Delmore Schwartz.
16.3.11
Escribir, ser.
"I no more wrote than read that book wich is the self I am..."
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12.3.11
Reseña: H. Murakami, Tokio blues (Norwegian Wood).

Es propio de humanos caer dos veces en la misma piedra, y hasta tres.
Hace un año y medio me enfrenté por primera vez a una obra del escritor japonés Murakami; en aquella ocasión se trató de "Kafka en la orilla", obra que, tomando la cronología de su producción, podría considerarse una "novela de madurez". En gran medida es todo lo contrario: una novela inmadura.
"Tokio Blues" (1987) es una novela para adolescentes que, sin embargo, ha tenido éxito en todo tipo de lectores. Una vez más, como luego repetiría incansablemente, Murakami introduce un protagonista adolescente que tiene, como no podía ser de otra forma, los problemas propios de un adolescente quizá acrecentados por la obsesión del narrador por introducir la muerte en todos los vericuetos de sus narraciones. Una novela de adolescentes, por otra parte, cargada de escenas eróticas en un grado excesivo en cuanto a su recurrencia de tal forma que, por momentos, la narración parece expandirse de una relación íntima a otra. Todo esto no son más que alicientes para el lector morboso pero, difícilmente, para un lector más exigente. De la prosa podemos decir poco: siendo una traducción de un idioma tan lejano como el japones resulta imposible calibrar el auténtico estilo del novelista, si es que éste tiene alguno. En todo caso, la traducción al español posee un estilo pobre, casi indigente.
La historia que comienza en un aeropuerto alemán con la música de fondo de una versión instrumental de la enigmática melodía de los Beatles "Norwegian Wood", el protagonista comienza, al hilo de los recuerdos y atmósferas que le evoca la magnífica canción, a recordar sus años de universidad. Los amores y desventuras de esa etapa pero, muy particularmente, su relación con Naoko. Una joven preciosa con la que sintió el amor, sea eso lo que sea, por primera vez. El futuro de Naoko no será el más brillante, es más, la joven cae en la locura y debe ser ingresada. En paralelo al ingreso el joven Watanabe conoce a otra chica de nombre Midori. Visita a su antigua novia ingresada en el sanatorio y, en esencia, poco más hasta el desenlace emotivo, eso sí, pero bastante previsible.
Murakami intenta introducir, sin éxito alguno, cuestiones que a todos nos resultan del mayor interés. Reflexiones sobre la muerte, siempre muy pobres, sobre el amor, aún más lamentables, y, en términos generales, sobre las relaciones humanas, ya ésta en un tomo de radical infantilismo. No logra en ningún momento atmósferas propicias para abrir estas brechas temáticas y, cuando las abre, lo hace tan a destiempo que apenas llaman la atención del lector. Es una obra, en todos los sentidos, unidimensional. No vale la pena buscar un mensaje más allá del explícito porque, posiblemente, no lo posee. Tal como abría estas líneas la novela del autor japones no merece otro epíteto que el de "novela adolescente" si es que tal género puede ser acuñado así, tan precipitadamente.
Ciertamente la obra ha venido siendo un éxito, eso no lo duda nadie y, en gran medida, tiene ingredientes para lograr esta meta. Logra despertar algunos sentimientos de ternura, a la vez que de confusión y, con no excesivo mal gusto, rozando a veces el absurdo aborda la muerte y el suicidio sin estigmas. Pese a todo, en ningún momento, según mi criterio, alcanza un rango superior al de novela mediocre y pretenciosa, dificultosamente trazada y con un material narrativo pobre.
Si posee algún tipo de rendimiento es el recordarnos que el tiempo pasa y las ocasiones se diluyen con él, que existen etapas de nuestra vida donde se toman decisiones que la marcaran para el resto y que no podrían ser tomadas en otro momento. Y aún así esta suerte de moraleja recibe una introducción muy débil y escurridiza. La sensación siempre termina siendo agridulce, más agria que dulce. Una llamada a abrir un libro Handke como justo hice al terminarla.
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