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12.10.11

Memoria y olvido.

Breve extracto por publicar, disertando sobre la noción de Bildung (formación) en la filosofía de Gadamer y, en concreto, sobre el valor de la memoria y su olvidar:


Gadamer alude a la «Segunda consideración intempestiva» como el lugar donde el olvido sale de su desatención filosófica, allí se pueden hallar algunas iluminaciones en torno a esta cuestión: 
A toda acción le hace falta el olvido, igual que a la vida de todo lo orgánico requiere no sólo la luz sino también la oscuridad. Un hombre que quiera sentirse constantemente sólo de un modo histórico sería parecido a aquel que se viera obligado a prescindir del sueño o al animal cuya obligación fuera rumiar y vivir tan sólo de su reiterado rumiar. Así es posible casi sin memoria vivir e incluso ser feliz, tal como enseña el animal. Pero es completamente imposible vivir sin olvidar en general. O para explicar de un modo más sencillo mi tema: hay un grado de insomnio, de rumiar, de sentido histórico, ante el cual lo vivo llega a dañarse y, finalmente, se desfonda; ya sea un hombre, un pueblo o una cultura.[1]           
Pero a la vez nos anuncia el propio Nietzsche que esta prerrogativa que nos da el intelecto tiene su contrapartida: el olvido, incluso en su olvidar, requiere del recuerdo porque «en ocasiones, sin embargo, la misma vida que precisa el olvido exige un aniquilamiento de ese olvido. Entonces se debe hacer clara la injusta existencia de algo, ya sea, por ejemplo, un privilegio, una casta o una dinastía y el muy merecido hundimiento de todo ello»[2]. Si no me equivoco Gadamer, al mentar el olvido como componente constitutivo de la memoria, pretende enfatizar que la formación depende en buena medida de la predisposición a rememorar tan sólo aquello que es digno de traerse a la memoria y este rememorar tiene su envés en la facultad, escasamente elogiada, de sumir en el olvido lo accesorio, lo banal, en definitiva, lo que no es merecedor. El ejercicio de la memoria posee, por tanto, un momento indispensable de purga medicinal, necesita, como el mochuelo de Atenea[3], regurgitar el ovillo de desechos que su propia naturaleza es incapaz de digerir y que, si se atreviera a engullir, terminaría por destrozar su salud. El olvido es, en definitiva, una medida higiénica.

[1] NIETZSCHE, F.: Nietzsches Gesammelte Werke 6, Munich, Musarion, 1922, pp. 234-235. (Existen varias traducciones al español, entre ellas: NIETZSCHE, F.: Sobre la utilidad y los perjuicios de la historia para la vida, Madrid, EDAF, 2000, trad. Dionisio Garzón, § 1).
[2] Ibíd. pp. 255-256.
[3] Aquel al que hacía alusión Hegel, quizá, también por este motivo.