido con algunos votos, en su caso, se mezcló con mala gente, por no hablar del uso que se hace de su obra hoy en día. Aún así W. me parece un pensador más o menos respetable aunque jamás salta la frontera de unas reflexiones muy cerradas, cuando podría haber ido más allá sacando conclusiones más radicales de sus propias ideas. Respecto a Rorty, en su día me gustó su obra, pese a que escribe fatal y las ideas no parecen ser especialmente originales. Quizá lo más interesante sea su "cambio de rumbo" en el mundo de la filosofía, que bien podría servir de ejemplo para futuros pensadores.
Ya estoy pensado la siguiente encuesta mientras preparo un par de reseñas sobre los últimos libros leidos, espero animarme a comenzar con las reseñas de las lecturas. Mientras, gracias por participar.

13.8.07

La jerga de la filosofía.


Obviamente estoy emulando el célebre título de Adorno, cuando habla de la jerga de la autenticidad, y pretendo seguir la idea central de su texto que, por cierto, no comparto para el caso que él trata. Pretendo hablar hoy, así sobre la marcha, de un mal, una virulenta enfermedad que se extiende a todo el ámbito de la filosofía académica. Pero no quiero hacerlo de una forma rigurosa, dado que estoy escribiendo en un ataque de empacho wittgensteniano (un tio que da dignidad a la filosofía, por cierto), sino simplemente apuntar un par de cuestiones.

Una de las grandes disputas filosóficas se centra en la definición de la propia disciplina. Ya el asunto es preocupante, estamos en el seno de una disciplina, la estudiamos, y, desde el comienzo, la definición de qué sea lo que estudiamos está poco clara. La disparidad de criterios está en la base de los cismas que dentro de la academia se han producido durante el siglo XX. Excluyendo la gran cantidad de escuelas una de las rupturas más representativas, por dispares entre sí, viene representada por la ruptura que, a comienzos del s. XX, inician una serie de filósofos con respecto a lo que venía siendo hasta ahora la filosofía. Desdeñando más de veinte siglos de historia rompieron con todo el legado filosófico para iniciar una rama que, desde sus comienzos, se abre con una disputa violenta contra la filosofía pasada y presente (realmente considero la filosofía analítica profundamente enriquecedora). Siendo poco rigurosos podemos decir que estos filósofos fundaron la corriente analítica de la filosofía. La filosofía analítica se distingue de la continental por una diferencia de base, una diferencia en la concepción de qué sea eso de la filosofía. La definición de su disciplina por parte de un filósofo analítico viene a chocar con la definición de un, pongamos, hermenéuta o fenomenólogo, viene a chocar de forma irreconciliable. Pero no es mi pretensión dedicarme a decantarme por esta o la otra definición (en realidad la disputa analítica-continental que algunos caldean un día sí y otro también pertenece al ámbito extrafilosófico y es una disputa totalmente infumable, vacía y ridícula, como lo puede ser la disputa sobre si Heidegger fue nazi o Schopenhauer acudía regularmente a putas, disputas éstas últimas que han llenado libros y libros), sino que hago notar la disparidad de definiciones para recrear cómo se vive desde el seno de la filosofía el propio transcurso de ésta.

En toda esta niebla de definiciones parece que cada cual interpreta según su conveniencia lo que es filosofía y lo que no lo es, casualmente, en el ámbito académico todo el mundo reivindica para sí la autenticidad de su teorizar y la inautenticidad del teorizar del prójimo. De tal forma que en una facultad cualquiera podemos encontrar gente estudiando las cosas más variopintas y disparatadas considerando que su labor aborda el núcleo de la mismísima filosofía. En una situación donde todo vale, sentarse frente a la computadora y escribir las ocurrencias matutinas pasa por filosofía en cualquier revista sancionada por la academia. Abres la revista de cualquier facultad y encuentras una cantidad desconcertante de morralla bajo la etiqueta de filosofía, en el ámbito editorial (mientras puedas pagar la edición y acreditar un cierto status académico, te publican cualquier mierda). Una cosa, ciertamente, prima. Emplear la "jerga del filósofo". En el comercio teórico del presente muchas palabras ya dan el caché necesario para que ese artículo sea encumbrado al altar de la genuina filosofía. [ el autor borra esta parte del artículo donde se señalaban palabras de la jerga para animar al lector a que proponga algunas].

Todo esto, bajo mi juicio, no es más que la telaraña de los delirios de la gente, que emplea la filosofía, incluso viven de ella, como método catártico para mantener una cierta salubridad psíquica. La filosofía es el "saco" donde todo está permitido con la total y absoluta impunidad. Dos opciones se abren para el aspirante a filósofo, estudiar o, simplemente, opinar alegremente. La mayoría opta por esta segunda alternativa y, en efecto, llegan lejos.

Si bien creo que la filosofía no puede ser definida positivamente, pues perdería su riqueza, 20 siglos de experiencia filosófica nos permiten definirla por negación. Esto, esto otro y aquello... eso no es filosofía. No quiero decantarme, aunque tengo claro que muchas cosas de las que se escriben están más en el ámbito del delirio, la locura y la egolatría que en el estricto ámbito de la filosofía. Mientras tanto, algunos, creemos todavía que el acceso a la filosofía pasa por el arduo estudio, que para leer a Heidegger tienes que saber Alemán, que para leer a Mill tienes que saber inglés, que para hablar de fenomenología tienes que leer a Husserl, que para opinar de esto o de aquello tienes que conocerlo en profundidad. Todo esto teniendo presente que conocer a Kant, a Hegel etc. no es estudiarlo durante dos años, leerlos en inglés (porque el alemán es un coñazo o en la traducción de "fulano mendoza" en la editorial "porrua") o ir a cuatro seminarios acerca del susodicho, sino que conocer a Kant, conocer a Hegel es la labor de una esforzada vida y, también, por eso hay que estudiarlos, la única puerta hacia la filosofía.

Claro que me gustaría decantarme y señalar, y hasta sacaría un par de artículos que tengo para ilustrar aquello que no pasa del delirio (citas erróneas, lecturas mal digeridas, estupideces apologéticas, joder tengo frases increibles *lean el nuevo premio anagrama de ensayo "La ceremonia del porno" y tendrán un ejemplo de encadenamiento estúpido de tópicos baratos). Pero no quiero hacerlo por un motivo evidente, odio la disputa y, además, me parece que resulta dogmático intentar extirpar el delirio de la filosofía, programa que sólo conduciría a una quema de brujas aún más delirante.

12.8.07

Tiempo y religión.

En la mayor parte de las sociedades religiosas, la inmovilización del tiempo tiene como función abolir la distancia que separa el presente del pasado mítico, del tiempo de nuestros orígenes. La identificación del creyente con los acontecimientos fundadores, la vuelta al orden primordial, son experiencias centrales de la vida religiosa. ( S. Mosès, El ángel de la historia, Editorial Cátedra, Madrid, 1.997, trad. Alicia Martorell, p. 75)

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Agregame yaaaaaa !!!!: zenskull3001@hotmail.com

11.8.07

La utopía al fondo de la historia.

Cuando el pacto social ya sólo descansa en la conciencia escéptica de que nada esencial cambiará nunca, es decir, en la frustración de todas las esperanzas, la energía utópica ya sin objeto se consagra en su totalidad ( a modo de compensación) a ensoñaciones escatológicas, a la espera de la catástrofe final que destruirá el mundo, para que de sus ruinas pueda surgir una humanidad nueva. ( S. Mosès, El ángel de la historia, Editorial Cátedra, Madrid, 1.997, trad. Alicia Martorell)

5.8.07

Nuevo filoblog: "La audacia de Aquiles".

Navegando por la red he encontrado un nuevo blog que tiene por temática la filosofía. Apenas lleva dos meses pero ya promete mucho: "La audacia de Aquiles" [filoblog]

4.8.07

Sólo un dios puede aún salvarnos. Por Jacobo Muñoz Veiga.


Abordando lateralmente algunas cuestiones que venimos tratando recomiendo este artículo:

Al parecer, el polémico tema de la probada relación positiva, aunque incidental y de calado último todavía oscuro, de Martin Heidegger con el movimiento nacionalsocialista está condenado a salir a la luz pública con agria recurrencia. Desde el ya lejano 1946, en que Karl Löwith, Alphonse de Waelhens y Eric Weil polemizaron en las legendarias páginas de Le Temps Modernes sobre las presuntas «implicaciones políticas de la filosofía de la existencia» hasta la reciente oleada de tomas de posición de uno u otro signo motivada por el minucioso libro de Víctor Farias -un tanto policiaco en su intención de fondo, todo sea dicho-, la discusión no ha cerrado nunca, en efecto, su curso. En el tono menor y en los ámbitos restringidos, claro es, que parecen, de acuerdo con la naturaleza de la cosa, corresponderle. De ahí lo llamativo de la amplitud publicística del eco despertado por el libro de Farias... Un libro, por cierto, en el que la tan vieja como sorprendente tendencia a centrarse exclusivamente en el «caso Heidegger» es llevada al virtuosismo. Al menos Lukács, como acaba de recordar Pierre Aubenque, aún se tomó la molestia de integrarlo en un poderoso contexto, anti-ilustrado, en definitiva, cuya bifronte y decisiva sustancia última -para lo que aquí está en juego- ignoran ya, sin mayores escrúpulos intelectuales, los apasionados de las anécdotas.

Los desafíos que plantea el pensamiento de Heidegger están, sin duda, en otro sitio. O no se agotan, si se prefiere, en los aledaños de 1933. ¿Cómo entender, si no, la fascinación que ha ejercido y ejerce sobre los más variados espíritus`? La lista sería interminable: desde los intérpretes en clave fenomenológico-existencial de Ser y Tiempo, al modo de Sartre o Merleau-Ponty, a los que en Heidegger han visto la más profunda crítica desarrollada en nuestro siglo de la filosofía fundamentalista de la consciencia y del primado del sujeto propia de la Modernidad hoy adjetivable ya como «clásica». O a los que han encontrado claves «deconstruccionistas» máximamente potenciables en su vigorosa «destrucción» de la historia de la filosofía. O a los que han pretendido, en fin, aprender de su crítica radical de la modernidad técnico-planetaria y su razón-de-dominio. La lista sería interminable: Derrida, Gadamer, Marcuse, Hanna Arendt, el mismo Foucault, Goldmann, los neopragmatistas a modo de Rorty, Jacques Lacan, Blanchot, Vattimo...

¿En otro sitio? Tal vez en la inclemente lógica epocal «cristalizada» que nos ha llevado a ser lo que somos y no somos en un mundo en el que el agotamiento de las premisas morales de la Ilustración coexiste, por decirlo al modo de Gehlen, con el funcionamiento cada vez más automático de sus consecuencias materiales. En lo que confiere, por tanto, de hecho su rara capacidad de influencia a la crítica «radical» de la modernidad desarrollada, en sintonía con Nietzsche y Weber, por Heidegger. Esto es -y como simple hipótesis de trabajo cuyo desarrollo hasta sus últimos recodos resultaría, sin duda, más fructífero que el fácil cultivo de la «caza de brujas»-: en la creciente consciencia pública, más cínica que trágica, desde luego, del carácter nihilista de nuestro tiempo. (Y ello con independencia del grado de «vitalidad programática» que aún pueda corresponderles, más allá de los usuales discursos autolegitimatorios de los dueños de este mundo, a las «premisas normativas» de la Modernidad.)


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¿ Fue Heidegger antisemita?


Retomando la prensa rosa de la filosofía Safranski se pregunta explícitamente por el antisemitismo de Heidegger, ¿lo era?. Esto responde (y de vuelta a la filosofía):

No lo fue en el sentido del delirante sistema ideológico de los nacionalsocialistas. Pues llama la atención que ni en las lecciones y los escritos filosóficos, ni en los discursos y panfletos políticos aparezcan observaciones antisemitas o racistas. Cuando, por ejemplo, en la circular enviada antes de la fiesta de mayo considera como "mandato de la hora" la "construcción de un nuevo mundo espiritual para el pueblo alemán", no quiere excluir de esta tarea a nadie que esté dispuesto a colaborar con ella. El nacionalsocialismo de Heidegger era decisionista. Lo fundamental para él no era la procedencia sino la decisión. El hombre no ha de juzgarse por su "estar arrojado", sino por su "proyecto". En este sentido la insistencia de Heidegger pudo se útil a colegas judíos cuando él reconocía su obra. Cuando Eduard Fraenkel, catedrático de filología clásica, y Georg von Hevesey, profesor de física y química, iban a ser despedidos por razón de su condición de judios, Heidegger intentó evitarlo con un escrito al Ministerio de Cultura. (Safranski, Un maestro de Alemania, editorial Tusquets, Barcelona, 2.003, trad. Raul Gabás, p. 299)



2.8.07

"Martin Heidegger, Blut und Boden". Desde el Neoconomicón.


Siempre he pensado que los blogs no eran útiles para publicar artículos largos pues resulta tedioso leerlos sin imprimir. En cualquier caso, este artículo lo he leído sin poder separarme de él. El autor toca un tema muy manido pero aportando un enfoque que resulta interesante: Heidegger y su ideología política nacionalsocialista:

"Guste o no, la figura de Martin Heidegger se alza en mitad del siglo XX y es clave para entender el pensamiento -o lo que ha pasado por tal- europeo de la segunda posguerra para acá. Por más que sus vínculos con el nazismo hayan sido más que tangenciales -quizás, incluso por ello mismo-; y por más que maliciemos, parafraseando la vieja censura borgeana, que su obra pertenece más a la historia de la filosofía que a la filosofía propiamente dicha."
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El ambiente de una época en "La montaña mágica" de Thomas Mann.


Si alguna época ha sido fértil en lo que a filosofía de la historia se refiere ésta es la etapa previa al inicio de la segunda guerra mundial y, en especial, en Alemania. Desde Oswald Spengler, pasando por José Ortega, Erns Jünger, etc. el ambiente estaba cargado de una sensación de decadencia occidental, de época sin-sentido. Todo esto aderezado con ciertos matices irracionalistas formaba parte de una época filosóficamente desesperada y desesperante. Cierto que la idea pesimista era común entre los pensadores conservadores, incluso filonazis (entre ellos Heidegger y Jünger) pero no eran ajenos a esta sensación algunos intelectuales demócratas. En "La montaña mágica" de Thomas Mann podemos leer este párrafo cargado de historicismo, cierto irracionalismo y mucho de pesimismo, para mí, un fiel reflejo de una época:

"El hombre no sólo vive su vida personal como individuo, sin que, consciente o inconscientemente, también participa de la de su época y de la de su scontemporáneos, así que, por más que considerase las bases generales e impersonales de su existencia como bases inmediatas, dadas por naturaleza, y permaneciese alejado de la idea de ejercer cualquier crítica contra ellas, como era el caso del buen Hans Castorp, era muy posible que sintiese su bienestar moral ligeramente afectado por sus defectos. El individuo puede tener presentes toda clase de objetivos personales, de fines, de esperanzas, de perspectivas, de los cuales extrae la energía para los grandes esfuerzos y actividades; ahora bien, cuando lo impersonal que le rodea, cuando la época misma, a pesar de su agitación, en el fondo está falta de objetivos y esperanzas, cuando ésta se revela como una época sin esperanzas, sin perspectivas, sin rumbo, y cuando la pregunta sobre el sentido último, inmediato y más que personal de todos esos esfuerzos y actividades - pregunta planteada de manera consciente o inconsciente, pero planteada al fin y al cabo-, no encuentra otra respuesta que el silencio vacío, resultará inevitable que, precisamente a los individuos más rectos, esta circunstancia conlleve cierto efecto paralizante que, por vía de lo espiritual y moral, se extienda sobre todo a la parte física y orgánica del individuo. Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable que rebase la medida de lo que comúnmente se practica, aunque la época no pueda dar una respuesta satisfactoria a la pregunta "¿para qué?", se requiere bien una independencia y una pureza moral que son raras y propias de una naturaleza heroica, o bien una particular fortaleza de carácter." (Thomas Mann, La montaña mágica, Editorial Edhasa, Barcelona, 2.005, trad. Isabel García Adánez, p. 50)