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4.3.12

Para una definición escueta de las tendencias políticas neoliberales.

Tratamos aquí del neoliberalismo, tratamos por tanto con el demonio.


Sin duda, el neoliberalismo es la diana de casi todas las críticas políticas contemporáneas. Por varios motivos en los que resulta difícil indagar ahora mismo pero que, en un examen atento que pronto intentaré realizar, puede identificarse la semilla de la crisis económica y, por qué no, espiritual en la deriva política que se cierne sobre Europa y Estados Unidos de América a finales de la década de los 70´ del siglo pasado y que encuentra su alocada cumbre en la década posterior.


Originariamente el término neoliberalismo, en lo que respecta a su origen etimológico, no pretendía proponer una ruptura con el liberalismo clásico sino, muy al contrario, propiciar una renovación de éste. El término es acuñado en Alemania por un grupo de juristas que integraban la famosa Escuela de Friburgo. Su propuesta era, como ya he señalado, propiciar una renovación del liberalismo clásico pero sin romper con éste. Pese a ello, a principio de los años noventa el término adquiere claras connotaciones negativas; en primer lugar la crítica provenía de los sectores de la izquierda clásica y de la New Left que, en un giro histórico inesperado, terminaría adhiriéndose a las posturas neoliberales. Las críticas enfatizaban el nuevo rumbo mercantilista del planeta, esto es, el ansia de imponer una "mercantilización del todo" sin ningún tipo de resquicio de libertad con respecto a los dictados del mercado. Muy desde los comienzos de esta crítica se estableció una conexión inquebrantable hasta el presente entre el neoliberalimos y el "Consenso de Washington". La larga sombra del Consenso capitalino, o por valernos de una metáfora con ciertas reminiscencias políticas, el fantasma del Consenso comenzó bien pronto a recorrer, ya no Europa, sino todo el planeta. No en vano su voluntad era impulsar la globalización del capitalismo incidiendo en una modalidad de capitalismo de alta competitividad y escasa empatía hacia los sectores inadaptados al sistema. Es absolutamente inevitable aludir a las figuras que aportaron un cierto peso teórico a las inminentes teorías neoliberales; bien como héroe o como villano Milton Friedman juega el papel más destacado.


Milton Friedman comienza su obra teórica en el ámbito de la economía política en la década de los 50' del siglo pasado, inicialmente, desde una postura de crítica descarnada contra el Keynesianismo siendo esta última postura el máximo exponente de las tendencias que defendían una intervención profunda del Estado en la vida económica ya fuera para: en primer lugar, quizá el más importante, asegurar unas condiciones materiales optimas para la vida de los ciudadanos y, en segundo lugar, no menos importante, para equilibrar los desajustes, esos que ahora sufrimos como nunca, en los sectores financieros pero también en ámbitos económicos más concretos. La supervisión, la regulación y, en última instancia, la intervención más o menos paternalista del Estado en la vida económica de las gentes era una de las voluntades del Keynesianismo al que Friedman se enfrentó. En términos más técnicos, pero sin despegar de los fundamentos de la teoría económica, mientras que los keynesianos defendían la necesidad de un aumento en la demanda de productos Friedman y sus acólitos pensaban que el aumento de la oferta, la hipertrofia de la oferta, traería consigo la demanda necesaria para acaparar lo ofertado. Ninguna postura ha sido tan desmentida por la historia como ésta última. Por poner un ejemplo, en la crisis actual la oferta ha alcanzando niveles absolutamente descomunales hasta generar una superproducción que jamás será absorbida por la demanda, una demanda que comienza a pasar de macilenta a pírrica. En la década siguiente, en los 60', cuando curiosamente no parecían existir grandes problemas económicos y el nivel de vida en occidente subía como la espuma, Friedman propone un modelo macroeconómico monetarista. El monetarismo ponía el énfasis en el control Estatal, a través de los Bancos Centrales y Reservas Federales de turno (siendo la Reserva Federal una entidad no estatal, por aportar una paradoja inserta en la postura), un control, como decía, en particular del flujo monetario que se hacía circular en la economía real. Las nociones de redistribución de la riqueza,  regulación de los mercados, control de los sectores económicos estratégicos por parte del Estado, todo aquel armazón inmenso se convirtió en manos de Friedman en un modelo abstruso, reduccionista y, como ha mostrado el paso del tiempo, ineficaz y ciego del todo. Para Friedaman, con todo, la inyección de capital en el sistema generaba un alto índice de inflación, estableciendo así la demonización de la entrada de capital fresco en el mercado. En la situación presente, curiosamente, la única aparente salvación pasa por inyectar una gran cantidad de capital en el sistema para aumentar la demanda, sin embargo, la postura de Friedman o, mejor, su mera sombra aparece en los políticos actuales que, siguiendo el viejo adagio del economista, replican que no puede exponerse el sistema económico a una previsible subida de la inflación. La postura de Friedman venía acompañada, como no podía ser de otra forma, por un paquete descomunal de privatizaciones que terminaban dejando a los Estados en "los huesos", sin fuerza para actuar y, lo que es peor, sin ningún tipo de potencial que desplegar ante las previsibles crisis.


Con una alegría que tan sólo se puede comprender asignando rasgos sociopáticos a su personalidad la "Dama de Hierro", es decir, Margaret Thatcher fue la primera gran política occidental que acogió por voluntad propia las posturas de Friedman sin ningún recelo. Su lema siempre fue el mismo, hacía las mayores maldades económicas, llevando a una gran cantidad de sus ciudadanos a la pobreza extrema, mientras replicaba con un "no hay otra alternativa". La percepción de que sólo existe una teoría económica válida para el capitalismo está tan arraigada en la ciudadanía, tras tres décadas de insistencia mediática, que la frase de Thatcher ha adquirido un carácter oracular. Recordemos, por ejemplo, su revival reciente en la campaña electoral del Partido Popular en las elecciones generales; Rajoy no dudaba en replicar permanentemente que iba a "hacer lo que hay que hacer", nueva modalidad, menos refinada, de insinuar que sólo existe un camino posible ya no para salvar la situación sino para conducir la situación, aunque sea hacia el desastre.


El neoliberalismo, con todo, no es una doctrina íntegramente monolítica. Quizá sea más común asociar este movimiento económico, tan predominante hoy en día, con movimientos de índole conservador. Así es que se habla del neoliberalismo conservador. Sin embargo, en la década de los 90' Tony Blair, en la que ha sido la mayor puñalada histórica a los ideales socialdemócratas en su larga historia de más de un siglo, impulsó un paquete de medidas que incluían un cierto avance en derechos civiles de carácter progresista con una batería descomunal de medidas de inspiración neoliberal. Por primera vez en la historia de Europa un gobierno abiertamente socialdemócrata acometía la mayor de las tropelías contra su ideología. Cierto que ya se veía venir un cierto giro neoliberal en algunos precursores de la década anteriores, por ejemplo, en España Felipe González, pero nadie esperaba tamaña desfachatez. A la cuerda de Blair no tardó en sumarse Clinton en EEUU. Ciertamente el partido demócrata no ha sido, ni por tradición, ni por pretensiones un partido socialdemócrata a lo largo de su historia, es más, en el pasado defendió posturas (como la esclavitud) que resultan impactantes. Con este giro terminó por imponerse el modelo económico neoliberal en todos los partidos occidentales con alguna posibilidad real de gobernar. Un caso sorprendente de ineptitud neoliberal viene dado por el intento de conciliar, por parte del anterior gobierno español, dos tendencias económicas antagónicas. En la legislatura que transcurrió del 2004 al 2008 el recién entrado gobierno encabezado por J.L.R. Zapatero impulsó medidas de ampliación de los derechos civiles, aumento del estado del bienestar, y otras medidas de sesgo abiertamente progresista mientras apoyaba medidas económicas de carácter neoliberal descargando al Estado de su potencial económico. Con la llegada de la crisis financiera del segundo semestre del 2007 el gobierno comenzó a observar que resultaba imposible sostener un modelo de redistribución de la riqueza y aumento de las garantías sociales, medidas que suponen un mayor gasto, mientras se pretendía recortar la presión fiscal y descargar al Estado de obligaciones de tipo económico. Pronto comenzó a producirse una desnivelación de la balanza de ingresos y gastos entrando el país en una situación de déficit casi insalvable. Justo cuando la batalla parecía perdida Zapatero decido retornar a las medidas que había negado con anterioridad, es decir, propone una salida de la crisis valiéndose de un enfoque neokeynesiano; para ello, en la segunda legislatura, durante el año 2009 lanza un paquete de estímulo fiscal, llamado Plan E, que supone en ese ejercicio la mitad del déficit acumulado. Pronto el Estado español ha de interrumpir las medidas de estímulo, el motivo es sencillo: no queda dinero y la crisis de la deuda, es decir, el acoso sobre la deuda soberana, alentado por altos déficits, comienza a insinuar una segunda crisis encadenada a la primera que ha sumido al país, no sólo a éste, también al resto de Europa, en una crisis aún más aguda. La moraleja del movimiento político escenificado en la legislatura 2008-2011 en España nos muestra a las claras el precio pagado por la reconversión del modelo económico anterior a un ideario neoliberal con la, aún trágica, intentona de retornar a modelos keynesianos en el último momento. La moraleja es que, para cuando llegaron las medidas que nos podían salvar, el neoliberalismo ya había vaciado la despensa. Sin duda, cuatro o cinco años de medidas de corte keynesiano hubieran deparado un panorama muy diferente al actual.

Breves recomendaciones para continuar indagando:

Libros:

- Manfred B. Steger y Ravi K. Roy: "Neoliberalismo. Una breve Introducción".
- N. Klein: "La doctrina del shock". También existe un reportaje al respecto: La doctrina del shock (documental).
- García Menéndez: "En la encrucijada del neoliberalismo".

Películas:

Oliver Stone (dir.): Wall Street. 1987.

Conferencias:

Concepción Ortega: "Características fundamentales del sujeto neoliberal".

19.2.12

Pirámides y ciencias naturales. Husserl afirma...

"Las revoluciones einstenianas conciernen a las fórmulas en las que se trata la Physis idealizada e ingenuamente objetivada. Pero como fórmulas y objetivaciones matemáticas en general ellas reciben su sentido del trasfondo de la vida y del mundo circundante intuitivo, del que no sabemos nada; y así Einstein no reforma el espacio y el tiempo en el que transcurre nuestra vida fluyente. 
La ciencia natural matemática es una técnica maravillosa...Es, como operación, un triunfo del espíritu humano. Sin embargo, en lo que concierne a la racionalidad de sus métodos y de sus teorías, ella es completamente relativa...En la medida en que el mundo circundante intuitivo, meramente subjetivo, es olvidado en la temática científica, es también olvidado el sujeto actuante mismo...Por lo tanto, desde este punto de vista, la racionalidad de las ciencias exactas se encuentra paralela a la racionalidad de las pirámides egipcias." (Die Krisis, p. 343, Abhandlung I).

5.2.12

Corrientes de pensamiento dentro de las Relaciones Internacionales.

Se pueden detectar, siguiendo un trazo bastante grueso del asunto, tres tradiciones fundamentales en la teoría política acerca de las Relaciones Internacionales, siendo, a su vez, un esbozo general útil para abordar, por ejemplo, la pugna política de las diferentes ideologías. Resulta llamativo, sin embargo, que se aborden tres corrientes de pensamiento cuando, en la práctica, parece imperar, sin ningún lugar a dudas, tan sólo una perspectiva: el realismo político. Me detendré brevemente en su exposición:

El realismo político parte de una concepción antropológica profundamente pesimista a la vez que suficientemente verificada por la historia. El ser humano, enunciaría un realista, es ante todo una especie egoísta, belicosa, calculadora e interesada. En el fondo, el ser humano se presenta así como la mera proyección de una imperiosa voluntad de poder, por valernos de la noción nietzscheana. En un marco de permanente lucha de "todos contra todos" las relaciones internacionales pero, también, la política en genera,l se convierte en una actividad donde la astucia y la habilidad, cual Odiseo descolorido, se afianzan como las virtudes ineludibles para el político. El juego estratégico se desarrolla, en gran medida, en el ámbito del Derecho como expresión y sanción del poder ejercido, como régimen textual y práctico coactivo y como muestra del poderío. Si buscamos antecedentes en el pensamiento occidental es fácil recurrir a Maquiavelo o Hegel (para quien la guerra tiene una labor incluso "purificadora") pero, también, se pueden encontrar trazos de darwinismo social donde la batalla por el poder logra dejar por el camino a los más débiles y mejorar la posición, a la vez que la afianza, de los más poderosos. Pese a la habitual tendencia de EEUU a cerrarse, en lo que concierne a las relaciones internacionales, en el interior de los márgenes marcados por los problemas internos, en las últimas décadase ha hecho evidente, con inspiradores como Kissinger, que su modo de proceder es éste; aplicar la fuerza muchas veces traspasando todo tipo de límites sobre las naciones o regiones más débiles que, a su vez, han venido revistiendo algún tipo de interés geoestratégico.

Una segunda perspectiva donde se deja entrever el temple de pensadores ilustrados, tanto de la Modernidad como de la Antigüedad, estaría encarnada por el racionalismo político. Los supuestos antropológicos son suavizados haciéndolos caer del lado del optimismo moderado. Ciertamente, la vida social exige en ocasiones el ejercicio de la fuerza y la violencia, sin embargo, mediante el cultivo de la templaza, el sosiego, la sociabilidad y, muy particularmente, la educación, piensan los defensores de esta postura, sería posible suavizar, aterciopelar, las relaciones políticas entre Estados-naciones y, en términos generales, las relaciones políticas de toda índole. A la memoria acude, ipso facto, la filosofía de Platón y su énfasis de la educación como factor que conduce a la sabiduría, más allá de cuál fuera su postura ontológica. En la Modernidad figuras como Kant desarrollaron en su inmensa obra ideas que se encuetran en consonancia con esta postura. Para el racionalismo político el gran problema de la guerra puede ser evitado empleando mecanismos de otro tipo; ya sean diplomáticos, ya sean económicos, sociales o culturales. En el fondo, el racionalismo parece intentar lanzar un órdago al diálogo, a las posturas comedidas.

Finalmente, en tercer lugar, podría situarse el revolucionarismo político como una postura que comparte con el realismo político un punto de partida antropológicamente pesimista pero que aún confía en el cambio, casi siempre drástico, de las estructuras de poder, en algunas ocasiones por vía violenta. El pensamiento revolucionario, y en esto remito al pensamiento de la gran politóloga y filósofa H. Arendt, se esfuerza por lograr un nuevo inicio, como si con ello fuera posible, de una vez por todas, erradicar los males sociales. Es inevitable pensar rápidamente en la filosofía de Karl Marx, modalidad bastante atemperada del revolucionarismo político a la vez que señera.

Saliendo, por un momento, del ámbito de las relaciones internacionales, las líneas abordadas parecen remitirnos, de forma holística, a todas las relaciones políticas posibles; desde el más elemental trato social, hasta las dinámicas de partidos, las batallas ideológicas y, como no, las pugnas violentas entre naciones. Lo interesante es que, salvando la opción abierta por las posturas revolucionarias, a día de hoy, se puede considerar fracasado en toda su magnitud el paradigma ilustrado, al menos, con las herramientas actuales. Las posturas revolucionarias encierran un nudo tan trabado de contradicciones y paradojas que también se desnudan ante los ojos del teórico como posturas de difícil, si no imposible, aplicación. Entonces, por descarte, queda el realismo político como opción, sin duda, molesta y poco deseable que abre la reflexión política más elemental sobre las vías posibles para deshacer las relaciones de poder que inunda y aplastan a personas, naciones, culturas, géneros, etc…

5.11.11

Tres apuntes sobre la economía española.


Originalmente formó parte de un mail que envíe a unos compañeros.

Se habla del legado envenenado que deja el gobierno de Zapatero a sus sucesores. 

Veamos. ¿Ha hundido Zapatero la riqueza del país en términos absolutos?

a. Indicadores del PIBLos picos son exactos, tan exactos que es obvio que el PIB crece por influencia mutua europea y no por políticas nacionales que, realmente, no existen. Cabría pensar, también, que Zapatero ha hundido a Italia, Alemania y Francia.

b. Deuda real de España: La deuda real de España es más baja que la de Italia, Francia, Alemania, Reino Unido e infinitamente más baja que la de EEUU. Está en la media de la Europa de los 27 y mucho mejor que la Europa de los más desarrollados. Además es la única deuda importante que ha descendido significativamente desde el 2010. Quizá por eso el desempleo es tan algo, pero eso es otra cosa. 

c. Ahorros con los que cuenta el Estado en términos inmediatos para planes expansivos: España está mejor que Francia, que Italia e infinitamente mejor que EEUU. Peor que Alemania. 


El elevado número de parados se debe a muchos factores, uno de ellos la carencia de modernización de la economía. Pero, cuidado, en términos de empleabilidad, ese dato ya lo envié. España está dos décimas por debajo de Alemania, es decir, en edad de trabajar en España trabajan el 58% frente al 60% de Alemania. Aquí está la cuestión, reincido. España no va a descender en la escala de paro hasta niveles bajos porque la demanda de empleo es muy superior, es decir, del total de personas en edad de trabajar aspiran a hacerlo muchas más que en los demás países occidentales. La tasa de empleabilidad, por ejemplo, es mucho mejor a la de EEUU. Eso significa, en otras palabras, si en EEUU aspiraran a trabajar el mismo tanto % que en España EEUU tendría un paro superior al de España. ¿A qué se debe esto? SIn duda, a los bajos sueldos que obligan a más miembros familiares a trabajar para poder mantener a la familia. A qué se deben los bajos sueldos: es claro, el suelo base en España no llega a los 800 euros, en Francia es de más de 1200, en Noruega de 1700, con un coste de vida similar.

Sobre el paro, breves anotaciones y perspectivas:

a. El indicador es del INE. El indicador es claro, Existe una relación inversamente proporcional del orden de 0.1 a 300, la tasa de influencia es de 3 meses. Una bajada del PIB produce un aumento del paro exponencial que empieza a evidenciarse a los 3 meses, es decir, en la siguiente EPA con relación a la caída del PIB. El dato adelantado del próximo trimestre es de una caída del PIB del 0.1 %, es decir, se perderán 300.000 empleos. La recesión, ya no es recesión sino depresión, por primera vez en la historia sacude a las economías avanzadas sin tregua alguna. Remito al punto a. sobre la caída pareja del PIB. Virtualmente estamos en 5.600.000 parados si aceptamos la previsión de recesión (dos trimestres de caída segura), a ese índice de paro se llegará en 9 meses, por el efecto de virtualización que ya comenté. A esto hay que sumar:

b. El Atlántico ya no es el centro comercial del planeta, ahora todo se juega en el pacífico porque esta sucediendo la "traslación imperial", fenómeno bien conocido. El capital está huyendo a Latinoamérica (Argentina, con una economía intervenida de orden desarrollista crece al 8%, Brazil con una economía socialdemócrata crece al 11%, Chile crecía hasta que entró la derecha e impulsó medidas neoliberales al 7%, ahora lo hace a menos). China crece en dobles dígitos, Corea del Sur (país similar en población a España, crece en dobles dígitos y va a superar en PIB a España en dos años), México va a superar a España en PIB en un año, aunque es un Estado Fallido, pero su población es inmensa. EEUU está técnicamente quebrada por la deuda y el balance comercial. Si deja de poseer la moneda internacional no podría dar cuenta a sus acreedores. A nadie se le escapa que el yuan se mantiene artificialmente bajo para compara dólares con facilidad, China no está comprando deuda de EEUU para luego no pedírsela. En cualquier caso, todos los analistas coinciden en que EEUU no podrá jamás devolver su deuda. Pero lo peor no es la deuda estatal sino el apalancamiento corporativo privado. Pero eso mejor dejarlo para otro día; se deben los unos a los otros una cantidad casi infinita e insalvable. Apalancamiento es cuando, explicado mal y pronto, yo te debo 30 euros y tu me debes 20, lo lógico sería dejar la deuda en 10 que es, en efecto, el capital real que existe. Pero, sin embargo, se exigen pagar la deuda íntegra mutua con lo cual depende de futuribles, en el caso que he planteado yo tendré que crecer un 100% dos años para devolver la deuda, eso sin intereses. Lo mismo para el otro. Cuando a esto sumamos miles de actores hay apalancamiento a lo bruto. En economía el apalancamiento se considera insalvable cuando es muy elevado, como ahora. Termina por socavar la economía y destruir la fluidez de capital. 

c. Los que aún tienen trabajo pierden poder adquisitivo (PPA): datos del INE. Así que consumen menos, al consumir menos las empresas venden menos y necesitan menos trabajadores, es una serpiente que se enrolla infinitamente sobre sí misma. Sólo crece un país donde aumenta el poder adquisitivo, es decir, el diferencial entre inflación y aumento salarial es positivo para éste último. 

Sin más, breves anotaciones.

12.10.11

Memoria y olvido.

Breve extracto por publicar, disertando sobre la noción de Bildung (formación) en la filosofía de Gadamer y, en concreto, sobre el valor de la memoria y su olvidar:


Gadamer alude a la «Segunda consideración intempestiva» como el lugar donde el olvido sale de su desatención filosófica, allí se pueden hallar algunas iluminaciones en torno a esta cuestión: 
A toda acción le hace falta el olvido, igual que a la vida de todo lo orgánico requiere no sólo la luz sino también la oscuridad. Un hombre que quiera sentirse constantemente sólo de un modo histórico sería parecido a aquel que se viera obligado a prescindir del sueño o al animal cuya obligación fuera rumiar y vivir tan sólo de su reiterado rumiar. Así es posible casi sin memoria vivir e incluso ser feliz, tal como enseña el animal. Pero es completamente imposible vivir sin olvidar en general. O para explicar de un modo más sencillo mi tema: hay un grado de insomnio, de rumiar, de sentido histórico, ante el cual lo vivo llega a dañarse y, finalmente, se desfonda; ya sea un hombre, un pueblo o una cultura.[1]           
Pero a la vez nos anuncia el propio Nietzsche que esta prerrogativa que nos da el intelecto tiene su contrapartida: el olvido, incluso en su olvidar, requiere del recuerdo porque «en ocasiones, sin embargo, la misma vida que precisa el olvido exige un aniquilamiento de ese olvido. Entonces se debe hacer clara la injusta existencia de algo, ya sea, por ejemplo, un privilegio, una casta o una dinastía y el muy merecido hundimiento de todo ello»[2]. Si no me equivoco Gadamer, al mentar el olvido como componente constitutivo de la memoria, pretende enfatizar que la formación depende en buena medida de la predisposición a rememorar tan sólo aquello que es digno de traerse a la memoria y este rememorar tiene su envés en la facultad, escasamente elogiada, de sumir en el olvido lo accesorio, lo banal, en definitiva, lo que no es merecedor. El ejercicio de la memoria posee, por tanto, un momento indispensable de purga medicinal, necesita, como el mochuelo de Atenea[3], regurgitar el ovillo de desechos que su propia naturaleza es incapaz de digerir y que, si se atreviera a engullir, terminaría por destrozar su salud. El olvido es, en definitiva, una medida higiénica.

[1] NIETZSCHE, F.: Nietzsches Gesammelte Werke 6, Munich, Musarion, 1922, pp. 234-235. (Existen varias traducciones al español, entre ellas: NIETZSCHE, F.: Sobre la utilidad y los perjuicios de la historia para la vida, Madrid, EDAF, 2000, trad. Dionisio Garzón, § 1).
[2] Ibíd. pp. 255-256.
[3] Aquel al que hacía alusión Hegel, quizá, también por este motivo. 

30.9.11

Richard Rorty, apodado "El tosco".

Definición impresentable de la conciencia de la historia efectual o la eficacia histórica en Gadamer aportada por Rorty:

Gadamer develops his notion of wirkungsgeschichtliches Bewusstsein (the sort of consciousness of the past which changes us) to characterize an attitude interested not so much in what is out there in the world, or in what happened in history, as in what we can get out of nature and history for our own uses. 
RORTY, R: Philosophy and the Mirror of Nature, Nueva Jersey, 1979, p. 359.

La última frase y su añadidura de la naturaleza en todo el fregado es simplemente obscena.

La definición no sólo es, según mii juicio, incorrecta sino que, en un grave error, la conciencia de la historia efectual no nos pertenece en ningún sentido, no está dispuesta para nuestro uso, entre otras cosas porque esta conciencia se edifica sobre la pertenencia a la historia y no a la inversa. Además, no es en ningún sentido una actitud, ni una suerte de "dispositivo" cognitivo que pueda ser activado ni controlado. En términos generales, la definición que aporta Rorty, además de ser rudamente humanista y devolvernos la idea de un "sujeto poseedor" que puede manejar aquello que posee con libertad, justo la idea de sujeto que Gadamer desea desterrar, es definitivamente justo lo contrario de lo que podemos interpretar en el texto gadameriano. Con todo, no creo que sea un error, simplemente: Rorty es un tosco.

29.9.11

Onfray: Los glosadores del silencio.

Si ya no se puede decir nada: ¿por qué escribes tantos tomos ininteligibles?
Responde Onfray:

¿Cómo? Haciendo lo contrario de lo que sostienen todas las tesis de Adorno, bienintencionadas, pero de consecuencias nefastas, pues, de acuerdo con ellas, el horror habría sido de tal magnitud que, después de Auschwitz, nada sería posible en el dominio del pensamiento, ni poesía, ni filosofía, ni escritura ni ninguna actividad que hiciera de esta tragedia un objeto de reflexión o un momento susceptible de superación. En efecto, en el terreno hegeliano de la Aufhebung es necesario superar el nazismo, lo que quiere decirconservarlo a la vez que se lo supera. [...].
Pero tales glosadores, en lugar de aceptar el silencio, que es la única posición coherente con la conclusión a la que han llegado, se dedican a publicar páginas y páginas oscuras para explicar hasta la saciedad que no hay nada que decir, que es imposible decir nada. Imposibilidad de trasmitir, inutilidad de las palabras, límites del lenguaje, traición de intentar, crimen de probar. De ahí que entre ellos abunde una literatura para enunciar el fin, los límites, cuando no el odio a la literatura. Elogio del papel en blanco y el silencio a fuerza de palabras y de páginas, celebración del vacío y de la nada con ayuda de largas e intermibables logorreas.

ONFRAY, M.: Política del rebelde, Barcelona, Anagrama, p. 32.

17.5.11

La era posideológica.


Interesante artículo, nuevamente por motivos ególatras, es decir, porque es mío y del cual se puede disfrutar (o sufrir) en canariasactual.com. Sin más les dejo con él:

Con cierta extrañeza se añade a las sociedades de los autodenominados países occidentales el epíteto deposideológicas. Y el término no deja de ser una suerte de subterfugio que esconde un oscuro trasfondo: la presunta posideología, que semánticamente parece aludir a una superación, quién sabe si hegeliana de los conflictos ideológicos, alude realmente a la pretensión del stablishmen político-mediático de dibujar una ciudadanía que ha aceptado, sin rechistar, una líneas políticas que son indubitables. Así, siendo las directrices claras e invariables, poco tiene que decir el ciudadano que, al fin, puede dedicarse a sus menesteres y dejar a un lado el acontecer político. Por otra parte, el término es útil, en los labios de aquellos que lo usan, para referir una sociedad, muy especialmente en lo que atañe a la juventud, despreocupada de las cuestiones políticas y, por añadidura, ideológicas. Sin embargo, lo que se esconde tras el manoseado término está bastante alejado de estas consideraciones. Las sociedades posideológicas no son otra cosa que sociedades desencantadas, no porque carezcan de ideología sino, muy al contrario, porque su ideología o, mejor, la pluralidad de ideologías de la ciudadanía resuenan como un eco al que nadie contesta.

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