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12.10.12

Conductas homogéneas y ciencias sociales. Hannah Arendt.

Hannah Arendt sostiene, y no le falta razón, que en el mundo contemporáneo y especialmente desde la modernidad la conducta ha sustituido a la acción en el ámbito de la praxis humana, esto es, que el proceso de "normalización" ha alcanzado un grado de penetración en el cual toda acción mira, en primer lugar, más que a unos fines concretos a unos criterios socialmente establecidos que le sirvan de guía. Este es el motivo por el cual en el núcleo de las ciencias sociales la estadística conforma una de las herramientas más poderosas. En palabras de Arendt:

"... el supuesto de que los hombres se comportan y no actúan con respecto a los demás, yace en la raíz de la moderna ciencia económica, cuyo nacimiento coincidió con el auge de la sociedad y que, munto con su principal instrumento técnico, la estadística, se convirtió en la ciencia social por excelencia. La economía --hasta la Edad Moderna una parte no demasiado importante de la ética y de la política, y basada en el supuesto de que los hombres actúan con respecto a sus actividades económicas como lo hacen en cualquier otro aspecto-- sólo pudo adquirir el carácter científico cuando los hombres se convirtieron en seres sociales y unánimemente siguieron ciertos modelos de conducta, de tal modo que quiene no observaban las normas podían ser considerados como asociales o anormales." H. Arendt: La condición humana, Barcelona, Paidós, 2006, p. 65.

El fin del trabajo. Hannah Arendt.

Resulta llamativo el acierto de Hannah Arendt en las siguientes líneas que datan de 1958. Afirma la pensadora alemana:

"Más próximo y quizás igualmente decisivo es otro hecho no menos amenazador: el advenimiento de la automatización, que probablemente en pocas décadas vaciará las fábricas y liberará a la humanidad de su más antigua y natural carga, la del trabajo y la servidumbre a la necesidad. También aquí está en peligro un aspecto fundamental de la condición humana, pero la rebelión contra ella, el deseo de liberarse de la "fatiga y la molestia", no es moderna sino antigua como la historia registrada. La liberación del trabajo en sí no es nueva; en otro tiempo se contó entre los privilegios más firmemente asentados. [...].

Sin embargo, esto es únicamente en apariencia. La Edad Moderna ha traído consigo la glorificación teórica del trabajo. Por lo tanto, la realización del deseo, al igual que sucede en los cuentos de hadas, llega en un momento en que sólo puede ser contraproducente. Puesto que se trata de una soceidad de trabadores que está a punto de ser liberada de las trabajas del trabajo, y dicha sociedad desconoce esas otras actividades más elevadas y significativas por cuyas causas merecería ganarse la libertad. [...]. Nos enfrentamos con la perspectiva de una sociedad de trabajadores sin trabajo, es decir, sin la única actividad que les queda. Está claro que nada podría ser peor." H. Arendt: La condición humana, Barcelona, Paidós, 2006, p. 33.

1.10.12

La referencia o denotación en la obra poética

Paul Ricoeur se vale de la clásica distinción de Frege entre sentido (Sinn) y referencia o denotación (Bedeutung) para, saliendo de la esfera de los discursos meramente descriptivos, hacerse con una noción de referencia que, según su criterio, haría justicia a las obras de carácter poético. Frege sostenía que en una proposición pueden distinguirse: en primer lugar el sentido, es decir, lo que la proposición dice. En segundo lugar, estaría la referencia que es aquello sobre lo que dicha proposición dice, es decir, la referencia es aquello sobre lo que se vuelca el sentido. Para casi todos los seguidores de Frege y, por extensión, para gran parte de los filósofos anglosajones la referencia sólo puede detectarse, esto es, sólo está presente en los textos descriptivos. Sin embargo, Ricoeur cree que, justo al carecer de una referencia en el mundo "real", los textos poéticos, en esta ausencia, encuentran su propia referencia. En otras palabras, los textos poéticos, al crear un mundo, dotar de un nuevo espacio, se dan a sí mismos una referencia. En el texto de 1978 titulado "Filosofía y lenguaje" lo expresa con las siguientes palabras:

Mi tesis, en este punto, consiste en que la capacidad referencial no es una característica exclusiva del discurso descriptivo, sino que también las obras poéticas designan un mundo. Esta tesis parece difícil de sostener porque la función referencial de la obra poética es más compleja que la del discurso descriptivo, e incluso paradójica, en un sentido fuerte. Anticipando mi conclusión, señalaré que la obra poética sólo abre un mundo con la condición de que se suspenda la referencia del discurso descriptivo. O, por decirlo de otro modo, en la obra poética, el discurso pone de manifiesto la capacidad referencial como referencia secundaria gracias a la suspensión de la referencia primaria. Por ello, podemos caracterizar, con Jakobson, la referencia poética como referencia "desdoblada". P. Ricoeur: Historia y narratividad, Barcelona, Paidós, 1999, p. 52.

La lectura y la aplicación de lo leído.

"La experiencia estética de la lectura viene a complementar la acción mimética desarrollada por el relato. El lector activa el mundo referencial configurado por el mythos narrativo con el objeto de moldear su propia experiencia en función de los paradigmas pragmáticos desarrollados en la historia contada. Esta intersección de los mundos del texto y del lector constata el papel refigurativo que desempeña el relato en el ámbito de la acción. Los patronesque actualiza el receptor cuando sigue una historia amplían el horizonte de su existencia y modifican sus pautas de comportamiento, así como su precomprensión temporal. Podría decirse, en términos kantianos, que la elaboración de la trama esfruto de la acción conjunta del "juicio reflexionante" del argumento narrativo y de la "imaginación productora" del lector. Esa dialéctica entre la esquematización de la escritura y la tradicionalidad del acto de leer dan fe de la interacción que existe entre los mecanismos innovadores y los dispositivos de sedimentación en el proceso de refiguración de la experiencia. La lectura hermenéutica es, desde este punto de vista, el phármakon que nos permite reapropiarnos de los textos pertenecientes a una tradición profundamente institucionalizada, preservando su distanciamiento, es decir, la alteridad de su sentido." Introducción de Ángel Gabilondo y Gabriel Aranzueque a la obra: P. Ricoeur: Historia y narratividad, Barcelona, Paidós, 1999.