"La experiencia estética de la lectura viene a complementar la acción mimética desarrollada por el relato. El lector activa el mundo referencial configurado por el mythos narrativo con el objeto de moldear su propia experiencia en función de los paradigmas pragmáticos desarrollados en la historia contada. Esta intersección de los mundos del texto y del lector constata el papel refigurativo que desempeña el relato en el ámbito de la acción. Los patronesque actualiza el receptor cuando sigue una historia amplían el horizonte de su existencia y modifican sus pautas de comportamiento, así como su precomprensión temporal. Podría decirse, en términos kantianos, que la elaboración de la trama esfruto de la acción conjunta del "juicio reflexionante" del argumento narrativo y de la "imaginación productora" del lector. Esa dialéctica entre la esquematización de la escritura y la tradicionalidad del acto de leer dan fe de la interacción que existe entre los mecanismos innovadores y los dispositivos de sedimentación en el proceso de refiguración de la experiencia. La lectura hermenéutica es, desde este punto de vista, el phármakon que nos permite reapropiarnos de los textos pertenecientes a una tradición profundamente institucionalizada, preservando su distanciamiento, es decir, la alteridad de su sentido." Introducción de Ángel Gabilondo y Gabriel Aranzueque a la obra: P. Ricoeur: Historia y narratividad, Barcelona, Paidós, 1999.
1.10.12
La lectura y la aplicación de lo leído.
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