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31.10.09

Platón y la eugenesia.


La furia censora de Platón encuentra en el libro II, III y IV de la «República» el momento más elevado, rozando, por momentos, territorios peligrosos. En palabras de Platón, a través de su Macario particular, lease Sócrates, afirma:

En cambio, en los casos en que los cuerpos están totalmente enfermos por dentro, no intentó prolongar la desdichada vida de los enfermos por medio de dietas, que incluyeran evacuaciones e infusiones graduales, ni hacerles procrear hijos semejantes a ellos, probablemente. Ha pensado, en efecto, que no se debía curar al que no puede vivir en un período establecido como regular, pues eso no sería provechoso para él ni para el Estado. (Rep. 407d).

[...] la vida de alguien enfermizo e intemperante por naturaleza no sería provechoso ni para sí mismo ni para los demás, por lo cual no se le debía aplicar el arte de la medicina ni llevar a cabo tratamiento alguno, ni aunque fuese alguien más rico que Midas. (Rep. 408b)

29.10.09

Primeras impresiones: Lacan:Heidegger de Jorge Alemán y Sergio Larriera.


El uso del pensamiento heideggeriano con fines lacanianos o, quizá, salvar a Heidegger desde Lacan; este sería el objetivo no confeso de la obra «Lacan:Heidegger» escrita por Jorge Alemán y Sergio Larriera. Eso sí, valga que lo que ahora afirmo no son más que impresiones superficiales y, por tanto, poco válidas. La obra, que recién he comenzado a leer esta tarde, promete en muchos sentidos pero, a su vez, intenta, a veces sin fortuna, relaciones dificultosas entre el lector francés de Freud y el filósofo de la Selva Negra. Valga, para ir abriendo el apetito, un breve párrafo, tan atractivo, a nivel programático, como expuesto en toda su desnudez a una gran catástrofe teórica:

Hay algo en el psicoanálisis que tiene mucho más que ver con el modo griego de dejar que lo oculto aparezca presentándose [alude, implícitamente, a la noción de verdad como aletheia o desocultamiento propia de la filosofía heideggeriana]. Aunque no es ni lo uno ni lo otro: pues no solamente desgarra la consistencia fantasmática de la realidad resultante del emplazamiento, sino que también destruye la suposición del ser como asistencia constante (presente ya en el pensamiento griego y raíz misma del desvío filosófico).
Como lo que se desoculta en psicoanálisis tiene como medio la palabra y es del orden del decir, tiene entonces la ocasión de darle a eso que apunte a lo esencial del ser un tratamiento distinto. No supera ni sintetiza a la filosofía y a la ciencia. Es otro camino.
[...]
Pero la situación del psicoanálisis dentro de los dispositivos de la época tecnológica no debe impedir que sea una apertura a una experiencia con la verdad más originaria, diferente de la verdad concebida bajo los ideales de la ciencia y la técnica. (Jorge Alemán y Sergio Larriera, Lacan:Heidegger, Ediciones Cifrado, Buenos Aires, 1996, p. 22).


27.10.09

El tirano de Siracusa y la amistad.


Complaciendo mi instinto por la anécdota banal:

Tomas de Aquino, siguiendo la estela aristotélica de ensalzamiento de la amistad, cuenta en su obra De regno una anécdota que se presenta, a un tiempo, conmovedora y sorprendente (sorprendente por la enorme caradura de quien la protagoniza). Valga como pieza en la ya bien amplia mitología de la amistad:

Así, a Dionisio, tirano de Siracusa, al querer matar a uno de los dos amigos llamados Damón y Pitias, el que iba a ser ejecutado le pidió un plazo para marchar a su casa y ordenar sus asuntos; el otro amigo se entregó entonces como un rehén del tirado para la fianza de la vuelta del primero. Al acercarse el día y no volver aquél, cada cual denotaba la necedad del fiador. Pero él advertía que nada temía de la constancia de su amigo. Y en la misma hora fijada para ser ejecutado volvió. Admirándose el tirano de la amistad de ambos, condonó el suplicio por la fiel amistad, pidiendo además que lo recibieran a él como tercer amigo. (Tomas de Aquino, De la monarquía, Tecnos, Madrid, 2007, p. 52).

La anécdota, sin duda, es conmovedora y sirve, una vez más, para terminar de convencer de las virtudes de la amistad. Filosóficamente no tiene interés alguno. Tomas la emplea como ilustración perfecta, mas uno se pregunta si, acaso, no es también una prueba de la necedad del tirano y, a su vez, como acabaría esta pandilla de colegas sabiendo que uno de ellos está en potestad de ordenar tu ejecución. Hay amistades de las que es mejor alejarse...

26.10.09

Felipe González Vicén: "Escritos (1931-1949)".


Desde el blog de la Revista internacional de fenomenología y hermenéutica ALEA nos llega la noticia de la reciente publicación de los artículos elaborados desde 1931 a 1949 del filósofo Felipe González Vicén. Sin más, un breve extracto y el enlace de esta interesante obra:


Con ocasión del centenario del Prof. González Vicén, el Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Laguna publica el volumen: Felipe González Vicén, Escritos (1931-1949), editado por C. Marzán Trujillo y J. M. García Gómez del Valle. Este volumen ofrece artículos, estudios, recensiones que echan luz sobre una época poco conocida de la actividad académica y publicística del autor y dan buena cuenta de la amplitud de sus inquietudes intelectuales. Felipe González Vicén es conocido en nuestro país, sobre todo, como teórico del derecho (sus consideraciones sobre la "obediencia el derecho" fueron objeto de discusión entre juristas y filósofos del derecho) y como traductor (de Hegel, Nietzsche, Kant, Bloch y un largo etcétera). En este libro se recogen estudios sobre la filosofía moderna, conferencias sobre literatura, artículos de opinión publicados en la prensa y otros escritos que abarcan un amplio espectro de temáticas.
...
Además, se publica como apéndice documental una selección de la correspondencia de Hans-Georg Gadamer, Max Kommerell y Karl Vossler con el Prof. González Vicén.

Eric Hobsbawm, Guerra y paz en el siglo XXI. El incremento de la violencia.


Como últimos coletazos al interesante libro de Hobsbawm me gustaría introducir algunas reflexiones que, siguiendo su hilo, proyectan un perfil de lo que está siendo y, posiblemente, será el siglo XXI.

Si el diagnóstico de Hobsbawm es, en algún punto, claro es en la aseveración de que el incremento de la violencia a pequeña escala es imparable y continuará creciendo. Como él mismo recalca la cima de barbarie acontecida entre 1914 y 1945 con su cénit absoluto en los últimos seis años de este periodo es difícilmente superable, sin embargo, esto no impide que en las décadas posteriores, del 50 en adelante y hasta el presente, la barbarie se venga multiplicando, nuevamente, de forma exponencial. Eso sí, ahora sus márgenes son más locales y su descentralización con respecto a los Estados más evidente. Europa estuvo azotada en siglos anteriores por la batalla religiosa, la ulterior secularización de la salvación, en forma de lucha ideológica, repitió las mismas masacres bajo el amparo de un desarrollo tecnológico muy superior. Hoy en día Hobsbawm sitúa el odio ideológico entre los factores fundamentales (p. 164 de la obra que venimos tratando) en el crecimiento de la violencia. Valga decir al respecto que Hobsbawm es marxista, o mejor, que lleva bien el marxismo o, en otra palabras, que es un marxista para bien. A título de vivencias he de reconocer que he visto muy pocas ocasiones en que la primacía de la ideología política en la identidad personal se lleve con dignidad o, al menos, con la dignidad suficiente. La mayoría de las veces es un mero pretexto para tratar a los demás con cierta violencia, simbólica o no. Lo cual, por cierto, no habla en contra de la posesión de una ideología fuerte y definida sino que, muy al contrario, me hace suponer que la ideología política puede ser leída como una mera secularización de la religión o, como apunté más arriba, un doctrinario de la salvación. En definitiva que la ideología es interpretada, en su posesión personal, en términos de verdad absolutos. Dejando a un lado el mero apunte anecdótico se produce al hilo de la lectura de Hobsbawm, un Hobsbawm que siendo un teórico fuertemente ideologizado considera la ideología un factor de riesgo social, un acicate para el conflicto, un interesante choque entre dos factores cruciales: por un lado la deseabilidad de una sociedad ideologizada y, por otro, el efecto inmediato de esa ideologización en forma de violencia y conflictividad o, en otras palabras, el empleo de la ideología como arma arrojadiza de acusación mútua. Obviamente, estamos aquí aludiendo al perfil perverso de la ideología que, por desgracia, es el más común. Este enfrentamiento cuasi dialéctico estaría, como implícitamente se lee en la obra de Hobsbawm, en el corazón de la situación política presente y, quizá por ello, merezca una reflexión que siga la línea marcada por el autor. En todo caso, es ésta y no otra la sombra central que, según mi criterio, proyecta el análisis del célebre historiador británico, con el sesgo de una enseñanza que subyace a todas las líneas escritas, una enseñanza que no es ya teórica sino biográfica y que, posiblemente, resida en la vida del propio autor, esto es: la inapelable deseabilidad de una alejamiento con respecto a la propia ideología que, sin renuncia alguna, permita circular el aire entre la vida y la política.

25.10.09

Eric Hobsbawn, Guerra y paz en el siglo XXI.


Una larga etapa de estudios y ciertos problemas de salud me han impedido continuar con el blog durante una larga temporada. Ahora, al fin, parece que puedo retomar este pequeño rincón.

Resulta tan desconcertante como extraño que en la gran cultura de masas se abran pequeñas brechas críticas o de invitación a la crítica. Que un medio de difusión de tirada nacional, con reconocidos apoyos empresariales, se preste a lanzar, como así está sucediendo, una colección de pensamiento crítico (por tan sólo un euro) es ya una circunstancia que se ha de alabar pese a que, quizá, muy probablemente, no esté carente de algún otro interés ajeno a la difusión del pensamiento. En todo caso, desde hace unas semanas, Público está ofreciendo cada sábado una obra ligada al pensamiento crítico abarcando gran parte de su deseable heterogeneidad. La colección incluye textos de algunas cabezas privilegiadas muy destacables, eso sí, salvando el Manifiesto comunista, en muchas ocasiones los textos ocupan, en el computo global del autor, un lugar secundario (como así sucede, por ejemplo, con la obra de Gramsci que se publicó).

Este sábado entregaron un conjunto de conferencias del célebre historiador británico Eric Hobsbawm bajo el rótulo de "Guerra y paz en el siglo XXI". Claro y conciso a lo largo de nueve conferencias desarrolla su postura acerca del siglo que recién habitamos y, particularmente, centra su atención en los conflictos bélicos que lo recorrerán. Todo ello teniendo presente el marco actual, posterior al 11S y determinado por la globalización. Pese a ser algo redundante en su exposición, su postura, abiertamente marxista, perfila un siglo XXI lleno de conflictos de menor magnitud que las titánicas guerras del siglo XX pero igualmente trágicos. Como ya podemos comprobar, el núcleo de la acción bélica, cada vez más irracionalmente administrada se centrará en intervenciones por parte de las grandes potencias, particularmente Estados Unidos, en territorios muy debilitados en lo económico y militar en una suerte de "estertor de la superpotencia". Pero, a su vez, y en segundo lugar, un auge de conflictos internos en los estados nación ya no representados por milicias adscritas al Estado sino por milicias privadas (incluso ligadas a poderes industriales privados) y por guerrillas con causas de lo más dispares. Todo este desastre vendrá acompañado de emigraciones masivas y enormes bolsas de refugiados. Hasta cierto punto esto no es, ni mucho menos, una predicción sino una descripción. En todo caso, la obra de Hobsbawm merece ser leída detenidamente, su lucidez es evidente. Valga un breve párrafo que me parece auténticamente esclarecedor con respecto al presente y pasado cercano:

«La mayoría de las naciones europeas tienen sus "ajenos hereditarios", vecinos antiquísimos con los que las relaciona el recuerdo de siglos de conflicto, en oposición a los cuales se define; Estados Unidos, cuya existencia nunca se ha visto amenazada por ninguna guerra aparte de la civil, sólo tiene enemigos ideológicos: cuantos rechazan la forma de vida americana, estén donde estén.» p. 86.