31.7.08
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La falsa claridad como ideología.

En varias ocasiones he dedicado alguna que otra cita a traer a la reflexión hasta qué punto la claridad lingüística y las reglas de intelegibilidad que se exigen desde algunos ámbitos de la filosofía, por ejemplo, la filosofía analítica, no hacen más que esconder la perversa ideología de abogar por una reproducción y cosificación permanente de la situación presente. Las presuntas normas de corrección que cohartan la creación filosófica y terminan por convertir el mensaje en algo tan hueco como resabido no son más que el arma que desactiva la filosofía como pensamiento crítico para con el presente. A través de Judith Butler ya reflexionabamos sobre la ligazón entre el estilo y la normatividad, la ligazón entre las normas de estilo impuestas y la solidificación del patrón normativo vigente, en muchos sentidos sofocante, resulta cada día más evidente. Quizá con mayor contundencia, pero en el mismo sentido alertaban Adorno y Horkheimer en su "Dialéctica de la Ilustración" y es con ellos con los que completamos este tejido de citas y argumentos en favor de un lenguaje no alienante, de un estilo fresco y novedoso, en definitiva, de la conexión existente entre la filosofía, el estilo con el que se desarrolla en su plasmación lingüística y el valor de progreso, si tal palabra se permite, que esto implica. A este respecto advierten Adorno y Horkheimer en el prólogo a la susodicha "Dialéctica de la Ilustración":
Si la opinión pública ha alcanzado un estado en el que inevitablemente el pensamiento degenera en mercancía y el lenguaje en elogio de la misma, el intento por identificar semejante depravación debe negarse a obedecer las exigencias lingüísticas e ideológicas vigentes, antes de que sus consecuencias históricas universales lo hagan del todo imposible. (Adorno y Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 2004, p. 52)
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¿Existen los géneros? Aproximación fenomenológica.
Desde el momento de nuestro nacimiento recibimos de un modo pre-racional, acrítico y pre-reflexivo diferentes modos de actuar determinados por nuestra cultura, por la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Ahora bien, esta construcción está llena de pre-juicios, más bien, es un pre-juicio en sí, ya que sólo nos limitamos a reproducir de un modo ingenuo lo que nos es dado, sin construirlo nosotros de un modo reflexivo, crítico, sin darle sentido propio completamente.
A este nivel, el nivel fenoménico, cada individuo pertenece a un género por el sexo con el que ha nacido. Así, en lugar de construir su propia identidad esta le es dada. Al hecho de haber nacido hombre se le asocian toda una serie de características como la valentía, la fuerza, la decisión... mientras que por haber nacido con cuerpo de mujer hemos de ser sumisas, tranquilas, cariñosas...por qué? si realmente cada sujeto ha de construir su mundo, ha de dotarlo de sentido intencional, ¿qué sentido tiene? es cierto que nuestro entorno nunca dejará de determinarnos, pero hay que revisar hasta qué punto debemos permitirlo.
Esta revisión la hace la fenomenología mediante la epojé, es decir, gracias a la suspensión de juicio comenzamos a dudar de eso que hasta el momento hemos visto como natural. Desde ahora, una vez descubiertos los pre-juicios, estamos en disposición de superarlos, pasando a ser nosotros los protagonistas de nuestra vida.
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28.7.08
La guerra por la democracia.
Por cierto, desde Caosmosis llega otro interesante documental, les dejo con la nota que me han enviado:
Irónico y corrosivo documental de Erik Gandini, realizado por la productora independiente ALMO de Estocolmo.Parte de un análisis del papel del consumidor actual. Una representación perfecta y excepcional de la cultura antisistema.Entre una edición frenética, un constante acompañamiento musical y un inagotable juego de montajes audiovisuales,Surplus logra poner en evidencia las contradicciones del sistema.
Enlace a este documental: aquí.
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25.7.08
El libro más caro del mundo es un libro de filosofía.
El libro más caro del mundo cuesta 153 millones de euros
El libro más caro del mundo tiene un precio de 153 millones de euros y sólo consta de 13 páginas escritas. Su autor, Tomas Alexander Hartmann, presentará al público su obra por última vez en el Art Dubai de marzo de 2009. El precio es tan elevado porque, según Hartmann, ha resuelto las tres cuestiones más importantes de la humanidad en menos de 300 frases.
¿De dónde venimos?, ¿a dónde vamos? ¿cuál es la misión real que todavía está por realizar? Son algunas de las dudas que en tan sólo 13 páginas resuelve Hartmann. Por eso, según él, se justifica un precio tan elevado que ha situado su obra como la más cara de la historia.
Sin embargo, el autor está cansado de los comentarios críticos que ha despertado su libro y, por eso, ha decidido no volver a exponerlo tras la feria de Art Dubai que se celebrará en marzo de 2009.
A pesar del excesivo precio, el libro tiene una apariencia muy sencilla. Hartmann argumenta que el precio de 153 millones de euros se basa en el valor del contenido del libro. Ésta es probablemente la razón por la que ha renunciado a los diamantes que, de otro modo, podrían esperarse sus lectores con esta cantidad de dinero a desembolsar.
"El alto precio de un libro se debe a su perspectiva más profunda, que hace que el valor del libro sea de hecho incalculable", afirma el autor. No obstante: El libro es supuestamente una obra de arte del artista alemán -realizado por un antiguo proveedor de la corte de un duque de Weimar-. Además, la copia está escrita en la lengua del comprador.
El texto se traducirá finalmente a 150 idiomas y, utilizando una técnica especial, su cubierta se realizará con oro fino. Además, todos los derechos de licencia se asignarán al comprador de la 'joya'.
En la feria del libro de Frankfurt celebrada en octubre de 2008, a un precio de 153 millones de euros, el autor planteó ofrecer "sólo" su poema, que está nominado para el premio Lyrics Award.
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23.7.08
Deleuze y la W.
Claire Parnet:
Bueno, pasemos a «W», y «W»...
Gilles Deleuze:
¡No hay nada en «W»!
Claire Parnet:
Sí, es Wittgenstein; ya sé que no significa nada para ti, pero me gustaría que dijeras sólo unas palabras...
Gilles Deleuze:
De eso nada, no. Sí, no quiero hablar de eso. Para mí es una catástrofe filosófica, es el tipo mismo de una escuela, es una regresión de toda la filosofía a –una regresión masiva de la filosofía... el caso Wittgenstein es muy triste, sí, han montado un sistema de terror en el que todo... so pretexto de hacer algo nuevo, pero es... es la pobreza instaurada como grandeza –es, en fin, no hay palabras para describir ese peligro, sí. Es un peligro que se repite, no es la primera vez que se ha repetido, pero es grave. Sobre todo porque son malos, los wittgensteinianos, y además lo destrozan todo. Si se salen con la suya, entonces se habrá cometido un asesinato de la filosofía. ¡Si se salen con la suya! Son asesinos de la filosofía, sí, sí.
Claire Parnet:
¿Y es grave?
Gilles Deleuze:
Sí, sí... ¡Es precisa una gran vigilancia!
Vía.
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22.7.08
El rincón aquel, donde dormimos juntos...(Cesar Vallejo)

En el rincón aquel, donde dormimos juntos
tantas noches, ahora me he sentado
a caminar. La cuja de los novios difuntos
fue sacada, o talvez que habrá pasado.
Has venido temprano a otros asuntos
y ya no estás. Es el rincón
donde a tu lado, leí una noche,
entre tus tiernos puntos
un cuento de Daudet. Es el rincón
amado. No lo equivoques.
Me he puesto a recordar los días
de verano idos, tu entrar y salir,
poca y harta y pálida por los cuartos.
En esta noche pluviosa,
ya lejos de ambos dos, salto de pronto...
Son dos puertas abriéndose cerrándose,
dos puertas que al viento van y vienen
sombra a sombra.
( Cesar Vallejo)
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20.7.08
Complejo de Edipo no resuelto y homosexualidad.
El interés en indagar en el psicoanálisis y el motivo por el que es tan criticado desde, por ejemplo, los teóricos y teóricas queer es que su concepción del deseo es antagónica con respecto a las propuestas que emergen desde la matriz de la teoría del deseo presente en "Historia de la sexualidad" de Michel Foucault. A título introductorio y sin ansias de entrar mucho en el asunto diré lo siguiente enfrentando a ámbos autores. En primer lugar, desde el psicoanálisis se sostiene que existe un núcleo institivo (la libido) que puede ser focalizado en diferentes sentidos. En este focalizar toparíamos con el origen del deseo, dicho deseo, sin embargo, sólo puede adoptar unas determinadas formas concretas que dependerán, sobretodo, de la resolución del Edipo, ya sea femenino o masculino (recordemos que Freud se oponía al término Electra para designar el Edipo femenino). Frente a esta postura tenemos la de Foucault desarrollada, especialmente, en su inacabada "Historia de la sexualidad". Para Foucault el deseo está marcado, ante todo, por las imposiciones performativas de la sociedad, es decir, el deseo es una construcción social que se ejerce sobre el sujeto desde el exterior. A la postura Foucaultiana se adhieren autoras como Judith Butler. Según mi criterio este es el motivo por el que las teóricas queer y algunas feministas emprenden la pesada labor de atacar las posturas psicoanalíticas con tanto ahínco ( es obvio que otro motivo, especialmente por parte de feministas, para atacar el psicoanálisis y, en especial, el lacaniano, es el evidente falocentrismo de sus propuestas). Atacar éstas y lograr derribarlas teóricamente sería el ejercicio previo para poder reafirmar la postura propia, como he dicho, inspirada en Foucault.
Aunque durante el siglo XX se han desarrollado otras teorías para explicar la génesis y focalización del deseo, según mi criterio, estas dos han sido las más existosas. Respecto a las pruebas que avalan una y otra hemos de decir que ambas cuentan con algunos puntos a su favor y otros en contra. Que el deseo tiene su origen únicamente en el moldeaje social queda en entredicho con casos como el célebre "caso Reimer", sin embargo, por otra parte, muchas investigaciones han puesto al descubierto (pasando por la propia investigación de Foucault) hasta qué punto procesos como el performativo tienen una enorme influencia en la construcción del deseo. Es muy probable que este asunto no pueda resolverse situando las razones de un sólo lado y que requiera equilibrar la balanza entre el poder de los influjos externos e internos en la vertebración del deseo. Pese a todo, en el estado de conocimiento actual todo parece apuntar a que la postura más certera está posiblemente más cercana a la visión foucaultiana que a la freudiana. En todo caso, en última instancia, el asunto queda en manos de la opinión personal. Sin más:
En La interpretación de los sueños, Freud postula que los conflictos sexuales y amorosos están en la base de casi todas las neurosis personales: solucionados los problemas de la alimentación y del reparo de la intemperie -techo y ropas-, para el hombre surge la emergencia de su satisfacción sexual y afectiva. A esa apetencia combinada la denomina libido, y la misma se haría sentir desde la infancia. Freud y sus seguidores sostienen que las manifestaciones de la libido son muy variadas, pero que las reglas de la sociedad obligan a vigilarlas en un constante acecho, sobre todo para preservar la base del conglomerado social: la familia. Las dos manifestaciones más inconvenientes de la libido resultarían por lo tanto los deseos incestuosos y los homosexuales.
Seguir leyendo.
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La credibilidad de la psicología científica.
Vía.
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18.7.08
La técnica, una pregunta por el futuro.

El célebre texto "pregunta por la técnica" de Martin Heidegger no sólo fue brillante en su día sino que, con el paso de los años, no hace sino arrojar más luz sobre la situación de la humanidad en su conjunto. En lo accesorio del texto ya Heidegger muestra su preocupación, en un atisbo que cada día se constata más en su certeza, por la energía y, en particular, por la energía nuclear en tanto usada y explotada por los seres humanos. En gran medida, prevé que el gran asunto del futuro será el energético en todo lo referente al desarrollo de la técnica moderna, por cierto, ésta será una de las fuentes de peligro. Sin embargo, según mi criterio, en el contenido de peso encontramos que Heidegger rebate muy certeramente la ingenua creencia de que la técnica moderna es, o puede ser, un medio con respecto a fines humanos. La técnica moderna no es un medio en ningún sentido, muy al contrario, nosotros somos un medio para su desarrollo, hasta el punto que, desde la perspectiva del desarrollo técnico, no somos más que existencias como lo pueden ser los panes en la panadería o las computadoras en la tienda de informática. Para sostener esta tesis alude al término Gestell ( uno de los conceptos centrales de toda su obra). De difícil traducción, ha sido costumbre en el ámbito hispano traducirlo como "estructura de emplazamiento". Aunque sin abordar en toda su magnitud el término sí cabe apuntar que mediante su uso se hace claro hasta qué punto el ser humano no puede valerse de la técnica como un medio. Repito , centrándome sólo en uno de sus matices, podemos asegurar que el ser humano, en su vivir histórico, se encuentra ya plenamente exhortado a actuar de tal o cual manera en relación con la técnica, es decir, viene ya determinado a actuar de tal o cual manera. Esta tal o cual manera se da siempre en forma de ser un medio, una existencia, para el desarrollo técnico. Trayendo el asunto a un terreno menos árido, encontramos que, sin ser citadas, debajo del argumento heideggeriano se esconde la negación de la libertad metafísica, que sería la única que permitiría sustraernos a la situación presente del conjunto y, en particular, del desarrollo técnico, para voltear las tornas. El ser humano es, en el estado actual de cosas, una mera existencia de todo un modelo, fortificado y solidificado, en gran medida, por el desarrollo técnico. Sustraerse a la Gestell implicaría poder sustraerse a la red de determinaciones históricas y, aún así, queda en la sospecha si podría lograr un empleo de la técnica como medio para fines loables. Francamente, en un alarde de realismo (al más puro estilo hegeliano), el argumento heideggeriano es difícil de rebatir porque se ha constatado de una manera harto obvia. En efecto, las cosas podrían ser de otra manera, más eso, como nos conduciría al terreno de la posibilidad que, sin duda, es siempre el más sutil y, con ello, metafísico de los mundos, tendría el handicap de obligarnos a: primero, sustraernos a un mundo marcado de manera determinista, donde la semilla del presente ha estado siempre ahí, y, segundo, a realizar un viaje a los terrenos más alejados de lo fáctico imaginables.
Sin más, valiéndome del post anterior, remito a él bajo la invitación de un enfrentamiento directo al texto. Entre otros motivos, porque el argumentario heideggeriano queda empobrecido en mi exposición además de, sin duda, embrollado. Francamente, el texto heideggeriano no sólo nos conduce a una reflexión sobre la técnica sino que, desde una postura pragmática, nos conmina a que nos preguntemos cómo hemos de actuar con respecto a ella, nos conduce, por tanto, al intrincado terreno de la política.
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17.7.08
La paradoja del "determinismo posibilista".
En efecto, se puede contestar a mi reflexión con la postura compatibilista en lo que a libertad-determinismo se refiere. Hemos conocido muchos filósofos que creían en tal compatibilidad, entre los clásicos, destaca Spinoza. Francamente, la tesis compatibilista siempre ha sido una suerte de malabarismo asentado en cierta egolatría, que culmina en la postura "yo puedo ser un dios". El modelo spinozista, en efecto, niega a dios en favor de imaginar un estado de conocimiento en el que podemos operar tal como lo haría un dios, es decir, en un mundo determinado "eligiéndonos" en cada momento y esto a través de un proceso de avance en el conocimiento. Llegará un estado de conocimiento en que conociendo las causas que nos determinan podremos, en cierta medida y, siempre internamente, sustraernos a ellas. Todos los modelos deterministas de izquierdas suelen transitar esta vía para evitar llegar al extremo hegeliano. "Conozcámonos" dicen "así podremos conocer lo que nos causa". Bien, uno se pregunta, ¿y qué?. Si aceptas el determinismo ya puedes conocer las causas que la determinación no deja de existir. El malabarismo, en definitiva, por complicado puede engañarnos pero no es válido.
La paradoja no es baladí pues ataca de lleno las posturas que servidor, por ejemplo, desea defender. Por un lado, el materialismo nos deja dos alternativas, dependientes del modelo de física teórica al que nos adhiramos, un determinismo estricto o un determinismo con flecos de azarosidad. Por otro lado, el "izquierdismo" político ( término ambiguo donde los haya, pero al que nos sumamos por mera intelegibilidad) desea afirmar "otro mundo es posible", es más, sólo puede existir bajo tal premisa. Creo que la resolución sincera de esta situación, aunque nunca será definitiva, podría conllevar un auténtico drama, es decir, la obligación teórica de tener que prescindir de una de las dos posturas. Aunque siempre quedará la postura compatibilista que es, en efecto, la mayoritaria entre las personas que han pensado este asunto más o menos a fondo. Una postura que, dándole una patada a la lógica ( que tampoco esta mal), nos permite conservar algo de esperanza.
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16.7.08
Martin Heidegger y la cuestión del ser.

En la red hispana de blogs encontramos auténticos referentes de enorme calidad. Entre ellos cabe destacar Filosofía e Historia. Blog de reciente creación pero cuyos artículos cuentan con una enorme calidad. En esta ocasión me ha llamado la atención su último artículo. Aunque aborda algunos puntos bastante elementales y, por ello, trillados de la obra de Heidegger lo hace con una brillantez increible. Artículos que nos permiten reencontrarnos con la magna obra heideggeriana, tantas veces acusada de mero fraude, en toda su magnitud. Sin más:
La preocupación por la cuestión del Ser se remonta a los orígenes de la filosofía, concretamente a los presocráticos. También Platón y Aristóteles trataron del Ser con seriedad. Pero, con el transcurso de los siglos, la preocupación por el sentido del Ser quedó desplazada en un segundo plano, en parte por la precomprensión que tenemos de dicha cuestión. Sin embargo, a principios del siglo XX, el filósofo alemán Martin Heidegger volvió a retomar esta cuestión, alegando que es el principal problema de la filosofía, si no el único.
Leer íntegro.
Recomiento imprimirlo, como ha hecho servidor, y leerlo atentamente.
Un blog más antiguo y, con un creciente interés puesto que también cuenta con una página para textos largos, es el de Erinque Eskenazi. Aunque no cuenta con una gran regularidad en sus publicaciones pronto comprendemos que esta circunstancia se debe a la enorme calidad de sus artículos. A medio camino entre la filosofía y la psicología de mejor raigambre Enrique siempre deja artículos que merecen ser leídos atentamente. En esta ocasión se centra en una de las aportaciones más preclaras acerca de la técnica realizadas por el pensador alemán Martin Heidegger. Muy en relación con el artículo anterior, nuevamente merece ser leído atentamente:
Acabo de incluir en la web del centro el inquietante artículo de Martin Heidegger, “La pregunta por la técnica” incluído en “Conferencias y Artículos” (ed. del Serbal)
En él, ya a mediados del siglo XX Heidegger afirmaba que la técnica no es lo mismo que la esencia de la técnica.
Con ello insistía en no afrontar la técnica como algo dado por supuesto, como un conjunto de procedimientos y/o de objetos e incluso como un modo de pensar dado de hecho.
Por esto -afirma- nunca experienciaremos nuestra relación para con la esencia de la técnica mientras nos limitemos a representar únicamente lo técnico y a impulsarlo, mientras nos resignemos con lo técnico o lo esquivemos. En todas partes estamos encadenados a la técnica sin que nos podamos librar de ella, tanto si la afirmamos apasionadamente como si la negamos. Sin embargo, cuando del peor modo estamos abandonados a la esencia de la técnica es cuando la consideramos como algo neutral, porque esta representación, a la que hoy se rinde pleitesía de un modo especial, nos hace completamente ciegos para la esencia de la técnica.
Leer íntegro.
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11.7.08
Un rechazo desde fuera.
Ganada una posición férrea con respecto a la postura filosófica, parece que todo antagonismo se puede saldar desde la epidermis del conocimiento de aquella postura a la que nos oponemos. Es común el desdén y el consiguiente encierro teórico en nuestro propio ombligo teórico, aún con razón, es sin duda, una actitud propia del ególatra o del inseguro. En todo caso, el proceso de deconstrucción de cualquier teoría filosófica, de cualquier modelo metafísico requiere el "bombardeo" desde dentro, esto es, desde el conocimiento profundo de aquello que se pretende desestructurar y con ello desjerarquizar. En un magnífico resumen de algunos de los puntos fundamentales de su modelo de deconstrucción Derrida nos previene frente al error del prejuicio apresurado ( célebre deporte filosófico, también común en el mundo de la prensa rosa, paralelismo ineludible):
Existirá siempre un riesgo, ciertamente, al hacer trabajar, e incluso al hacer circular los antiguos nombres: el de una instalación, incluso de una regresión a, en el sistema deconstruido o en curso de desconstrucción. Y negar ese riesgo sería ya confirmarlo: tener al significante - en este caso al nombre- por una circunstancia convencional del concepto y por una concesión sin efecto específico. Sería afirmar la autonomía del sentido, la pureza ideal de una historia teórica y abstracta del concepto. Y, a la inversa, pretender desembarazarse inmediatamente de las señales anteriores y pasar, por decreto, con un simple gesto, al exterior de las oposiciones clásicas, es, aparte, del riesgo de una interminable "teología negativa", olvidar que tales oposiciones no constituían un sistema dado, una especie de índice anhistórico y radicalmente homogéneo, sino un espacio disimétrico y jerarquizante, atravesado por fuerzas y trabajado en su cerca por el exterior que rechaza: expulsa y, lo que viene a ser lo mismo, interioriza como uno de sus momentos. Por eso la deconstrucción implica una fase indispensable de derribo. Quedarse en el derribo es operar, ciertamente, dentro de la inmanecia del sistema a destruir. Pero atenerse, para ir más lejos, ser más radical o más audaz, a una actitud de indiferencia neutralizante respecto a las oposiciones clásicas, sería dar curso libre a las fuerzas que dominan efectiva e históricamente el campo. Sería, a falta de haberse apoderado de los medios para intervenir en él, confirmar el equilibrio establecido. (J. Derrida, Diseminación, Fundamentos, Madrid, 2007, p. 10)
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9.7.08
Carl Gustav Jung y el comunismo.

Por todos es sabido que Jung no podía presumir de ser un pensador "progresista", al contrario, si en algo destacó siempre fue por su llamativo "conservadurismo" y por estar del lado de los más rancios ideales políticos, incluido el nacionalsocialismo. Sin embargo, sus apreciaciones acerca del valor arquetípico del comunismo no dejan de tener algún interés. Para Jung aferrarse a una religión es aferrarse a alguna forma arquetípica pero ésta no sería la única manera. Ciertamente, la "fe comunista" estaría, para él, también ligada a ciertas formas "primitivas" que moran en nuestro inconsciente. Por tanto, con ésto, Jung iguala la "fe religiosa" a la "fe política", ámbas no serían más que una salida dada por nuestro consciente ante el empuje del inconsciente y sus arquetipos. Sin más, dice Jung:
El mundo comunista, como puede observarse, tiene un gran mito (al que llamamos ilusión, con la vana esperanza de que nuestro juicio superior lo haga desaparecer). Es el sueño arquetípico, consagrado por el tiempo, de una Edad de Oro ( Paraíso), donde todo se provee en abundancia a todo el mundo, y un jefe, grande, justo y sabio, gobierna el jardín de infancia de la humanidad. Este poderoso arquetipo, en su forma infantil, se ha apoderado de ellos, pero jamás desaparecerá del mundo con la simple mirada de nuestro superior punto de vista. Incluso lo mantenemos con nuestro propio infantilismo, poque nuestra civilización occidental también está aferrada por esa mitología. Inconscientemente, acariciamos los mismos prejuicios, esperanzas y anhelos. También creemos en el estado feliz, la paz, universal, la igualdad de los hombres, en sus eternos derechos humanos, en la justicia, la verdad y (no lo digamos en voz demasiado alta en el Reino de Dios en la tierra. (Carl G. Jung, El hombre y sus símbolos, Paidós, Barcelona, 1994, p. 85, subrayado mío) El subrayado es para alertar al lector de que las líneas en negrita se corresponden con las pronunciadas por el "Che" Guevara en su célebre discurso ante la ONU, es de suponer, me atravería a decir, sin duda alguna, que Jung las escoge y las introduce de forma voluntaria para que figuren como alusión implícita a uno de los mayores representantes de la lucha comunista.
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5.7.08
Los arquetipos en el pensamiento de Carl G. Jung.
Esa psíque inmensamente vieja forma la base de nuestra mente, al igual que gran parte de la estructura de nuestro cuerpo se basa en el modelo anatómico general de los mamíferos. El ojo experto del anatomista o del biólogo encuentra en nuestro cuerpo muchos rastros de ese modelo originario. El investigador experimentado de la mente de igual modo puede ver las analogías entre las imágenes oníricas del hombre moderno y los productos de la mente primitiva, sus "imágenes colectivas" y sus motivos mitológicos.
Así como el biólogo necesita la ciencia de la anatomía comparada, el psicólogo nada puede hacer sin una "anatomía comparada de la psique". En la práctica, por decirlo de otro modo, el psicólogo no solo debe tener una experiencia suficiente acerca de los sueños y otros productos de la actividad inconsciente, sino de la mitología en el más amplio sentido. Sin esos conocimiento, nadie puede descubrir analogías importantes; ni es posible, por ejemplo, ver la analogía entre un caso de neurosis compulsiva y otro de clásica posesión demoníaca, sin un conocimiento eficaz de ambos.
Mis ideas acerca de los "remanentes arcaicos", que yo llamo "arquetipos" o "imágenes primordiales", han sido constantemente criticadas por personas que carecen de suficiente conocimiento de psicología de los sueños y de mitología. El término "arquetipo" es con frecuencia entendido mal, como si significara ciertos motivos o imágenes mitológicos determinados. Pero estos no son más que representaciones conscientes; sería absurdo suponer que tales representaciones variables fueran hereditarias.
El arquetipo es una tendencia a formar tales representaciones de un motivo, representaciones que pueden variar muchísimo en detalle sin perder su modelo básico. (C.G. Jung, El hombre y sus símbolos, Paidós, Barcelona, 1995, con una horrible traducción llena de erratas de Luis Escolar Bareño, p. 67)
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1.7.08
Husserl, el primer queer. El sexo como construcción de sentido.

Todos sabemos que en Husserl la filosofía alcanza su cénit y su culminación. Si no miren hasta que punto la teoría queer no ha inventado nada:
A este respecto también se presentan, en distintos niveles, en primer lugar a propósito de los seres humanos y finalmente de forma universal, los problemas que atañen a los asuntos generativos, los problemas de la historicidad trascendental, de las interpelaciones trascendentales de la formas esenciales de la existencia humana en la sociabilidad, en las personalidades de rango más elevado, interpelaciones en orden a su significación trascendental y, en esta medida, absoluta; se presentan además los problemas del nacimiento y de la muerte y de la constitución trascendental de su sentido en tanto que acontecimiento mundanos, así como también el problema de los sexos. (E. Hussel, La crisis de las ciencias europeas, Crítica, Madrid, 1994, p. 198)
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