
Hoy se ha presentado en la facultad de filosofía de la
ULL la primera obra publicada de José María Chamorro, lleva por título:
"Lenguaje, mente y sociedad". Esta obra, que en su día pude leer, viene a formar parte de un conjunto de cuatro volúmenes que compondrán su modelo filosófico general. Sin embargo, este no es, por orden lógico, el primer volumen de la serie sino el tercero. Tras esta obra se espera la salida del cuarto tomo, dedicado íntegramente a la cuestión política, y, posteriormente, el primer y segundo tomo donde analiza sus influencias e intenta mejorarlas críticamente en lo posibles.
Para situar este libro recién salido hemos de apuntar que el propósito de esta obra y, diría yo, de toda la serie es el de edificar una teoría del sujeto en clave materialista y determinista o, al menos sentar las bases para dicha construcción, que sirve, finalmente, para lograr que las ciencias sociales sean productivas a nivel político, es decir, capaces de modificar la realidad social. Para ello se vale de multitud de recursos: la teoría de sistemas, los avances en cibernética, la reformulación de la perspectiva positivista y los avances en neurociencias. Tenemos, por tanto, en la obra de José María Chamorro un proyecto de protociencia social con grandes espectativas de desarrollo y aplicación en el campo social.
La obra se presenta como controvertida desde sus primeros compases, sosteniendo una postura materialista el autor tiene la convicción de que de ella se sigue un causalismo imperturbable, esto es, determinismo. Por tanto, el sujeto, como ente material, será el efecto de la construcción social a la que se ve sometido. Es aquí donde, como apuntaba una de las ponentes en la presentación, se sigue una máxima política (personalmente me recuerda mucho a Spinoza): tal máxima afirma que habrá que construir (fabricar, emplea el autor en su obra, aunque tal término pueda resultar chocante), dentro de la determinación, al sujeto de tal manera que sea capaz de extraer la máxima potencialidad de sí. Aunque Chamorro no cita en su bibliografía a Spinoza la referencia implícita, lo considere o no como un precursor, es obvia. Cabe destacar también que dentro de los postulados básicos en torno a los que se logrará tal fabricación destacan dos: proveer al sujeto de un entorno afectivamente satisfactorio y lograr una sociedad plenamente igualitaria donde el sujeto pueda "crecer" y "desarrollarse" como tal. La apuesta metodológica está decantada del lado de importar de las ciencias naturales eso que se ha dado en llamar método, es decir, con Chamorro retomamos una discusión ya presente en la antigua Grecia ( filosofía naturalista vs. filosofía especulativa) y fielmente representada en la modernidad por la postura de Kant y su propuesta de llevar la metafísica al lugar seguro de la ciencia. Sin embargo, en este caso no se trata de metafísica, entendida como análisis de las posibilidades de conocimiento, sino de las ciencias sociales. Como representante actual de, digamos, Comte, Chamorro propone que sea la ciencia la encargada de desarrollar la teoría del sujeto, este punto, francamente, no me parece muy polémico, ha sido infinidad de veces propuesto pero, en este caso, Chamorro hace aportaciones en el terreno de la epistemología para que tal consecución sea posible. No voy a desgranar más, aunque adelanto, que la obra consta de cuatro centenares de páginas en una prosa clara y accesible aunque muchas veces cargada de conceptos que se nos pueden escapar (hay que aclarar que, tal como revela la bibliografía, el profesor Chamorro se mueve filosóficamente en el marco conceptual de la filosofía anglosajona o analítica además de valerse de otros, como se dice, campos de conocimiento, como si tal cosa estuviera dividida en compartimentos). Se echa de menos, pese a los enormes esfuerzos del autor, una reflexión más extendida acerca de su concepción filosófica de la ciencia y un "cara a cara" con los relativistas de mayor o menor pelaje (Kuhn, Feyerabend and Co.), cosa que esperamos encontrar en los siguientes volúmenes, en particular el primero y segundo de la serie total. La lectura, a nivel personal, me resultó agradable en lo que concierne al estilo y no puede, en este sentido, ponerse ninguna pega. Salvo que seamos "hermenéutas oraculares" o "fenomenólogos nocturnos" me parece que la exposición clara es una virtud que siempre es de agradecer.
En lo que concierne a las críticas he de mencionar que desconozco críticas publicadas acerca de la incipiente obra, aunque lleva unos meses en circulación y, francamente, una crítica con fundamentos, que, sin duda, se puede realizar, necesitaría de un estudio detenido de las propuestas y los presupuestos cosa que, con lo reciente de la publicación, no parece que nadie halla realizado.