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20.1.11

Inception y los sueños lúcidos.


Hace una semana vi por primera vez la película "Origen" (Inception) movido por la curiosidad de un éxito (taquillero) tan rotundo. Más allá de que no me pareciera una gran película sí que me impactó el tratamiento velado, o no tan velado, que hace Christopher Nolan de una anécdota o curiosidad de la psique humana. Éste mismo director y guionista se había valido de una "anécdota" acreditada por la moderna psicología en su película "Memento". En esta ocasión va más allá y se inspira claramente en los conocidos como sueños lúcidos y, muy particularmente, en varios rasgos de éstos.

Los "sueños lúcidos" son aquellos sueños donde el sujeto es consciente de que se encuentra en fase onírica. Todos hemos tenido en alguna ocasión un sueño de este tipo y, posiblemente, hemos podido controlar hasta cierto punto los acontecimientos. Los sueños lúcidos fueron tratados por primera vez por el psicólogo holandés Frederik van Eeden y desde sus incipientes investigaciones han recibido un trato más o menos exhaustivo desde el terreno de la neurobiología o la psicología clínica. Pero lo realmente llamativo de este tipo de sueños radica en la comprobada posibilidad de generarlos por parte del sujeto. El neoropsicólogo Allan Hobson ha sostenido que la entrada en el control de un sueño yace en la capacidad para percatarse de que se está soñando y, una vez logrado este punto, es posible comenzar a controlar el sueño según la voluntad de aquel que se encuentra en fase onírica (cierto que esto es redundante con respecto a la definición). Quizá este aspecto no es muy convincente (y aquí se ve la imperfección de la definición aportada) pues, para muchas personas, el sueño lúcido deja de ser tal en el momento en que se aseguran de que están soñando, instante en el que despiertan inesperadamente. Lo cierto es que dentro de las técnicas para incitar la lucidez onírica la recomendación acostumbra a ser la contraria, esto es, realizar la comprobación inicialmente a la inversa: comprobar en la "vida real" que no se está soñando para posteriormente poder llevar la comprobación al sueño y no despertarse en el momento en que se realiza la prueba. No deseo complicarme en este aspecto pues la técnica para tener "sueños lúcidos" es tan árida y compleja que no seré yo quien me sumerja en estas cuestiones.

Como se puede observar en la película "Origen" uno de los más llamativos y retorcidos logros del guión se encuentra en el, así llamado, "tótem", es decir, el objeto que permite al sujeto del "sueño lúcido inducido" probar si se encuentra en pleno sueño o ha regresado a la "realidad". Este detalle se apoya en las comprobaciones que se emplean en las técnicas más habituales para lograr "sueños lúcidos" aunque, hoy por hoy, parece más sencillo acudir a aspectos más generales de los sueños que a objetos. Por ejemplo, en los sueños las proyecciones especulares son siempre imprecisas, los detalles relativos al peinado o la ropa no se corresponden con la vida real, el tiempo fluye de forma diferente de tal manera que es habitual en un sueño mirar el reloj y que marque las 2:00 A.M. y sea de día, o que marque esa hora y al volver a mirarlo sean las 15:00 horas. Pero para lograr que el empleo de este apartado de la técnica sea satisfactorio antes ha de llevarse a cabo "en la vida misma". Sin satisfacer este aspecto los sueños lúcidos jamás serán tal cosa.

Me gustaría dedicar más artículos a este tema y, sin duda, lo haré. Sin embargo, para no pecar de escueto o, peor aún, de defensor de disparates y magufadas varias voy a señalar un par de enlaces y recomendaciones donde se puede encontrar más información:

1. Uno de los primeros autores en tratar seriamente este aspecto de la vida onírica fue: Cecilia Green quien, además, aporta interesantes reflexiones filosóficas. Célebre es su obra de 1968 Lucid Dreams editada por el Instituto de investigación psicofísica de Oxford. (Se puede comprar y una vez lo tengas encargarle a una "mula" que te lo traiga en formato digital para guardar una copia, ustedes me entienden :D).

2. Está la Wikipedia: sueños lúcidos.

3. A través de google existen varias páginas que pueden ser consultadas pero que no se corresponden exactamente con la literatura al respecto o que convierten los sueños lúcidos en una panacea aunque, en lo que respecta a la técnica para lograrlos, todas parecen coincidir en el grueso.


15.1.11

La historicidad de la comprensión y el problema del relativismo en la filosofía hermenéutica de Gadamer. Osman Bilen.

Aunque no lo puedo aún juzgar dado que apenas he estado ojeándolo y leyendo páginas sueltas esta obra, absolutamente desconocida en el "mundillo hermenéutico", me parece una obra prometedora, ya desde su título, ésta que comparto unas líneas más abajo. Obviamente el juicio no puede ser más subjetivo dado que el interés personal surge por el paralelismo con la cuestión filosófica que más me interesa últimamente, esto es, la noción de conciencia histórica y conciencia de la historia efectual en la filosofía de Hans-Georg Gadamer. Mañana será el día de leerlo, sin embargo, por lo que he ojeado me parece que puede ser una obra con mucho jugo. Sin más la comparto con ustedes, puede ser leída íntegramente en google books.

Heidegger, Las sendas que vienen. Edición de Félix Duque.

Google Books cuenta con algunas obras actuales que pueden ser visualizadas (y leídas) íntegramente. Entre ellas varias publicaciones de la Universidad Autónoma de Madrid como, por ejemplo, la que presento aquí y donde se recogen las conferencias dictadas en el año 2006 en el Círculo de Bellas Artes en Madrid con motivo del congreso "Pensamiento, arte, poesía. Heidegger 30 años después". Incluyo uno de los tomos, el primero, cuya lectura resulta muy interesante.

13.1.11

Bluevelvet de David Lynch.

*Correción desde el móvil. Donde pone Fynch lease Lynch. A lo largo de todo el artículo. El corrector ha modificado todas las menciones. Las mías y las del artículo de Santamaría.


Aprovechando los primeros rayos de Sol de este invierno he aprovechado para poner un contrapunto a tanta claridad. Es así como me he decantado por entregarme durante unos días al cine negro comenzando por "Terciopelo Azul" película que en esta ocasión me ha dejado un tanto frío. No seré yo quien me entreguue a la crítica de este film, muy al contrario, me remito a la obra "Cien películas del cine negro" de Antonio Santamarina editada en 1999 y que recoje una interesante crítica (sin adelantar la trama).


BLUEVELVET 1986.

DIRECCIÓN: David Lynch, PRODUCCIÓN: De Laurentiis Entertainment Group (Fred Caruso). GUIÓN: David Lynch, FOTOGRAFÍA:
Frederick Elmes. MONTAJE: Duwayne Dunham. MÚSICA: Angelo Badalamenti. DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Patricia Norris. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Kyle MacLachlan, Dennis Hopper, Isabella Rosellini, Laura Dern, Hope Lange. DURACIÓN: 120 min. Color.





Perdidas sus señas de identidad aglutinadoras a finales de los años cincuenta, el cine negro (o más bien el esqueleto descarnado de éste que permanece aún en pie a partir de esa fecha) sufre cada vez más la contaminación temática y formal de los otros géneros al mismo tiempo que ejerce también la suya propia en el territorio difuso de éstos. No es extraño encontrarse así, por citar tan sólo un ejemplo de cada uno de los casos, con películas que tienen componentes de ciencia ficción como Blade Runner (Blade Runner,1982; Ridley Scott), de terror como El silencio de los corderos (The Silence ofthe Lambs, 1990; Jonathan Demme), de comedias como Misterioso asesinato en Manhattan (Manhattan Mistery Murder, 1993; Woody Alien) o con parodias sin demasiada gracia como Superdetective en Hollywood (Beverly Hills Cop., 1984; Martin Brest), que se construyen sobre buena parte de los motivos, temas y modos arquetípicos del cine negro, bien en su vertiente clásica o, más frecuentemente, moderna. Dentro de esta misma línea, pero situándose en la frontera difusa que separa el cine fantástico del thriller, se enclava Terciopelo azul, un filme de David Lynch que supone la segunda colaboración del cineasta con el productor Diño de Laurentiis, tras el fracaso que había supuesto su primer trabajo juntos: Dune (Dune, 1984). En esta ocasión, sin embargo, el director aceptaría rebajar sus salarios para ejercer un mayor control de la película y evitar, de alguna forma, los errores de la anterior producción. Ello le permitiría, por una parte, rodearse de su habitual equipo de colaboradores y, por otra, realizar una de las obras más personales, origina les e inquietantes de toda su carrera.

Como una explícita declaración de intenciones, la película se abre, a los sones de la canción que le da título, con unas imágenes edulcoradas, de tono naif, de una Norteamérica mil veces idealizada en postales, lienzos y películas: una cerca de madera recién pintada, unas flores rojas y amarillas, un camión de bomberos que pasa al ralentí mientras uno de sus ocupantes saluda a la cámara, unos niños que cruzan la calle, un hombre mayor que riega su jardín inmaculado. Un sencillo accidente (la manguera se enreda en unos arbustos) viene a trastocar la tranquilidad de ese universo apacible e irreal y el hombre sufre un ataque cerebral mientras la cámara avanza, en un incontenible travelling, a través de la hierba hasta detenerse en unos escarabajos que pelean por la comida entre la tierra viscosa y los detritus. A partir de aquí, y desarrollando esa voluntad programática de desvelar las oscuras pulsiones ocultas bajo la superficie pulida de las apariencias, la película sigue una aparente estructura de encuesta so pretexto de descubrir al propietario de una oreja que el hijo -Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan) - del hombre de la manguera encuentra en mitad del campo. Ello supone la inmersión del protagonista en un submundo tenebroso habitado por una cantante -Dorothy Vallens (Isabella Rossellini)-, con la que mantiene relaciones sadomasoquistas un delincuente desequilibrado -Frank Booth (Dennis Hopper) que retiene secuestrado al hijo de aquélla-, por una banda de peligrosos traficantes, por un policía corrupto y por algunos otros extraños personajes. Al igual que un cuento maléfico, la película fluctúa entre las imágenes referenciales, e irónicas, de la Norteamérica idealizada de los años cincuenta con el añadido de la tópica historia de amor adolescente que se desarrolla entre Jeffrey y Sandy Williams (Laura Dern)- y el espesor del thriller psicológico de los años ochenta. Una dualidad que se traspasa también a la narración, al propio protagonista -a medio camino entre un detective y un pervertido, como afirma Dorothy- y que hace sentir constantemente la presencia de lo extraño y la amenaza de un submundo viscoso bajo la tranquila vida de la ciudad maderera de Lamberton. Una villa rural en cuya descripción moral se anticipan los contornos de la célebre Twin Peaks, popularizada por David Lynch en la serie televisiva del mismo nombre y protagonista de la película fallida del cineasta Twin Peaks. Fire Walk with Me (1992).

El sórdido y claustrofóbico apartamento en el que vive Dorothy es el centro donde converge ese mundo de extrañas pasiones y de violencia. La cámara se encierra dentro de él durante buena parte del metraje de la película para desvelar los contornos de los personajes que habitan ese turbio universo. Pero como si se tratase de un cáncer o de una muela cariada, el horror que se desarrolla en esa estancia extiende su influencia por la ciudad entera y deja sentir también su amenaza a lo largo de toda la narración, incluso en secuencias aparentemente tan triviales como el primer paseo entre Jeffrey y Dorothy, con ese travelling inquietante que se desliza a través de la copas de los árboles y del sonido del follaje.

Dotada de una gran fuerza visual y de un poderoso impulso narrativo, Terciopelo azul cuenta también en su haber con una espléndida banda sonora, en donde el trabajo de orquestación de Angelo Badalamenti se complementa con otras conocidas canciones ajenas («Blue Velvet», «In Dreams», «Misteryes of Love»...[sic]) para convertir esa banda casi en una protagonista más de la película. Su presencia a lo largo de toda la historia se convierte en un sugestivo apoyo de las imágenes (cuyo ritmo y tensión interna parece dictado, en ocasiones, por el desarrollo musical de la película) y del tono y de la atmósfera de la narración.

Un detective aficionado, un delincuente psicópata, un policía corrupto, un trío de asesinatos, unas buenas dosis de violencia y una aparente estructura de encuesta son algunos de los motivos que David Lynch recoge del thriller para realizar esta original incursión en las fronteras del género y para trazar, a partir de ellas, un turbio relato que hunde sus raíces en el territorio de lo extraño y, más allá aún, de las estructuras formales del cine fantástico. Una presencia esta última que encuentra expresión en la utilización reiterada de la cámara subjetiva a lo largo de toda la narración, en la iluminación y en la ambientación del apartamento de Dorothy, en la planificación de varias secuencias, en los primeros planos distorsionados de algunos de los rostros de los protagonistas, en los sonidos inquietantes que pueblan la banda sonora y en la creación de una atmósfera cuyos perfiles remiten al universo onírico de las pesadillas adolescentes, con el sexo y la violencia como ejes centrales de las mismas.

(Santamarina, A: El cine negro en cien películas, Madrid, Alianza Editorial, 1999.)









12.1.11

Adios a Hemicéfalo.

Nuevos cambios:

1. Cambio de nombre: Quizá el nombre nunca fue del todo apropiado, no en vano aludía a una enfermedad tremenda aunque mi intención siempre fue hacer una sátira de mis limitaciones. Con el tiempo el lugar había caído en desuso por mi parte. Sin embargo, las ganas de volver con fuerza me han impulsado a plantearme algunos cambios.
Así es como "Hemicéfalo" deja de existir y pasa a convertirse en mi blog personal. Siempre sentí reticencias a mostrar mi nombre, especialmente porque me desagradan las bitácoras digitales donde el ego parece introducirse por todas la esquinas pero, barajando nuevos nombres para el blog, finalmente decidí emplear mi nombre para no caer nuevamente en errores inapropiados.


2. Cambio de dominio: Como podéis observar al intentar entrar en la antigua dirección: http://hemicefalo.blogspot.com sois redirigidos a www.ldcaceres.com. Así quedan borradas las huellas de "Hemicéfalo" en tanto nombre no ya en cuanto a contenidos.



3. Se mantienen los contenidos ya publicados: El archivo de varios años continúa intacto y puede seguir siendo consultados.

4. Nuevo enfoque: el blog, a lo largo de los años, había devenido en una suerte de recopilación de anécdotas filosóficas con las que me tropezaba en mi lectura. En alguna ocasión ensayé con artículos largos, en otras subía vídeos de reportajes de mi interés. Ahora pretende convertirse en el lugar donde vuelque las conclusiones de mis lecturas (filosóficas o no, ¿las habrá que no sean filosóficas? ¿no es la literatura en general un modo de hacer filosofía, y la filosofía un modo, evidente, de hacer literatura?) pero, también, de la música, el cine. No descarto algún que otro artículo que aborde cuestiones políticas. Respecto a la periodicidad es probable que se produzca una publicación cada dos días, pero como la vida es imprevisible es difícil asegurar una continuidad exacta.

Sin más espero que esta etapa sea fructífera a la vez que desearía conocer vuestras opiniones acerca de las modificaciones (siempre puede retornarse al pasado cibernético, no al real por desgracia).