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3.12.09

Poetizar e interpretar, según H-G. Gadamer.


El grueso de la teoría estética gadameriana se encuentra expuesta, con un rigor sorprendente para los tiempos que corren, en su obra más conocida, en cierta manera, su única gran obra:«Verdad y método» (1960). Su producción posterior puede ser leída como el brotar de aquella semilla, no un brotar cualquiera. Si bien, en lo que respecta a su teoría estética o, mejor, a su estética hermenéutica, el recurso al breve trabajo: «La actualidad de lo bello» resulta un apoyo imprescindible no son menos valiosos otros artículos breves que, por desgracia, suelen pasar desapercibidos. Entre aquellos destacan apenas una decena de página que, contienen, según mi criterio, un destilado perfecto de la noción estética que Gadamer despliega en lo que respecta a la poesía. Un tema que, en conexión con Heidegger y la obra platónica podría consumir centenares de libros. Ese artículo lleva por título «Poetizar e interpretar», que en idioma original se vale del bello juego de palabras y la cierta hermandad entre Dichten (poetizar) y Deuten (interpretar, también indicar o señalar). De aquí extraigo el siguiente párrafo, agrego, aún estropeando la prosa, glosas allí donde se alude a nociones implícitas:

«La palabra del poeta participa también de una ambigüedad semejante [alude a la ambigüedad y multivocidad mítica de los oráculos griegos]. También para ella es cierto que es mítica, es decir, que no puede refrendarse por algo exterior a ella [la poesía jamás apunta fuera de ella misma, tan sólo señala en una dirección, apunta a un horizonte indefinido, por ello es multívoca y no puede ser reducida al burdo nominalismo]. La multivocidad de la palabra poética tiene su auténtica dignidad en que corresponde plenamente a la multivocidad del ser humano. Todo interpretar de la palabra poética interpreta sólo lo que la poesía misma ya interpreta. Lo que la poesía interpreta y lo que ella señala no es, naturalmente, lo que el poeta mienta. Lo que los poetas mientan no es, en nada, superior a lo que la gente opine. La poesía no consiste en mentar u opinar algo, sino en que lo que se ha mentado y lo dicho están ambos ahí, en la poesía misma.» H-G. Gadamer, Estética y hermenéutica, Tecnos, 2001, p. 79.

«La palabra del habla cotidiana, así como la del discurso científico y filosófico, apunta a algo, desapareciendo ella misma, como algo pasajero, por detrás de lo que muestra. La palabra poética, por el contrario, se manifiesta ella misma en su mostrar, quedándose, por así decirlo, plantada. La una es como una moneda de calderilla, que se toma y se da lugar a otra cosa; la otra, la palabra poética, es como el oro mismo.» Ibid. p. 74
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